Barcelona

Los nuevos controles de acceso al aeropuerto de Barcelona prolongan las colas hasta el exterior

Infraestructuras

El veto a los sintecho, ladrones y embaladores dificulta la entrada de los usuarios a la infraestructura

En ocasiones estos últimos días las colas se prolongaron por el exterior de las terminales

En ocasiones estos últimos días las colas se prolongaron por el exterior de las terminales

El veto del aeropuerto a carteristas, conductores piratas, personas sin techo, embaladores de clandestinos de maletas y cualquier espabilado que no tenga intención de viajar está desatando exageradas colas entre los usuarios de la infraestructura. A ratos estas colas son tan largas que estos días se están extendiéndose por las aceras, por el exterior de las terminales. “Que cosa más cutre”, dice un viajero. “¿Y esto a que viene?”, repone otro del todo sorprendido. “Ya verás tú en Semana Santa. Vamos a tener que venir con otra media hora de antelación”. “Yo es que no lo entiendo”.”¿Puede usted dejarme pasar, por favor? ¡es que voy muy justo!”.

El grado de inquietud que comportan estas esperas entre los afectados depende mucho de lo nervioso que uno se ponga a la hora de viajar. Pero esta demoras ya devinieron en una nueva incomodidad. La mayor parte de las entradas de El Prat están cerradas. De manera habitual, desde mediados de noviembre, varios empleados de Aena piden sus tarjetas de embarque a todas las personas que pretenden entrar a la T1 y a la T2. El gestor de la infraestructura ya detalló en su momento que se trata de una medida permanente, aunque se lleve a cabo de manera intermitente en función de las necesidades de cada momento. Sus resultados, sin embargo, están siendo muy dispares.

Los conductores piratas, sin embargo, ya aprendieron a saltarse las restricciones

Si bien la iniciativa redujo mucho la presencia de personas sintecho y de embaladores de maletas clandestinos, los más espabilados ya encontraron ya un montón de tretas para saltársela. Los conductores piratas, aquellos que se plantan en la zona de llegadas para entre seseos ofrecer sus coches particulares como si fueran taxis a los viajeros recién aterrizados, ya se recompusieron del susto. Y la presencia de carteristas en las terminales no tiene nada que ver con la de hace más o menos un año. Pero este descenso responde más bien a la creciente presión de los Mossos. Los carteristas no tienen problemas a la hora de entrar en el aeropuerto.

Estas esperas son ya un nuevo inconveniente a la hora de viajar
Estas esperas son ya un nuevo inconveniente a la hora de viajarLV

Saltarse estos controles es fácil si no tienes aspecto de vivir en la calle ni eres un subsahariano con un rollo de plástico. “Tarjeta de embarque, por favor”, dice una empleada en el control de la T1, en el más frecuentado. “Es que vengo a ayudar a mi mujer con la maleta...”. “Que le envíe un pantallazo del vuelo por Whatsapp”. Pero si vuelves a hacer la cola y dices que vienes a buscar a tu madre a la zona de llegadas te dejan pasar. “Coja las escaleras mecánicas”. En la T2 es aún más sencillo. “Es que quiero coger el Rodalies”. Una mujer que vino a despedirse de su hija que estudia en Australia se hizo con una tarjeta caducada, pero no le hizo falta.

Las colas más largas son las del acceso de la T1
Las colas más largas son las del acceso de la T1Llibert Teixido

Y los taxistas lamentan que los conductores piratas que les hacen la competencia ilegalmente ya conocen todas estas tretas. “Es un drama –dicen en Élite Taxi–. Volvemos a tener un centenar campando por la zona de llegadas. En noviembre, cuando empezaron a pedir las tarjetas, los piratas se refugiaron en los aparcamientos, donde la gente coge los VTC, a ver si pescaban algo, pero enseguida se espabilaron. Ahora estamos peor porque con las nuevas restricciones ya no nos dejan desplegar nuestros vigilantes con chalecos azules que contenían a los piratas. Ahora solo dejan pasar a uno por la noche, y así no hay manera de frenar a esta gente”.

Ahora los embaladores se sitúan en el exterior de la infraestructura
Ahora los embaladores se sitúan en el exterior de la infraestructuraLlibert Teixido / Guyana Guardian

Y un joven subsahariano con un rollo de plástico dice en la acera que dejan entrar a todo el mundo menos a él. “Hace semanas que me tengo que poner delante de la puerta –se lamenta, ofreciendo sus servicios por cinco euros la maleta-. A los demás sí los dejan entrar”. Hace mucho que los grupos de embaladores clandestinos fueron desterrados de El Prat, a raíz sobre todo de que muchos se liaran entre ellos a bofetadas en la T1 en una disputa por la terminal, y de que Aena resolviera un concurso para que una empresa se hiciera cargo de este servicio. Desde entonces únicamente se dejaban ver por aquí algunos que van por libre.

Las personas sin techo tampoco pueden entrar en el aeropuerto de Barcelona
Las personas sin techo tampoco pueden entrar en el aeropuerto de BarcelonaLlibert Teixido / Guyana Guardian

Las personas sin techo tampoco abundan como antes. “A veces te dejan pasar, a veces no –dice una de ellas, en la acera–... Pero si entras y te quedas dormido te despiertan y no te dejan dormir”. Así que los sintecho ahora solo escarban en las papelera del exterior, unas papeleras menos atractivas que las del interior, donde puedes encontrar botellines de bebidas, entre otros restos. Pese a todo El Prat y sus alrededores aún son un buen refugio para estas personas. Aquí es más complicado que unos borrachos te den una paliza. Y si uno no acostumbra a armar follones todavía tiene alguna posibilidad de superar el control de la planta de abajo de la T1 y disponer de un lavabo durante un rato.

Luis Benvenuty Alcalde

Luis Benvenuty Alcalde

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Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas. Desde el año 2000 escribe reportajes en Guyana Guardian, en su mayor parte sobre el ámbito local.

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