Barcelona

¿Próxima parada? ¡Cardíaca!

Opinión

De nuevo, arrecia la polémica en torno al servicio ferroviario en España y en especial ante el enésimo colapso del sistema de Rodalies. Cuarenta y cinco fallecidos en Aramuz, muerte de un maquinista en el descarrilamiento de un tren en Gelida y la concatenación de torpezas informativas y de coordinación inevitablemente han reavivado las críticas a un modo de transporte que, pese a todo, resulta esencial para la sociedad y para nuestra economía. Recuerden que solo en Catalunya cada día más de 400.000 personas intentan subirse al tren. Por todo ello, como era de esperar, además de explicaciones, los partidos que no forman parte del Gobierno se han apresurado a exigir las dimisiones del ministro Oscar Puente y de la consellera Sílvia Paneque.

Situación del servicio de Rodalies en Mataró
Situación del servicio de Rodalies en MataróAndreu Esteban

Sinceramente, no creo que a la luz de los acontecimientos ni el ministro ni la consellera deban dimitir. Ni son sospechosos de haber cometido ningún delito, ni han mentido a la opinión pública ni, de momento, han perdido la confianza de los presidentes que les ha nombrado, quienes, gesticulaciones parlamentarias aparte, siguen disfrutando de los apoyos políticos –y empresariales y sindicales– suficientes para seguir gobernando. Por si todo eso fuera poco, resulta que, además, por primera vez en mucho tiempo los gobiernos de España y de Catalunya disponen de una planificación ferroviaria a medio y largo plazo, validada en sede parlamentaria; desde 2020 han aprobado inversiones por valor de más de 6.300 millones de euros para Catalunya y, dato insólito, desde entonces han conseguido unos niveles de ejecución de las obras por encima del 40%. También se han contratado un centenar de nuevos trenes y, ayer mismo, se suplementó el presupuesto con más de 1.800 millones. Yo que fui un conseller dialogante, negociador e incluso famoso por mis acuerdos con Ana Pastor y Rafael Catalá, ni en mis mejores sueños hubiera podido imaginar la consecución de estos logros. Si no me creen rescaten el famoso acuerdo de poco más de 280 millones para actuaciones “urgentes”, que incluso según los auditores más afines nunca llegó ni al 18% de su ejecución.

El talón de Aquiles de Rodalies es la confusión entre quien planifica y quien gestiona el servicio

Si todo eso es cierto, broncas y oportunismos políticos al margen, debemos preguntarnos ¿qué está fallando? Más allá del desastre que hemos heredado relacionado con la falta de inversiones y los incumplimientos, al margen de la discriminación crónica del sistema de Rodalies en beneficio de la alta velocidad; de la extensión de la red ferroviaria con criterios políticos más que económicos o del tan típicamente español enredo competencial, ¿qué es lo que periódicamente desencadena crisis ferroviarias en Catalunya?

En mi opinión el verdadero talón de Aquiles del sistema ferroviario de Rodalies es la crónica confusión entre quien debe planificar y controlar, que es el Gobierno, y quien gestiona el servicio, ya sea la infraestructura o los trenes que circulan sobre ella. Adviértase que, más allá de pagar nuestros impuestos religiosamente, ante la última crisis ferroviaria o las que seguro vendrán, los ciudadanos – e incluso algunos de nuestros políticos– apenas saben a quién exigir explicaciones. En este sentido, la mala noticia es que probablemente la nueva empresa mixta constituida hace pocas semanas, Rodalies de Catalunya, más allá de mejorar la coordinación y la bochornosa incompetencia comunicativa habitual, seguirá prisionera de esta confusión conceptual, de la que se desprenden las continuas contradicciones entre autoridades y las reiteradas faltas de empatía de Adif, Renfe y los operadores existentes (o futuribles) hacia sus clientes. Porque nunca nadie ha rendido cuentas con rigor ¡a sí… mismo!

Y todavía un último apunte: ojo con la tentación tan nuestra de politizar excesivamente las dificultades en el servicio ferroviario, una prestación pública tan esencial como la sanidad o la educación. Porque el fallo de un tren en Madrid es un problema de gestión; en Catalunya, un cataclismo político que justifica la independencia. Me temo que persistir en este tipo de relatos no hará más que agravar la falta de vocaciones de maquinistas y de exponerles, aún más, a la manipulación política de la extrema derecha, siempre partidaria del cuanto peor… mejor.

Etiquetas