Puntas de bufalaga

OPINIÓN

Mi hermano Quim me manda un mail emocionado porque en el libro Palabra de calle. El léxico de Jumilla , editado por la Real Academia Alfonso X el Sabio, he encontrado diversas palabras que decía nuestro padre. Jumilla (en catalán Jumella) es una localidad de la comarca del Carxe, a 54 quilómetros de Murcia y a 59 de Elche. Las palabras son amoto (prótesis de moto (motocicleta). “Pos no s’ha mercao mi Jose Luis una amoto”.) Y atontolinao (simple, lelo, que está como en un estado ausente. “Desde que viste a la Bartola estás como atontolinao”). Que nos haya acabado haciendo gracia lo que de pequeños tanto nos molestaba...: “ven pacá que pareces atontolinao”. Julián Guillamón Puerto era de Toga, en la comarca del Alt Millars, que queda muy lejos de Jumilla. Amoto y atontolinao debían tener una distribución mucho mayor que la comarca del Carxe. O tal vez, en un momento en el que a Barcelona llegaban muchos murcianos y mi padre era un crío, se puso de moda: “¡atontolinao!” O igual en uno de los talleres donde trabajó había un murciano que lo decía. Vete a saber.

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A raíz de esta charla sobre el léxico de Jumilla he recordado otra expresión de mi padre que tiene que ver con las historias naturales. Si no queríamos comer lo que mi madre nos ponía en el plato o cuando teníamos la fantasía de dedicarnos a un oficio que no daba dinero, mi padre nos decía: “comerás puntas de bufalaga”. Era una frase cómica, un poco despectiva. La verdad: nunca me preocupé de saber qué era la famosa bufalaga. Me imaginaba una planta áspera, vestigio de la vida de secano, de la maleza que rodeaba el pueblo donde mi padre pasó los años de la guerra, huyendo de los bombardeos de Barcelona. Cuando las tías le debían poner la comida en el plato o él presumía de que iba a ser torero, le daban un capón y decían: “comerás puntas de bufalaga”. Pasados los años, el hombre nos lo soltaba a nosotros.

Joan Coromines identifica la bufalaga como la ‘Daucus carota’, la zanahoria silvestre

En el Diccionari Etimològic de la Llengua Catalana , Joan Coromines identifica la bufalaga como la Daucus carota , la zanahoria silvestre. En una de sus expediciones lingüísticas, en 1961, le enseñaron bufalagas en el Maestrazgo y en los Ports de Morella. Por proximidad geográfica parecen las bufalagas de mi padre, más que la boalaga, también llamada bufalaga hirsuta. Cada vez que yo describía las flores de la zanahoria silvestre, utilizaba el nombre ortopédico de zanahoria silvestre y resulta que era la bufalaga que mi padre pretendía hacerme comer metafóricamente cuando era chico. En otra expedición lingüística, de los años treinta, los habitantes de Ascó, Maials, Torrebesses, El Cogul y Albagés contaron a Joan Coromines que la bufalaga es una purga potente. De manera que cuando la gente se decían unos a otros que comieran puntas de bufalaga se estaban mandando discretamente a cagar (con perdón). Qué cosas.

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