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Ramón Pascual, meteorólogo de la AEMET: “El ámbito mediterráneo, incluyendo a toda España, es un punto crítico del cambio climático”

La situación actual

El delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología en Cataluña ha analizado la situación climática actual

Ramón Pascual nos aclara algunas de las cuestiones más comentadas del clima que vivimos

Ramón Pascual nos aclara algunas de las cuestiones más comentadas del clima que vivimos

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En apenas unas semanas, el debate sobre el tiempo se ha intensificado de manera exponencial entre la población. A principios de diciembre, la AEMET avanzó que este invierno sería más cálido de lo habitual. Días después, sin embargo, el organismo anunciaba que la primera semana de Navidad sería la más fría desde 2010, y los primeros compases de 2026 han llegado con una bajada generalizada de las temperaturas. El resultado, para muchos, ha sido desconcertante. ¿Cómo encajan estos dos escenarios aparentemente opuestos? ¿Se han equivocado las previsiones o estamos interpretando mal el mensaje?

Para aclarar esta sensación de contradicción, hemos hablado con Ramón Pascual Berghaenel, meteorólogo del Cuerpo Superior de Meteorólogos del Estado, físico y delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología en Cataluña (AEMET). Pascual recuerda que “lo que se hizo fue una predicción estacional” y subraya que “las predicciones van por grupos de tres meses y no desagregamos mes a mes”. Así, “cuando decimos que el trimestre diciembre, enero y febrero será más cálido de lo normal, que es lo que está publicado y lo que hemos dicho, no implica que los tres meses por separado sean más cálidos de lo normal”, explica.

A modo de ejemplo, señala que “podríamos tener un enero y febrero más cálidos y un diciembre más frío y, aun así, que el conjunto de los tres meses saliera igualmente cálido”. En esta línea, insiste en que “si no desagregamos en meses, todavía menos desagregamos por semanas”, de modo que hasta que no termina un mes completo no se pueden realizar los cálculos adecuados ni hacer valoraciones específicas. “Podríamos llevarnos una sorpresa y ver que, a pesar de haber tenido una semana fría, el mes haya salido normal o, incluso, cálido. Habrá que ver los datos. No basta una semana fría para que el conjunto de un mes, y todavía menos de un trimestre, sea frío”, afirma.

En cuanto a los últimos episodios climáticos, Pascual apunta que “es cierto que la primera semana de Navidad fue muy lluviosa y nevada”, pero matiza que “los días de mucha lluvia o nieve no tienen por qué ser especialmente fríos”. Hubo jornadas con temperaturas por debajo de lo habitual, pero otras “fueron lluviosas porque tenemos temperaturas cada vez más suaves de lo que corresponde a la época y, por tanto, comportamientos más parecidos al otoño que al invierno”.

Como se mide el tiempo

Determinar si un trimestre es más cálido o más frío no es una cuestión subjetiva. “Para valorar una anomalía térmica lo que tenemos en cuenta es la temperatura media mensual, que se calcula a partir de la temperatura media diaria. Hay distintos métodos. Si se escoge la máxima y la mínima del día, el valor medio será la media de ese día”, explica el meteorólogo.

Estos datos siempre se comparan con un periodo muy concreto. “Siempre es en referencia a un periodo climático de 30 años, que es el último que se toma. Ahora el que tenemos en vigor es de 1991 a 2020. A veces se presentan estudios diciendo ‘los últimos 100 años’ o ‘los últimos 80 años’, pero, en general, lo que se hace es comparar con un periodo de 30 años”, continúa explicando. No obstante, advierte de un factor que afecta a estas comparaciones: “Lo que ocurre es que las temperaturas medias de estos periodos de referencia también están aumentando progresivamente”, unos datos que influyen en cómo medimos el tiempo actual.

Inviernos más suaves, veranos más extremos

Este aumento sostenido de las temperaturas hace que, según Pascual, cada vez sea más común tener inviernos cálidos. “Es poco probable que dentro de unos años volvamos a tener inviernos como los que teníamos hace 10 años. Las olas de frío están escaseando mucho, lo que no quiere decir que no puedan producirse, pero son menos frecuentes, duraderas e intensas”, comenta. “Por el contrario, tenemos inviernos con algunas características del otoño, sobre todo este diciembre, o adelantos de la primavera”, añade antes de subrayar que “hay subidas y bajadas, pero la línea principal es ascendente en cuanto a temperaturas”.

Un fenómeno que no se aplica de la misma manera a los veranos. Aunque nuestros inviernos serán cada vez más cálidos, “los veranos serán cada vez más calurosos, lo que no significa que el de 2026 tenga que ser proporcionalmente más cálido que el de 2025. Podría ser menos caluroso, pero estamos viendo claramente que los veranos y otoños más calurosos se concentran en los últimos 10 años, por lo que la tendencia es clara”, manifiesta.

¿Por qué hay confusión entre la población?

A pesar de la explicación científica, la percepción social es a menudo de contradicción. Pascual lo atribuye, en parte, al ritmo de vida actual. “No soy psicólogo ni sociólogo, pero sí creo que vivimos en un tiempo de inmediatez y todo lo que vemos, queremos la conclusión ya”, expresa. Y pone un ejemplo claro: “Ya no hace falta ni la escala del mes, de la estación o de la semana; si decimos que mañana lloverá y a las 10:00h de la mañana hace un sol espléndido, dicen: ‘Es que dijeron que iba a llover y no está lloviendo’. Pero quizá empieza a llover tres horas más tarde y se pasa el resto del día lloviendo, pero la primera conclusión ya la has sacado”.

Creo que vivimos en un tiempo de inmediatez y todo lo que vemos, queremos la conclusión ya

Ramón reflexiona sobre la confusión de la población

Es por eso que está convencido de que “vivimos en un tiempo en el que nos gusta sacar conclusiones a todos los niveles con demasiada rapidez”. En este escenario, el meteorólogo apela a la confianza en la experiencia y el conocimiento. “Yo diría, no solo en el campo de la meteorología sino en general, que creer en el conocimiento científico y en la cultura en general es un valor que deberíamos mantener todos y no caer en conclusiones rápidas y provisionales que generan ruido. Trabajar con fuentes de información creíbles y aplicar criterios de selección sobre lo que escuchamos y vemos. Las redes sociales están muy bien porque las usamos todos, también en meteorología, pero tienen esa particularidad de la rapidez. Y eso no es bueno para según qué cosas”, afirma.

El papel del cambio climático

Todo este contexto no puede desligarse del cambio climático. “Las proyecciones climáticas son claras: la temperatura del planeta seguirá aumentando. Lo hará a un ritmo u otro, dependiendo de los escenarios socioeconómicos que se contemplen: escenarios en los que se actúe más para mitigar el cambio climático y reducir los procesos del efecto invernadero, u otros en los que se actúe menos o no se haga nada”, comenta. Según las decisiones que se tomen, “el aumento será más moderado o más acusado”. En cuanto a Cataluña y la península ibérica, Pascual se muestra muy claro: “En el ámbito mediterráneo, incluyendo aquí a toda España y no solo la costa, es un punto crítico, una zona cero, un hotspot del cambio climático”, señala.

En este marco, añade que “una de las posibles consecuencias del cambio climático es el aumento de los fenómenos extremos por la modificación de la dinámica atmosférica y por otras circunstancias algo más complejas, lo que haría que, dentro de esta tendencia general, nada impidiera que de manera extraordinaria y excepcional se produjeran fenómenos extremos como la borrasca Gloria de enero de 2020, Filomena posteriormente o la DANA de Valencia el pasado octubre. No son cuestiones que se contradigan, sino todo lo contrario”, relata.

Precisamente este amplio abanico de posibilidades es lo que hace tan peligrosa la situación actual. “Uno de los riesgos del cambio climático es que, a veces, no sabemos en qué se traducirá exactamente y parece que el aumento de los fenómenos extremos es una de las posibles consecuencias”, afirma. De este modo, quizá el reto no sea tanto predecir el tiempo como aprender a interpretarlo y asumir que, en un escenario de cambio climático, las aparentes contradicciones forman parte, en realidad, del nuevo relato atmosférico.

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