Alberto Ortegón, doctor en Ciencias del Ejercicio: “Si mides tu fuerza de agarre con las manos, sabrías más sobre tu salud que midiéndote la tensión arterial”
Fuerza de agarre
Una prueba sencilla que refleja la capacidad del cuerpo para enfrentar enfermedades y recuperarse

Alberto Ortegón, doctor en Ciencias del Ejercicio

Existe una forma sencillade conocer el estado de nuestra salud: medir la fuerza de agarre. Según explica Alberto Ortegón, doctor en Ciencias del Ejercicio, en Guyana Guardian, esta prueba puede aportar más información valiosa que muchos chequeos médicos tradicionales. La fuerza muscular, especialmente la de las manos, podría ser uno de los indicadores más potentes de longevidad y riesgo de enfermedad.
Un estudio publicado en The Lancet, basado en datos de más de 139.000 personas de 17 países, reveló que una simple medición de la fuerza de agarre puede predecir con mayor precisión el riesgo de mortalidad que muchos parámetros tradicionales. De hecho, según el análisis, por cada reducción de 5 kg en la fuerza de agarre, el riesgo de muerte por cualquier causa aumentaba un 16%.

Durante años, factores como la presión arterial, el índice de masa corporal (IMC) o los niveles de colesterol han sido pilares en la evaluación de riesgos para la salud. Sin embargo, en la actualidad están cobrando relevancia marcadores más simples y, al mismo tiempo, más predictivos, como la fuerza muscular.
La fuerza muscular como clave para evaluar la salud
A diferencia de la masa muscular, la fuerza no solo indica cuántos músculos tiene una persona, sino cómo funcionan. Refleja el estado fisiológico general del organismo. Cuanta más fuerza tengamos, mayor será la capacidad de nuestro cuerpo para afrontar situaciones de estrés, infecciones, intervenciones quirúrgicas o largas hospitalizaciones.
Las personas con menor fuerza presentan lo que los expertos denominan una “menor reserva fisiológica”. Es decir, su cuerpo cuenta con menos recursos para adaptarse y recuperarse frente a problemas clínicos potencialmente graves.
Esta debilidad muscular podría ser también un signo de envejecimiento biológico acelerado. Eso está relacionado con fenómenos como la inflamación crónica, el deterioro celular o la disfunción orgánica, incluso en individuos que, por edad cronológica, no parecerían tan mayores.
Otro dato relevante del estudio es que aquellos participantes con menor fuerza al inicio del seguimiento presentaron peores tasas de supervivencia tras enfermedades graves como infartos, ictus, neumonía o cáncer. No solo eran más propensos a enfermar, sino que también tenían menos probabilidades de recuperarse.

Aunque el estudio es de tipo observacional, es decir, no establece una relación causa-efecto directa, sí abre la puerta a una nueva manera de entender la prevención y el diagnóstico precoz. La fuerza muscular podría considerarse un nuevo “signo vital” en las revisiones médicas.
Y no se trata solo de medirla, sino de entrenarla. Porque además de los beneficios estéticos, desarrollar fuerza es una estrategia segura, eficaz y con un enorme potencial preventivo y terapéutico.