John Delony, experto de desarrollo personal: “Lo curioso de nuestra voz interna es que casi siempre comienza siendo la de otros, hasta que la hacemos nuestra”
Salud mental
El popular coach habla de cómo las creencias limitantes pueden distorsionar nuestra voz interior y qué hacer para un diálogo interior más sano
John Delony, experto en salud mental y finanzas: “Lo peor que pueden hacer los padres por un hijo es no darle educación financiera y no crear problemas cuando va todo bien”

John Delony: “La mayoría de personas viven y se levanta cada día con estas creencias limitantes. Es un suplicio”.

No cuesta identificarla, porque todos la escuchamos en uno u otro momento: nuestra voz interior, ese diálogo mental constante que acompaña nuestros pensamientos y reflexiones. Esa conversación interna, en la que puede haber palabras e incluso imágenes, que nos juzga, nos evalúa y que dirige muchas de nuestras decisiones del día a día.
Es parte fundamental de nuestra mente, pero no siempre es del todo nuestra. Desde que somos niños, absorbemos las palabras, actitudes y creencias de nuestros padres o figuras de referencia, quienes moldean la forma en que percibimos el mundo y nuestro propio valor. Cuando un niño crece escuchando críticas constantes, comparaciones o mensajes de miedo, esas ideas se instalan en su mente y, con el tiempo, se convierten en una voz interna que repite los mismos patrones, incluso cuando los padres ya no están presentes físicamente.

Con uno de estos casos se encontró el conocido coach estadounidense John Delony en su podcast, quien recurrió al experto en desarrollo personal para poder solucionar sus problemas de ansia por la comida, por culpa de la alimentación emocional; además de su constante autocrítica negativa.
Edward, que así se llamaba el oyente, quería sentirse en paz y cómodo con su cuerpo, tras años de intentarlo por sí mismo sin éxito. Pero también con ayuda, pues el hombre reconoció que se había sometido a una cirugía de pérdida de peso, con la que tampoco había conseguido nada. Años y años de inseguridades y críticas por parte de una voz interior que no había dejado de machacarle su confianza y autoestima, pero que Edward, aún así, intentó “dulcificar” de alguna manera ante Delony.,

No obstante, el experto le descubrió enseguida. “Me acabas de dar la versión Disney de todo esto, ¿verdad?”, le preguntó Delony. “Algo así”, admitía Edward. Era entonces cuando Delony le hacía la pregunta más determinante: “¿De quién era esa voz originalmente?”. Edward, suspirando, admitió que había “cosas de su infancia”.
“Casi siempre, la voz en nuestra cabeza comienza como la voz de otra persona, hasta que la hacemos nuestra”, sentencia Delony. Edward reconocía entonces que su voz interior era el resultado de “tres voces diferentes”: la de su padre, que le decía que “no era lo suficientemente bueno”, su madre, obsesionada con su peso; y la de su comunidad, siempre ejerciendo presión social. “Todo era presión, nunca lo hacía bien”, asegura.

Unas confesiones que emocionaron al propio Delony, que hablaba de cómo miles de personas tenían que vivir y levantarse cada mañana con unas creencias transmitidas que suelen tener su origen en las propias inseguridades, miedos o traumas no resueltos de los padres. Con el tiempo, esa idea se transforma en una voz interna crítica que pasará a sus descendientes sin remedio, si no lo solucionan a tiempo y se dan cuenta que esa voz heredada no es su propio pensamiento.
Delony: “El modo en el que lidias con el estrés no funciona. Cambia y empieza de nuevo. Trabaja en ese lado emocional”
Reconocer que muchas de esas creencias no nos pertenecen es el primer paso para liberarnos de ellas. Al identificar qué mensajes son realmente nuestros y cuáles fueron impuestos por el entorno familiar, podemos comenzar un proceso de reconstrucción interna, permitiendo desarrollar una voz más compasiva que nos guíe desde el amor propio y no desde el miedo o la culpa.
Hay que recordar que este proceso también implica perdonar a quienes nos transmitieron todas esas limitaciones. Debemos perdonarnos a nosotros mismos por haberlas cargado tanto tiempo, pero también comprender que ellos actuaron desde lo que sabían y podían hacer en su momento.