Sylvie Pérez, psicopedagoga, sobre el duelo digital: “Aceptar que ese dolor existe es el primer paso”
Ausencia
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Sylvie Pérez, psicopedagoga, sobre el duelo digital: “Aceptar que ese dolor existe es el primer paso”
Las redes sociales lo han cambiado prácticamente todo. La forma de informarnos, de relacionarnos y, también, de vincularnos emocionalmente con otras personas. Han llegado a un punto en el que, en muchas ocasiones, se confunden con la realidad misma. Interactuar con alguien a través de una pantalla puede generar la sensación de cercanía, incluso de amistad, aunque nunca se haya producido un encuentro cara a cara ni una conversación fuera del entorno digital.
Y, sin embargo, ese vínculo puede llegar a ser más fuerte que otros considerados “reales”. Porque se construye desde la rutina: desde el saludo diario en una historia, el comentario habitual, la voz que acompaña cada mañana o cada noche desde un vídeo. Por eso, cuando esa persona deja de subir contenido y desaparece de forma intrigante o inesperada, algo se rompe. Es entonces cuando aparece lo que hoy empieza a conocerse como duelo digital.
Un fenómeno que empieza a nombrarse
El duelo digital
El duelo digital no es un mito ni una exageración vinculada al uso intensivo de las redes sociales. Se trata de un fenómeno que empieza a ser reconocido y analizado por medios de comunicación, estudios académicos y profesionales de la psicología, a medida que se observa un patrón común de malestar emocional asociado a determinadas ausencias en el entorno digital.

Este reconocimiento responde a una realidad cada vez más evidente: muchas relaciones, y las expectativas que se construyen en torno a ellas, se desarrollan y se mantienen a través de plataformas digitales. Cuando esa continuidad se rompe de forma abrupta, el impacto emocional puede ser significativo.
Esto no significa que toda ausencia en redes sociales deba interpretarse como un duelo. Pero sí implica aceptar que, en determinados casos, la desaparición de una presencia digital puede provocar sentimientos reales de pérdida, incertidumbre y malestar emocional, y que esos sentimientos merecen ser tomados en serio, tanto a nivel individual como social.
La mirada profesional
“Que sea digital no quiere decir que duela menos”
Sobre este fenómeno reflexionó Sylvie Pérez, psicopedagoga de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en una intervención televisiva en Telecinco. Su experiencia profesional, ligada al desarrollo infantil, la vulnerabilidad emocional y los entornos educativos diversos, le permite observar con claridad cómo las relaciones digitales influyen en el bienestar emocional, especialmente entre jóvenes.
Según Pérez, cuando una persona a la que se sigue de manera habitual desaparece de las redes, “esto puede llegar a generar una sensación de angustia y ansiedad, como de cierto desasosiego”. A esa reacción emocional se suman preguntas difíciles de responder: qué habrá sido de esa persona, si estará bien, por qué ha dejado de aparecer. Y resume una idea fundamental para entender este fenómeno: “Que sea digital no quiere decir que duela menos”.

Reconocer el dolor
“Aceptar que ese dolor existe es el primer paso”
Sylvie Pérez insiste en que el primer paso para afrontar este tipo de experiencias es reconocer el impacto emocional que provocan. “Lo primero que se debe hacer es aceptar que ese dolor existe realmente en ti. Se rompe la costumbre y aflora la dependencia emocional”, explica. La pérdida no se limita a la persona que deja de aparecer, también alcanza a la información compartida, a los pequeños rituales digitales y a una rutina que formaba parte del día a día.
Además, en el entorno digital suele faltar una vía alternativa de contacto. “No tenemos otra manera de saber si está bien o qué ha pasado, y esa ausencia nos deja en la duda”, explica Pérez. Por eso, añade, en muchos casos sí se puede hablar de un duelo digital, con numerosas similitudes con un duelo tradicional.
Para quienes ya se encuentran inmersos en este tipo de duelo, Pérez recomienda pequeños rituales de cierre. “En caso de un bloqueo, por ejemplo, puede ayudar marcar un día como final, borrar conversaciones o escribir un mensaje de despedida aunque no se envíe. Lo importante es marcar un cierre”, sugiere.
En definitiva, como decimos, la desaparición en redes sociales no siempre implica una pérdida, pero en algunos casos deja una huella emocional difícil de ignorar. Cuando el vínculo era constante y significativo, el silencio digital puede generar desconcierto, tristeza y vacío. Nombrar el duelo digital sirve para reconocer que las formas de relacionarnos han cambiado y que, con ellas, también lo hace la manera de sentir la ausencia, incluso al otro lado de una pantalla.

