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Pepe Collins, exjugador de baloncesto: “Con 18 años conseguimos subir a Primera División; fue algo excepcional, se consideró récord Guinness”

Mentalidad deportiva

La frustración o el miedo son aspectos que están estrictamente ligados al deporte. Pepe Collins, exjugador de baloncesto y experto en mentalidad deportiva, tiene claro cuáles son las bases para que rendirse nunca sea una opción

Pepe Collins, exjugador de baloncesto y experto en mentalidad deportiva

Pepe Collins, exjugador de baloncesto y experto en mentalidad deportiva

Cedida

Pepe Collins lleva más de cuatro décadas explorando una idea que hoy empieza a abrirse paso con fuerza en el deporte: el rendimiento no se decide solo en el cuerpo, sino también en la mente. 

Exjugador profesional de baloncesto en la Liga ACB durante los años ochenta, Collins ha construido una trayectoria singular que une alta competición, docencia y meditación como herramientas de desarrollo personal y profesional. Tras años en equipos como el Espanyol o el Obradoiro, y una larga experiencia en formación deportiva, se ha especializado en integrar la gestión emocional y las técnicas de atención plena en el entrenamiento, tanto en el ámbito deportivo como en el empresarial. En esta conversación con Guyana Guardian, reflexiona sobre por qué, cuando el nivel físico se iguala, la verdadera diferencia está en la cabeza.

En el baloncesto

Mentalidad deportiva

Con 18 años viviste una situación muy especial en La Salle Bonanova ¿Qué ocurrió exactamente?

Se produjo algo casi milagroso. Con 18 años, siendo la mayoría del equipo juniors y amateurs, el colegio consiguió subir a Primera División. Fue algo muy excepcional, hasta el punto de considerarse récord Guinness.

No cobramos, los entrenamientos eran voluntarios y muchas veces al mediodía comíamos un bocadillo antes de volver a entrenar. Fue una etapa muy bonita y muy marcada por los valores y la filosofía del club: esfuerzo, compromiso, cohesión y una manera muy avanzada de entender el baloncesto.

Pepe Collins
Pepe CollinsCedida

¿Y a nivel profesional, en qué equipos jugaste?

Estuve cinco años en el Espanyol, en el Grupo IFA Espanyol. Después pasé por el TDK Manresa y, en los últimos años, ya combinaba el baloncesto con el trabajo en escuelas deportivas. Estuve en Moncada y también fuera de Barcelona, en Santiago.

¿Cómo fue el paso de jugador a entrenador y formador?

Cuando empiezas a entrenar te das cuenta de muchas cosas que tú mismo hacías como jugador: tus condicionantes, tus debilidades y tus fortalezas. En nuestro colegio ya éramos muy pioneros en algo que ahora está muy extendido: entrenar jugando desde edades muy tempranas, con una estructura muy sólida.

Los entrenadores acababan siendo referentes, casi ídolos, y eso marcaba mucho. A nivel técnico y táctico era un baloncesto muy trabajado, pero los valores eran igual o más importantes: el esfuerzo, el compañerismo, la cohesión y entender que ganar no lo era todo.

¿Cuándo empieza tu interés por el entrenamiento mental?

En los últimos años me empecé a enfocar mucho en el entrenamiento mental. Había una pregunta que me rondaba constantemente: ¿por qué jugadores menos dotados técnica y físicamente rinden mejor en partidos que otros con más talento?

Todo mi trabajo actual parte de esa pregunta y de mi experiencia como jugador y entrenador. En La Salle, además, al ser un colegio religioso, los valores tenían un peso enorme, y eso también influyó mucho.

Pepe Collins
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¿Qué factores mentales detectas que más afectan al rendimiento?

Hay varios condicionantes claros: la dispersión, no tener un objetivo claro, el estrés negativo, las desconexiones en momentos importantes, la desmotivación y el miedo a fallar.

Yo no hablo de rendir “al máximo” como algo absoluto, sino de rendir de forma óptima: jugar como entrenas, con la misma actitud, con tranquilidad. Siempre les digo a los chavales que jueguen como si estuvieran en el sofá de su casa.

¿Qué papel tiene el estrés en todo esto?

Hay estrés positivo y estrés negativo. El positivo te da energía y te ayuda a superarte. El negativo es el que te bloquea. Este último va cada vez a más, y por eso vemos tantos problemas de salud mental en el deporte, tanto en la élite como en categorías formativas.

Vemos jugadores jóvenes retirarse, otros que necesitan parar. No es casualidad.

La psicología aplicada al deporte no es señal de debilidad. Al contrario: es prevención, es rendimiento y es autoconocimiento

Pepe Collins, exjugador de baloncesto

¿Cómo entras en prácticas como la meditación o el yoga?

En mis últimos años como jugador empecé a hacer yoga y vi claramente los beneficios que tenía la meditación aplicada al juego. Yo lo llamo meditación dinámica: no es sentarte quieto, sino estar presente mientras haces una actividad.

También estudié otras disciplinas, como la danza, para entender mejor el cuerpo, la atención y la presencia. Cuando entrenas a otros, te das cuenta de qué condicionantes hacen que una persona no rinda de forma óptima.

¿Colaboras con profesionales de la psicología deportiva?

Sí, tengo muchos amigos terapeutas y he colaborado con psicólogos deportivos como Àlex Gordillo, que ha trabajado en categorías inferiores del Barça y con deportistas de alto nivel. Es una persona muy formada.

La psicología aplicada al deporte no es señal de debilidad. Al contrario: es prevención, es rendimiento y es autoconocimiento.

Pepe Collins
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Hoy se habla mucho de meditación en el deporte de élite. ¿Lo ves consolidado?

Cada vez más. Estuve en unas jornadas del Comité Olímpico centradas en entrenamiento mental y participaron deportistas como Jennifer Pareja, Marta Pérez o Ruth Beitia.

Se habló de mindfulness, de meditación vipassana, es decir, observar lo que hay tal como es, y de cómo estas prácticas ya se están introduciendo incluso en colegios.

Ruth Beitia explicaba cómo gestionaba la presión, cómo dejó las redes sociales y cómo incluso hablaba con el listón antes de saltar. Es una gestión emocional muy consciente.

¿Cuánto pesa el talento frente a la mentalidad?

El talento importa, pero cuando el nivel físico y técnico se iguala la diferencia está en la cabeza. En la gestión emocional, en la concentración y en la interpretación del juego.

Hoy todos botan bien, todos tiran de tres. Antes los roles eran mucho más rígidos. Ahora el “coco” es lo que marca la diferencia.

¿Cómo se asumen los límites físicos sin vivirlo como un fracaso?

Hay que distinguir entre creencias y realidades. No es lo mismo pensar “no soy suficiente” que aceptar un límite real. Si no tienes altura para una posición, debes adaptar tu rol, no hundirte.

No es limitarte, es ajustar expectativas. La meditación ayuda mucho a entender qué hay ahora, hasta dónde puedes llegar y qué te lo impide.

¿Cómo se entrena la tolerancia a la frustración y la derrota?

La clave es el miedo a la frustración. Te frustras, pero puedes hundirte o convertirlo en un desafío para superarte. El deporte es un laboratorio perfecto para esto porque tiene reglas claras, árbitros y adversarios.

No hay fórmulas mágicas. No basta con “pensar en positivo”. Es un proceso, como se ve claramente en deportes como el tenis.

¿Qué papel tiene el entrenador en todo este proceso mental?

Es clave. Sobre todo en jóvenes, el entrenador tiene una enorme responsabilidad en transmitir motivación y no cargar al jugador con frustraciones propias. Los entrenamientos a gritos ya no funcionan.

La exigencia debe adaptarse a la edad. Cuanto más joven, más mano izquierda hace falta. La gestión emocional es algo que muchos entrenadores antes no tenían en cuenta.

Hay que individualizar: no todos los jugadores reaccionan igual. A uno le dices algo y se hunde; a otro le sirve para crecer

Pepe Collins, exjugador de baloncesto

Hoy se habla mucho del entrenador como gestor emocional. ¿Lo ves así?

Totalmente. Incluso en equipos profesionales se dice que un entrenador es “muy buen psicólogo”, aunque no lo sea de formación. El impacto que tiene en la respuesta mental de los jugadores es enorme.

Además, hay que individualizar: no todos los jugadores reaccionan igual. A uno le dices algo y se hunde; a otro le sirve para crecer.

¿Por qué el entrenamiento mental es ahora tan determinante?

Porque el físico y la técnica se han optimizado muchísimo gracias a la tecnología. Hoy la diferencia está en la cabeza. Por eso vemos equipos amateurs eliminar a profesionales.

La gestión emocional, la concentración y evitar desconexiones en momentos clave es lo que marca la diferencia.

¿Cómo deben relacionarse los jugadores con las redes sociales?

Con mucho cuidado. Aportan presión extra, sobre todo en la élite. Muchos deportistas deciden alejarse de ellas para protegerse emocionalmente, y me parece totalmente válido.

Es como en el mundo del arte o el teatro: la exposición constante y la crítica pasan factura.

Para terminar, ¿qué le dirías a alguien que se esfuerza mucho pero se siente estancado?

Depende mucho de la edad y del contexto, pero yo diría que vuelva a los orígenes: recordar por qué empezó, recuperar el disfrute y hablar con el entrenador.

Disfrutar no es reírse sin más, es conectar con los valores del deporte: superación, cohesión y crecimiento personal. La motivación cambia con la edad, igual que el estrés, y todo se puede compensar con el enfoque adecuado.

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