La especialista Núria Urbano sostiene que no resulta
Crianza
De acuerdo con la especialista, hay indicios evidentes que tendrían que poner en aviso a los progenitores respecto al equilibrio afectivo de sus hijos.

Núria Urbano atendiendo a una de sus pacientes en su consulta

Criar a un vástago puede sentirse como caminar por una cuerda tensa. Cada elección diaria tiene su carga, y frecuentemente nos cuestionamos si estamos actuando bien. Uno de los deseos más habituales es no repetir los errores de nuestros propios padres, pero esa exigencia puede hacernos sentir exhaustos o dubitativos. Es normal experimentar miedo, frustración o culpa y comprender que nadie posee todas las soluciones. Lo fundamental es estar presentes, aprender cada día y recordar que cometer errores también es parte de la maternidad o paternidad.
Nuria Urbano es una psicóloga con una extensa experiencia brindando apoyo a familias, adultos, adolescentes y niños. En un diálogo con Guyana Guardian, ha reflexionado sobre las principales inquietudes de los padres y jóvenes que acuden a su consultorio: “Lo que más surge es el temor a no estar haciendo las cosas bien, a no saber cómo guiar o a que nuestros hijos no encuentren un espacio seguro en un mundo que ven cada vez más exigente.”

Gran parte de la juventud nota a sus progenitores agobiados y prefiere ocultar su sufrimiento para evitar ser un peso afectivo adicional.
¿Qué indicios deberían hacer que padres y madres se preocupen por la posibilidad de que su hijo o hija requiera apoyo emocional?
Más que prestar atención a una señal solitaria, resulta fundamental notar las variaciones constantes en el esquema de comportamiento regular:
- Soledad continua: no se limita a buscar privacidad, sino que implica un alejamiento de la sociedad y el desinterés por tareas que antes le resultaban placenteras (anhedonia).
- Fuerte irritabilidad o ataques de cólera: en los jóvenes, el sufrimiento psicológico y la depresión no se manifiestan siempre mediante la pena, sino como un enojo persistente, lo cual suele malinterpretarse como una actitud rebelde.
- Alteraciones en hábitos básicos, como el sueño o la alimentación.
- Caída repentina en el rendimiento académico, que frecuentemente es el indicio visible de un malestar emocional interno que puede resultar más difícil de detectar.
Y, fundamentalmente, resulta vital prestar atención cuando el propio joven manifiesta que requiere apoyo. En las sesiones solemos hallar a chicos que perciben que su sufrimiento ha sido subestimado o ignorado en su hogar.

Si bien puede dar la impresión de que las nuevas generaciones poseen más recursos o conocimientos, esto no siempre se refleja en una mejor calidad de vida.
En la adolescencia, ¿qué es normal y qué no deberíamos normalizar?
Resulta habitual poner en duda a las figuras de mando, requerir más privacidad y desplazar los modelos a seguir hacia los amigos. Estos elementos integran la etapa de diferenciación personal y resultan fundamentales para forjar el propio carácter y una valoración personal positiva.
No tendríamos que ver como algo común los actos de autolesión, el empleo de sustancias para controlar las emociones, el menosprecio recurrente al prójimo o descuidar la propia salud, particularmente si era un hábito previo.
¿Por qué a muchos jóvenes les cuesta expresar lo que sienten en casa?
Frecuentemente surge el temor al juicio, a las consecuencias o a provocar más dificultades. Muchos jóvenes ven a sus padres agotados y deciden callar su sufrimiento para no añadir otra carga emocional.
Durante las consultas, suelen manifestar habitualmente que perciben una falta de validación afectiva: se les ofrecen sugerencias no requeridas, se les resta importancia o se les muestra irritación cuando lo que realmente precisan es atención, apoyo y respaldo emocional.
¿De qué manera pueden las familias fortalecer la comunicación sin caer en peleas frecuentes?
Desde mi visión como psicóloga, pienso que el secreto reside en evolucionar del interrogatorio hacia el acompañamiento. Prestar atención sin emitir juicios y asimilar que el adolescente vive un periodo vital ajeno al nuestro, con una estructura cerebral todavía madurando, particularmente en lo que respecta a la gestión de las emociones. Fomentar un enfoque pedagógico democrático, que incluya ternura, límites definidos y diálogo, impulsa la autoestima y hace de la casa un entorno protegido, lo cual es una pieza fundamental para cuidar la salud mental de los chicos y chicas.

La influencia de los medios sociales
¿De qué manera influyen las redes sociales en la valoración personal y el bienestar psicológico de los adolescentes?
Las redes sociales desempeñan un rol clave en la formación de la autoestima y el bienestar psicológico de los jóvenes. En el acompañamiento terapéutico notamos que promueven una comparación continua, que frecuentemente deriva en metas poco alcanzables y en una visión distorsionada del éxito, el cuerpo o las relaciones.
Además, la autoestima puede terminar formándose a partir de una validación externa y pasajera, basada en los “likes” o la aprobación social inmediata. Esto provoca una fragilidad identitaria, ya que el valor personal se vincula demasiado a la mirada ajena, intensificando la vulnerabilidad emocional y la baja autoestima.
Asimismo, el esquema de incentivos inmediatos de los entornos digitales merma la paciencia ante los contratiempos y aumenta el nivel de perfeccionismo. Pese a que la juventud actual aparenta tener un acceso superior a recursos o conocimientos, esto no conlleva forzosamente una vida más plena; a menudo, deriva en dudas sobre su propia esencia y metas, junto a una continua percepción de vacío.

¿Qué palabras dedicarías a los progenitores que perciben que se desempeñan “todo lo posible” pero continúan con inquietudes?
Comprendo su desasosiego y no toda la responsabilidad recae exclusivamente en ellos. Tienen la posibilidad de solicitar apoyo, pues carecer de todas las soluciones no las transforma en una madre deficiente. En ocasiones, el acompañamiento continuo, ya sea a través del mutismo o de un alejamiento considerado, continúa representando el elemento protector primordial.
Por último, ¿qué le dirías a un joven que siente que nadie le entiende?
Le comentaría que cuenta con compañía y que sus percepciones son coherentes, aun cuando el panorama se muestre incierto. Que no tiene ningún defecto, sino que experimenta un proceso de evolución que no siempre resulta sencillo para su ser ni para su círculo social. Por encima de todo le recomendaría hallar lugares donde perciba protección, pueda manifestarse y procure apoyo en caso de precisarlo.
