Mónica Branni, sexóloga: “Intentar recuperar el deseo de antes es el error más frecuente tras el parto”
Relaciones
La sexóloga detalla cómo la maternidad y la paternidad transforman la intimidad y la manera de conectar con la pareja

Mónica Branni en una imagen su página web

Después de la llegada de un hijo, la vida de la pareja cambia profundamente. El cansancio, la falta de sueño y los nuevos roles modifican la rutina y la manera de relacionarse. Según la sexóloga Mónica Branni, el error más frecuente es intentar recuperar el deseo de antes, como si todo pudiera volver a ser igual. Esa presión puede generar frustración y distancia, dificultando la reconexión emocional y la intimidad.
Lo fundamental, explica la especialista, es aceptar los cambios, comunicar necesidades y explorar nuevas formas de acercamiento que funcionen en esta etapa de la vida. Así, la intimidad se transforma, pero no se pierde. En una conversación con Guyana Guardian, Branni profundizó en este y otros aspectos de la vida sexual en pareja.

El sexo no es una prueba de amor, ni tiene que ser una palanca de una de las dos personas para alejarse de la otra
¿Cómo cambia la vida sexual de una pareja tras convertirse en padres?
Tras tener bebés, la vida relacional de la pareja cambia por completo, no solo en el plano sexual: se añaden roles que antes no existían, se reorganizan los equilibrios domésticos y emocionales, y se pasa de una dinámica dual a una de familia con todas sus implicaciones. La realidad es que el cansancio, la configuración de nuevos roles, la salud mental en continua adaptación y los retos que conlleva la crianza minan la motivación para mantener relaciones sexuales y, en ocasiones, afectan nuestra experiencia del placer.
Muchas personas, sienten bajo deseo sexual, dificultad para desconectar y fluir en los encuentros sexuales, experimentan dolor, sienten que su placer es diferente al que experimentaban antes, lo cuál es parte de un proceso natural en el crecimiento sexoafectivo de una pareja; es importante ser pacientes, comunicar transparentemente con la otra parte, expresar vulnerabilidades y construir conjuntamente equilibrios funcionales (aunque no sean ideales) para afrontar una etapa delicada y movediza como es la parentalidad y, eventualmente, buscar soporte profesional para atravesar de forma sana esta fase vital.
¿Cuál es el error más común que cometen las parejas al intentar retomar la intimidad después del nacimiento de un hijo?
Sin duda, comparar la sexualidad presente con la de etapas anteriores e intentar retomar con prisas y exigencias esas costumbres pasa por encima de las necesidades emocionales y físicas de la pareja. El miedo a no disfrutar como antes o a no tener la misma conexión con la pareja hace que las personas tiendan a sentir nostalgia de etapas precedentes y a replicar conductas y patrones que previamente funcionaban, buscando así restablecer un “equilibrio” en su emocionalidad. Aunque sea complejo, es indispensable saber leer la situación con otros ojos y contextualizar cada momento de la relación, sobre todo en la vida sexual, porque el sexo que tenemos y el deseo que sentimos son solo un espejo de nuestro universo emocional.
¿Por qué muchas parejas sienten que la pasión desaparece tras la llegada de los hijos?
La parentalidad consta de responsabilidades y roles que van en la dirección opuesta de la erotización. Tener una familia significa cuidar, proteger, proveer, educar y volcar una parcela enorme de energía y tiempo en crear estabilidad y bienestar colectivos; el vínculo de pareja, sin embargo, se rige por normas diferentes: juego, equilibrios entre individualidad y cohesión, aspiraciones y proyectos de vida cambiantes. El compromiso familiar requiere de sacrificios incluso identitarios y una pérdida de autonomía considerable. Estas dinámicas pueden provocar una pérdida de tensión y misterio en la pareja que, si con el tiempo no asienta hábitos de intimidad compartida, es fácil que acabe experimentando soledad o insatisfacción.

El miedo a no disfrutar como antes o a no tener la misma conexión con la pareja hace que las personas tiendan a sentir nostalgia de etapas precedentes
¿Existen diferencias significativas entre hombres y mujeres en cómo viven la sexualidad después de la paternidad/maternidad?
Seguramente la manifestación de los roles de género tradicional se observan tanto en la parentalidad como en la sexualidad. Por lo general, en las parejas heterosexuales, los hombres reivindican el deseo y el sexo en pareja como algo inaccesible después del nacimiento del bebé, mientras que las mujeres reclaman una mayor simetría doméstica, soporte emocional y complicidad, más allá de la esfera sexual. Aun así, cada persona y pareja se estructura de forma diferente y reporta casuísticas distintas. No es tanto el género que determina las vivencias en pareja, sino cuánto cada persona está expuesta a las normas de género y/o disponible para construir armonía en pareja, por encima del disfrute individual.
¿Cómo afectan la falta de sueño y el estrés del cuidado de los hijos a la libido y la intimidad?
El estrés y la mala higiene del sueño son factores predisponentes del bajo deseo sexual, tanto a nivel hormonal como psicológico. La falta de descanso y la alerta hacen que entremos en un estado de “superviviencia” que dificulta varias áreas de nuestra vida, desde la atención y la toma de decisiones, hasta la facilidad para conectar con los sentidos y excitarnos.
Los primeros meses con un bebé son una etapa de la vida precipitante y, en lugar de alarmarnos y buscar tener relaciones con la intención de buscar el deseo, es importante cuidarnos, descansar, ser amables con nosotras mismas y priorizar el bienestar mental y físico.

¿Es normal que el deseo sexual fluctúe y que haya etapas en que la pareja se sienta distante?
Sí, es completamente natural que el deseo sexual oscile y que haya épocas incluso largas de bajo deseo, sin que eso signifique que la persona o la pareja tengan un problema o hayan dejado de quererse. Incluso es frecuente sentir distancia en pareja, aunque es importante no confundir la falta de sexo o de deseo con un emprobrecimiento del vínculo. El deseo por su naturaleza no es una línea recta ni una dimensión estática en nuestra vida, sino que es una onda que se mueve en función del contexto, de nuestro estado de salud tanto física como mental, y de las dinámicas relacionales que cultivamos a nuestro alrededor.
Al principio de una relación, el deseo por naturaleza tiende a estar presente en nuestras vidas, puesto que la adrenalina, la novedad y la incertidumbre, nos predispone a generar un vínculo más estable y emocionalmente profundo a través de la intimidad erótica. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, la relación ya está consolidada y el deseo es más difícil que surja de forma espontánea: es ahí cuando tenemos que activamente crear las condiciones emocionales para que el deseo vuelva a manifestarse, a través de interacciones sugerentes, planes estimulantes, conversaciones cómplices y hábitos de cuidado en pareja.
¿Qué papel juega la comunicación en la recuperación de la vida sexual después de la maternidad y paternidad?
Seguramente, un papel central. Comunicar necesidades, miedos y expectativas es primordial para entender en qué punto está la relación y sus miembros, hacia qué dirección se espera que vaya la pareja, qué frenos están generando resistencia, qué recursos tiene el vínculo y qué equilibrios está dispuesto a crear.
Sin comunicación hay malentendidos y muchísimas probabilidades de resentimientos que acaban alejando a la pareja.

¿Cuáles son los mitos más dañinos sobre la sexualidad postparto que deberían desaparecer?
Ante todo que el sexo es un medidor del bienestar en la relación, por lo que “si no hay sexo, no hay amor”. El sexo es una consecuencia de muchísimos factores dentro de la relación y de la historia de vida de los miembros que conforman el vínculo. No es una prueba de amor, ni tiene que ser una palanca de una de las dos personas para alejarse de la otra.
En relaciones estables, el deseo es un aspecto a trabajar activamente y, de manera más esporádica, surge sólo. Igual que dedicamos activamente atención a otros aspectos de la relación (ocio, comunicación, resolución de conflictos), con el deseo deberíamos crear contextos y condiciones para que apareciese y no esperar a que aparezca sólo.
Por último, aunque la lista sería infinita, está el mito de que el sexo siempre tiene que ser emocionante. El sexo es una actividad que aporta validación, regulación emocional, novedad, relajación y cercanía. Buscar en él un espacio de relax y comodidad también es importante y sano, sin que la performance esté siempre por delante.
