Expertas en ordenar y vaciar casas: “No tires lo que te recuerde a tu abuela, pero si no lo usas acabará entrando la polilla y se desvanecerá”
Una segunda vida
Vender todos los objetos del interior de una casa es común en Estados Unidos y ahora hay quienes se dedican a ello en España. Esta es la historia de Astrid Romero y María José López
“Os he dejado las llaves de mi casa porque no podía enfrentarme a esto y lo habéis hecho con tanto amor y delicadeza que ha sido fácil”, asegura una clienta

Astrid Romero y María José López de Arquitectura del Orden

Con el tiempo se acumulan cientos de objetos en casa: unos más útiles que otros, algunos con valor sentimental, otros que no, pero que forman parte de una pared, de un estante y, de alguna manera, duele quitarlos de ahí. Y hay contadas ocasiones en la vida (por suerte) en las que uno debe afrontar la ardua tarea de vaciar por completo una vivienda: la de sus abuelos, la de sus padres o la suya propia. Cambia el motivo, pero la condición es siempre la misma: desprenderse de (casi) todo.
Eso le ocurrió a una amiga de Astrid Romero. En una conversación con Guyana Guardian, explica que su amiga le pidió ayuda para desprenderse de todas las cosas que había en la casa familiar tras la muerte de su padre. Romero aceptó la petición porque, aunque estudió periodismo y en ese entonces trabajaba en la empresa familiar, “había vivido en Estados Unidos muchos años y viajaba ahí a menudo, por lo que estaba muy familiarizada con los estate sales, que es poner a la venta todo el conjunto de una casa”. La periodista se puso manos a la obra junto a María López, restauradora, para que esta tasara los muebles y los objetos más antiguos. “El mercadillo fue un éxito bárbaro”, cuenta. “Puse un cartel que decía: '¿Quieres vaciar tu casa? Organizamos tu mercadillo'”. Habían dado con una solución a una necesidad creciente.
En 2018 se dieron a conocer como Arquitectura del Orden, una empresa que gestiona “Puertas Abiertas” en Madrid y Alicante. Vacían viviendas todas las semanas y, este año, han vaciado, incluso, un hotel entero en Barcelona.

¿Cómo deciden los precios de todo lo que se vende?
Lo decimos las dos. Al final llevamos más de ocho años haciendo esto y hemos tenido prueba y error. En cada mercadillo nos sentamos y aprendemos algo. Intentamos siempre conseguir el máximo posible, pero a un precio muy accesible.
Ya sabemos de todo y de nada. Investigamos muchísimo, porque no solo hay muebles, también hay relojes, bisutería... De repente hay un broche maravilloso de Cristian Dior o cualquier objeto de valor que no controlas y que también tienes que investigar porque tiene un precio específico.
¿Cuándo pasa de ser algo puntual a convertirse en su trabajo principal?
Desde el principio, prácticamente. Empezamos en el 2018, pero desde el 2019 ya con mucha regularidad. No vaciamos viviendas todos los fines de semana, pero sí cada dos. Hacemos una media de dos casas al mes, a veces tres. A lo mejor, de repente, hacemos una casa en un mes porque el volumen de trabajo es mayor, pero esta es nuestra profesión desde hace casi ocho años.
¿Qué hay detrás de un mercadillo de tres días?
Nuestros mercadillos son viernes, sábado y domingo. En tres días vaciamos una casa, pero es un trabajo íntegro. No te puedes imaginar lo que es organizar, catalogar... Hacemos una puesta en escena que consideramos superimportante y tenemos una fotógrafa para que todo esté superbonito y todo entre por los ojos. Aparte de conseguir nuevas casas, el trabajo que hay dentro de cada una de ellas nos lleva entre dos y tres semanas prepararlo todo y en tres días la vaciamos.
Ordenamos la casa, clasificamos y catalogamos. Al final la casa viene a convertirse en un establecimiento, así que ponemos la ropa en un sitio, las herramientas en otro, la tecnología la ponemos en una habitación, todos los manteles y las sábanas están juntos y las cosas de cocina suelen estar en la cocina. Todo está ordenado de manera metódica para facilitar la compra a quienes visitan la casa. Incluso distribuimos los muebles pensando en cómo va a circular la gente por la casa, hacemos la puesta en escena bonita con montajes y con rincones atractivos que se van a fotografiar para que la gente que viene y la gente que lo ve desde redes sociales y nuestra web, se haga una idea de cómo esas cosas podrían quedar en su propia casa.

Hay millones de cosas que tú piensas que nadie va a querer, pero siempre puede haber gente que las quiera
En su web hablan del impulso de tirarlo todo. ¿Qué le dirían a quién hace eso?
Que es una pena. No tiene ningún sentido, sobre todo con cómo está el planeta. Nosotras vaciamos las casas en un 85-90% y con ONGs casi al 100%. Es decir: todas esas cosas le interesan a alguien porque vienen y se las llevan. Teniendo en cuenta cómo está el planeta, tirar por tirar me parece un sinsentido.
Y luego son cosas que están en perfecto estado de uso, con carácter y con historia. Incorporarlas a tu casa y a tu vida tiene mucho sentido: tiene más personalidad que algo nuevo. Y hay otra cosa cierta: los precios son muy atractivos. Accedes a cosas de una calidad excelente a precios imbatibles, recuperas piezas con historia, le das personalidad a tu casa y evitas que miles de objetos terminen en un vertedero, en el punto limpio o en la basura. Hay millones de cosas que tú piensas que nadie va a querer, pero siempre puede haber gente que las quiera.
¿Por ejemplo?
Vendemos todo si está en buen estado: vendemos la cajita con las tuercas, la cajita con los clips, imperdibles, agujas, hilos, cajas de botones, revistas antiguas… Siempre decimos al cliente que ya habrá tiempo de tirar.

¿Qué es lo más extraño o inesperado que han vendido?
En una casa, hace como tres años, por Navidad, había un taco de cartones de los años cuarenta de cuando se contrataba la electricidad. De repente venían señores de setenta años, nostálgicos, que recordaban cuando en su casa se utilizaban.
Es verdad que hay muchas cosas antiguas que en tu casa a lo mejor no te encajan, pero para una película ambientada en los setenta es superútil. También hemos vendido cosas de médicos: utensilios antiguos de escuchar el corazón y los pulmones, y gafas como de óptico antiguas.
¿Quién viene a estos mercadillos?
Al final es una casa: viene desde el abuelo, que se divierte porque encuentra herramientas o libros. Familias porque el niño quiere algún juguete. Viene gente joven buscando ropa vintage porque de repente encuentran un vestido. Parejitas que están empezando con su casa y se compran la tabla de cortar (sí, ya usada), que tiene mucho más carácter que alguna de grandes almacenes. Y padres que vienen porque los hijos se van a estudiar a Madrid y, en lugar de comprar cosas nuevas, les compran seis platos, cuatro tazas, para que tengan lo básico para los dos o tres años que van a estar allí. Gente con casa de playa, gente con casa en el campo… Vienen madres con hijas, hermanas. Tenemos una familia con la hija pequeña y una señora de 92 o 93 años que siguen comprando.
En ocasiones viene una productora buscando objetos para sus películas: se lleva una batidora guardada de los años 70, por ejemplo. La verdad es que es muy bonito. Es un plan y todo el mundo se va 'rechiflado' con lo que se lleva. Da igual que sea un cromo o un libro que le recuerde a su madre.

Para los propietarios, debe ser un proceso emocionalmente difícil
Al final trabajamos con el apego. A veces es la casa de tus padres, pero otras son tus cosas: te tienes que ir a un sitio más pequeño y quieres aligerar, pero siguen siendo tus cosas.
Nosotras, después de todo este tiempo, haciendo una puesta en escena preciosa, con respeto y cariño —ponemos el alma y el corazón en cada proyecto—, les hemos demostrado que somos la mejor opción. Porque si tú no lo quieres poner en tu casa, porque no te cabe o porque era de tu madre, la adorabas, pero no tiene nada que ver con tu gusto ahora, la opción B es meterlo en un trastero donde puede entrar la carcoma, la polilla…
Nos han contado muchas veces que guardaron cosas en trasteros porque no se vieron con fuerzas o porque no nos conocían. Pero no puedes quedarte con cosas solo porque sean de tu familia. Si a ti no te gusta algo, ¿qué sentido tiene conservarlo? ¿Por qué lo vas a mantener en un trastero? Al final se convierten en cementerios.
Los recuerdos no están en una vajilla, una lámpara o una copa.
¿Qué le dicen a los que tienen más apego?
Los recuerdos de los seres queridos no están en los objetos. Los llevas en el corazón, los llevas dentro. Nosotras no tenemos ese apego y eso nos ayuda a ser eficaces. Ellos, sin embargo, podrían estar horas: abres un cajón, sacas una foto, te recuerda algo… Intentamos que comprendan que los recuerdos no están en una vajilla, una lámpara o una copa.
Y a las personas que vienen a comprar les explicamos que no son simples objetos: son pedacitos de la vida de alguien. Van a tener la responsabilidad de continuar ese legado. Los recuerdos toman otros caminos y forman otras vidas.
¿Qué recomendaríais conservar cuando se vacía la casa de unos abuelos?
Tienes que quedarte lo que para ti tenga valor. Valor sentimental, y que resuene contigo, con tu estilo, con tu personalidad, con tu casa. No es “quédate la vajilla X porque vale una fortuna”. Quédate con lo que para ti es importante y lo que te va a apetecer usar. Yo siempre digo: te quedas con lo que te recuerde a tu abuela, aunque no sea lo más valioso. A lo mejor es ese costurero porque cosías con ella, o esa cajita.
Una vez, en una casa, nos decían: “No, pero no puedo vender esto, lo voy a guardar arriba en el armario”. ¿Para qué? Si arriba, si no lo usas, acabará entrando la polilla, habrá humedad o se desvanecerá. No conserves cosas que no vas a usar. Nosotras gestionamos desde la cómoda del siglo XVIII hasta el martillo. Lo que tú no quieras, no puedas guardar, no te aporte nada o no tenga nada que ver contigo, la opción es que otra persona se lo lleve y lo valore. Pasar el testigo. Darle ese cariño y ese mimo que, desde mi punto de vista, a nuestros abuelos les gustaría. Qué mejor futuro para ese cuadro.

¿Habéis vivido situaciones negativas o conflictos?
Nunca, jamás. No ha habido ningún incidente, al contrario. Es algo muy amable. Es muy bonito ver la ilusión con la que la gente se lleva las cosas, lo agradecida que está por encontrar tesoros. Y el tesoro a lo mejor es una caja de botones, como nos pasó con una clienta: “No os podéis imaginar estos botones”, decía, “son una joya”. O libros: una vez una clienta encontró un diccionario especial y estaba alucinada, como si le hubiera tocado la lotería.
En casas de artistas, la gente se lleva acuarelas, botes de óleo, lápices de colores. Cada uno tiene sus favoritos, lo que le resuena. Gente que de repente encuentra algo idéntico a lo que había en su casa, pero que en el reparto de la herencia no le tocó: “Es que lo tenía mi abuela, pero no me tocó. Fíjate, lo he encontrado aquí”. A veces ni lo compran, pero les remueve el recuerdo.
¿Los propietarios suelen estar presentes durante el mercadillo?
Habitualmente no, y les recomendamos que no, porque no es fácil: te remueve mucho. Pero es su decisión. Ha habido veces que han querido estar y, por supuesto, es su casa; nosotras respetamos.
Estar y ver cómo se van las cosas no es fácil. Pero la gran mayoría no están. Pero hay gente que sí: una clienta el primer día lo pasó regular, pero luego volvió y dijo que también le había gustado ver cómo se lo llevaban con ilusión. Otros han estado en un cuarto empaquetando vajillas y copas como máquinas: “No queremos que nos vean, pero queremos estar y ayudar”.

“Os he dejado las llaves de mi casa porque no podía enfrentarme a esto y lo habéis hecho con tanto amor y delicadeza que ha sido fácil”
Y cuando vuelven a casa y ven que queda el 5 o 10% de lo que había, ¿Qué os dicen?
“Enhorabuena. Gracias por dar vida a nuestros recuerdos. Gracias por haber hecho este proceso tan duro, más fácil”. Se crea un vínculo muy bonito. Una mujer nos dijo: “Os he dejado las llaves de mi casa porque no podía enfrentarme a esto y lo habéis hecho con tanto amor y delicadeza que ha sido fácil”
Las dos hemos tenido que vaciar por motivos personales y lo sabemos. Entonces tenemos esa parte empática: conectamos con ellos, pero no tenemos el vínculo emocional, y eso nos ayuda a ser mucho más eficaces.

