Moda

Muere Valentino, el costurero que convirtió la moda en patrimonio cultural

Obituario

El “último emperador” falleció a los 93 años, su mítico rojo nació en Barcelona

En la plaza Mignanelli el ambiente es de luto. En pocos minutos corre la voz: “ha muerto Valentino”. Aquí, a dos pasos de la escalinata de la Plaza de España, la maison que nunca necesitó ni siquiera un apellido para darse a conocer, tuvo su sede, hoy más simbólica que financiera.

Valentino Garavani —sí, tenía apellido, aunque muchos italianos lo descubrieron solo este lunes— falleció este lunes a los 93 años. No en el centro de Roma, sino unos kilómetros más al sur, en su villa de la Vía Appia Antica, entre vestigios clásicos que lo consagran, por si no bastaran las pasarelas, como una figura imperial de la moda mundial. Tras la muerte de Giorgio Armani el pasado septiembre, Italia pierde su última gran firma

El diseñador de moda italiano Valentino Garavani camina por la pasarela con sus modelos tras un desfile de moda
El diseñador de moda italiano Valentino Garavani camina por la pasarela con sus modelos tras un desfile de modaAP Photo

La leyenda del diseñador, nacido en Lombardía pero romano de adopción, fue tan poderosa que acabó convirtiéndose prácticamente en un color. Cuando se dice “rojo” en moda, se añade automáticamente “Valentino”. ¿Qué rojo era? Cientos de críticos y expertos intentaron definirlo: coral, vino, sangre, fresa; algunos vieron incluso una deriva hacia el naranja. Nunca autorizó esas definiciones: aquel rojo formaba parte de sus raíces. No es un detalle menor de su biografía. Cuando explicaba cómo empezó todo, Valentino recurría siempre a una anécdota: cuando era adolescente, a comienzos de los años cincuenta, su madre lo llevó al Liceu de Barcelona. Entre el público distinguió a una mujer mayor envuelta en un abrigo de terciopelo “magenta”. En medio de una masa de vestidos oscuros, aquella mancha de color lo deslumbró y lo marcó para siempre. La elegancia adquirió para él una definición cromática.

Esa obsesión seguía intacta en 1960, cuando el señor Garavani abrió su primer atelier en la romana via Condotti.

Mientras modelos y colaboradores aplauden, Valentino Garavani saluda a los invitados tras presentar su colección de Alta Costura Otoño-Invierno 1986. 
Mientras modelos y colaboradores aplauden, Valentino Garavani saluda a los invitados tras presentar su colección de Alta Costura Otoño-Invierno 1986. Gianni Foggia / Ap-LaPresse

Su carrera es una larga lista de éxitos. Los biógrafos, en el difícil intento de fijar una fecha inaugural del triunfo, señalan el desfile del Palacio Pitti de Florencia en 1967. Valentino fue relegado al final del programa, cuando compradores y periodistas ya se habían marchado. Pero entre los profesionales corría el rumor de que aquel joven lombardo no era un relleno de agenda, y muchos decidieron quedarse a orillas del Arno. En pleno furor hippy, el maestro apostó por el blanco: un riesgo notable y la prueba de que “fue capaz de mirar más allá de las tendencias y las convenciones”, como recordó este lunes el presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, en su mensaje —nada banal— de condolencia.

A diferencia de Armani, que dirigió su maison hasta el último día de su vida, Valentino se retiró de las pasarelas y también de los despachos. Lo hizo en 2007, una decisión dolorosa pero, según él mismo admitió, inevitable. El adiós no pasó desapercibido. Las celebraciones —ese año se cumplían también los 45 años de la casa— se prolongaron durante tres días. Fue una sucesión de eventos nunca vistos en una ciudad que presume de haberlo visto todo. Entre templos romanos, hospitales medievales y hasta una pagoda china instalada en Villa Borghese, con Annie Lennox cantando, Roma vivió jornadas imperiales. Llegaron todos: Carolina de Mónaco, Claudia Schiffer, Mick Jagger. La lista sería interminable, como la de las divas que vistió. Él siempre recordaba a una: Jacqueline Kennedy, que gracias también a aquellos vestidos rehízo su vida y contrajo matrimonio con Aristóteles Onassis —con un Valentino, por supuesto—.

Valentino Garavani posa durante la inauguración de su exposición en el Museo Ara Pacis de Roma, el 6 de julio de 2007, un año antes de jubilarse.
Valentino Garavani posa durante la inauguración de su exposición en el Museo Ara Pacis de Roma, el 6 de julio de 2007, un año antes de jubilarse.AP

Si el talento creativo nació de su genio, la empresa hunde sus raíces en el encuentro entre el joven diseñador y Giancarlo Giammetti, a quien conoció en la vía Veneto, en pleno corazón de la Dolce Vita. De aquella relación —sentimental durante dos décadas y profesional para siempre— nació el verdadero imperio. Desde el punto de vista financiero, la historia fue menos lineal: vendida en 1998 al grupo alemán Hdp, adquirida en 2002 por el grupo Marzotto, posteriormente transferida al fondo Permira y finalmente en 2012 al fondo Mayhoola, vinculado a la poderosa jequesa Sheikha Mozah, esposa del emir de Qatar. El último movimiento llegó en 2023, cuando el grupo Kering adquirió el 30% del capital por 1.700 millones de euros.

Con la imagen aún viva de aquella despedida de los escenarios, Roma le prepara ahora la definitiva: dos días de capilla ardiente en la plaza Mignanelli y el funeral, el viernes, en la basílica de Santa María de los Ángeles, sede de las grandes exequias de Estado, construida sobre las ruinas de las termas de Diocleciano.

El último emperador de la moda debía marcharse así.

Etiquetas