Miguel Lago rememora sus comienzos de hace 25 años,
Sus inicios
El tertuliano televisivo conversó con Sonsoles Ónega acerca de los ejes fundamentales de su existencia, haciendo especial hincapié en su mujer y sus descendientes.

Miguel Lago, en 'Todo es mentira'

Hace veinticinco años, Miguel Lago eligió dejar atrás las dudas de su círculo cercano para luchar por su meta: ser un rostro célebre en el mundo del espectáculo y la televisión. El comediante dio sus primeros pasos en El club de la comedia y, desde aquel entonces, se ha afianzado como colaborador y creador de distintos textos literarios.
Durante su intervención en el espacio Y ahora Sonsoles este miércoles, el artista de Vigo no solo dio visibilidad a su creación más reciente, Bécquer en París —incluida en la serie Bécquer—, sino que además se sinceró sobre vivencias que han marcado su trayectoria. En una charla cercana, el cómico meditó sobre el aislamiento de sus etapas iniciales y lo que estima como su mayor fortuna: su descendencia.

Lucía, Diego, Anna y Robinson representan los cuatro ejes fundamentales en la existencia presente del comediante. Con un destello singular en sus ojos al mencionarlos, manifestó que su mayor deseo es que alcancen la dicha, se perciban apreciados y “crezcan sabiendo lo mucho que sus padres los quieren”.
Cuatro rayos de alegría para él surgidos de su unión con Laura Abella, con quien conmemoró sus bodas de plata en 2025. Los dos se encontraron en la etapa universitaria, justo cuando sus vidas se entrelazaron en la fotocopiadora de su centro. A partir de aquel momento, tuvieron claro que estaban destinados a estar juntos y consolidaron el alegre núcleo familiar del que alardeó en el estudio ante Sonsoles Ónega.
Un encuentro personal donde además deseó mencionar a otro individuo que representó un pilar esencial en su trayectoria vital y en sus comienzos profesionales: su abuelo. Aunque constantemente se percibió apreciado por su entorno, considera que su elección de dedicarse a la comedia no fue del agrado de todos sus parientes, viviendo un sentimiento de aislamiento que únicamente logró compensar aquel ser tan significativo para él.
Miguel Lago admite que su vocación no siempre fue bien
“Cuando debuto hace 25 años en El club de la comedia lo hago a escondidas. Estaba muy dolido porque no llamó nadie y lo hizo él. Sé que con el tiempo no fue recibido que me quisiera dedicar a eso. Fue el único que me apoyó”, admitió con los ojos empañados al evocar su memoria.
Aunque prefirió no profundizar en los pormenores, el abuelo de Miguel Lago perdió la vida, provocando una profunda ausencia en su interior. De acuerdo con su relato, este familiar visitaba constantemente el teatro para ver actuar a su nieto y ocupaba un asiento en la fila 8, lugar que continúa observando con melancolía cada vez que pisa el escenario, fantaseando con que aún permanece presente entre los asistentes.