Michael Phelps, 40 años: “Tengo 4 hijos y no quiero que naden, no quiero que vivan lo que yo pasé durante más de 20 años, no se lo deseo a nadie”
Máximo Nivel
El nadador estadounidense, cuya carrera ha estado llena de logros, ahora enfrenta la presión de mantenerse en la cima mientras enfrenta nuevos desafíos.

Michael Phelps hablando en el podcast de Whoop

Si el destino reservaba a los dioses un lugar, Michael Phelps fue su epopeya: nacido para dominar, moldeado por el esfuerzo más allá de lo humano. Cuando el mundo lo vio nacer, no solo como un nadador, sino como un fenómeno: cada brazada, un desafío; cada respiro, una batalla ganada. Y aun así, cuando el silencio se apoderó del agua, él siguió siendo su propio faro: no por vencer, sino por haberse levantado, una y otra vez, más allá de lo imaginable.
Su currículo deportivo es tan abrumador que casi parece inalcanzable: con una colección de medallas que solo puede rivalizar con su propia leyenda, el atleta dominó las piscinas mientras el mundo lo miraba. Su récord en pruebas individuales, sumado a una constancia casi inhumana, lo convirtió en un ícono inalcanzable.

Me miraba al espejo y veía cómo yo, con el rostro sereno, se convertía en alguien que luchaba por ganar, mientras el agua se cerraba a su alrededor.
Parentalidad y bienestar integral
Hoy Phelps tiene 40 años y su mirada hacia el deporte ha dado un giro de 180 grados. Padre de cuatro hijos y retirado de la alta competición, reflexiona sobre su carrera y su vida en una reciente entrevista en el pódcast de la plataforma Whoop. ” Yo me miraba al espejo y veía a un asesino con gafas y un gorro, un atleta que mataría por el oro; ahora sé quién soy de verdad y me gusto mucho más”, ha asegurado con tono y aspecto mucho más relajados que durante su etapa profesional.
La salud mental ocupa un espacio central en su discurso. “Soy alguien que lidia y lucha con depresión y ansiedad. Hay días en los que no quiero levantarme; a veces noto como si la habitación se fuera comprimiendo hacia mi”, revela. El tiburón norteamericano ha explicado que la exigencia del deporte le llevó a una completa despersonalización. “No me permítia sentir emociones, llegué a mirar a la muerte a los ojos, cada día que no compartimento lo que siento y puedo hablar de mis luchas es una victoria”, ha relatado.
Hay días en que no quiero levantarme, y el mundo parece contraerse hasta apretarse contra mí.
La exigencia estructural del deporte estadounidense
En plena madurez adulta y siendo un hombre muy familiar, para Phelps sus hijos son su mayor logro. El estadounidense cuenta que disfruta viéndolos crecer y competir en sus propios deportes. Le gusta transmitirles herramientas que él aprendió durante su carrera y repite que quiere que sean felices antes que campeones. “Lo mejor es que los cuatro son muy diferentes entre sí y aprendo cosas nuevas cada día”, ha explicado.

Tengo cuatro hijos y no quiero que ninguno de ellos viva lo que yo viví.
Sobre vincular a sus hijos con la natación, Phelps es muy tajante. “Tengo 4 hijos y no quiero que naden, no quiero que vivan lo que yo pasé durante más de 20 años con el equipo de Estados Unidos, no se lo deseo a nadie”, asegura. Aun así, matiza que solo aceptaría “si se lo pidiesen” y bajo la tutela de un entrenador de su confianza.
Su experiencia en el equipo de USA Swimming marca esta postura tan rígida, una relación distante con la entidad que mantiene ahora, a pesar de estar retirada. “Durante años intenté impulsar cambios, pero me cerraban la puerta en la cara, un entrenador me llegó a decir que no tenía ni idea de nada. No quiero saber cómo trataba a los 'nadadores normales'”, revela. Lejos de la piscina, Phelps denuncia falta de transparencia y de liderazgo y asegura que para el futuro de la entidad y la salud de los atletas hacen falta cambios integrales.
