Viajes

Cuando Soria se convirtió en la estepa rusa

De película

Una ruta por las localizaciones que recrearon la Rusia zarista en la película ‘Doctor Zhivago’, cuando se cumplen 60 años de un rodaje que supuso para la provincia toda una revolución

Panorámica de la sierra de Moncayo

Panorámica de la sierra de Moncayo

Felicísimo Verde

“Tonya, mira los Urales”, le dice el cirujano Yuri (Omar Sharif) a su esposa (Geraldine Chaplin), en una conmovedora escena de la película Doctor Zhivago. Pero, lejos de aquellos parajes azotados por el viento en la remota frontera entre Europa y Asia, las cumbres a las que apunta su dedo son, en realidad, las de la sierra del Moncayo, la cadena montañosa más alta del sistema Ibérico, que se yergue majestuosa en el oriente de Soria. Es lo que tiene el cine, aquello que Ettore Scola definió como “un espejo pintado”: una capacidad para viajar en el tiempo y en el espacio desde el más insospechado rincón de andar por casa.

Fue así como, en 1965, las tierras sorianas se convirtieron en la fría e inhóspita estepa rusa. David Lean eligió esta provincia olvidada como escenario para lo que se convertiría en uno de los filmes de Hollywood más taquilleros de la historia. Una obra maestra, basada en la novela de Boris Pasternak, que relata el drama íntimo de un médico y poeta en el convulso inicio del siglo XX. Tiempos de guerras e incertidumbres, en los que se desata la pasión de unos personajes enfrentados a un entorno hostil.

Construcción del palacio de hielo de Varikyno para la película Doctor Zhivago
Construcción del palacio de hielo de Varikyno para la película Doctor ZhivagoJunta de Castilla y León A. H. P. / Salvador Vives Soriano

Hoy, cuando se cumplen 60 años del rodaje, recordamos estos lugares a los que el séptimo arte puso en el mapa en una auténtica revolución. Porque, más allá del impacto que supuso encontrar a estrellas como Julie Christie en un taciturno paseo por sus parques o degustando un pincho de tortilla al calor de una taberna cualquiera, lo cierto es que esta película ganadora de cinco Oscars supuso toda una inyección económica: más de 200 figurantes participaron en sus secuencias, a los que se sumaron carpinteros, albañiles y electricistas para la construcción de los decorados.  

La nieve que no cae

Decorado de vía del tren nevadas durante el rodaje de la película Doctor Zhivago
Decorado de vía del tren nevadas durante el rodaje de la película Doctor ZhivagoAmador Carrascosa / Cortesía del Archivo Histórico Provincial de Soria

Fueron razones económicas (estos espacios permitían un despliegue rápido de medios con muchos extras y efectos especiales) y políticas (el libro de Boris Pasternak había sido prohibido en la URSS) las que llevaron a la Metro-Goldwyn-Mayer a elegir este enclave. Pero, sobre todo, hubo una motivación climatológica: Soria era una tierra caracterizada por las grandes nevadas que tan bien venían al hilo de esta historia. Sin embargo, por una carambola del destino, aquel invierno no nevó. Y para teñir el paisaje de blanco la solución fue emplear polvo de mármol y cubrir el terreno con lonas que no sólo permitían a los protagonistas simular que se deslizaban en trineo sino también generar un paisaje níveo que se extendía hacia el horizonte.

Fue así como la estación de ferrocarril de la capital, Soria-Cañuelo, se forró con carteles en ruso y se llenó de locomotoras a vapor convertidas en trenes militares. Otra estación, Matamala de Almazán, de la línea Torralba-Soria, se convirtió en Varikyno, allí donde Yuri y Tonya tenían su hermosa casa de campo. Más triste fue el aire que se le dio a la estación de Villar del Campo, en la línea de Soria-Castejón, por la que pasó varias veces el tren cargado de refugiados.

Estación de San Leonardo
Estación de San LeonardoConrado Ángel

Hoy estos parajes ferroviarios que aparecieron en la película se han convertido en vías verdes de fácil recorrido y en algunos incluso se han salvado pequeños tramos de vía como recuerdo del rodaje. Este resquicio sentimental también ha quedado en el pequeño pueblo de Candilichera, en cuyos alrededores, que simulan ser la fría estepa, se construyó el palacio donde se refugia la familia de Tonya cuando huye tras la revolución rusa. Una huida que también tiene como marco a los pinares de Navaleno y de San Leonardo de Yagüe, que recrean la taiga siberiana, esa “mancha de color verde oscuro donde el hombre se siente perdido”, en palabras del protagonista. 

Un fenómeno inolvidable

Los pueblos serranos de Duruelo de la Sierra y Covaleda, en las estribaciones de la Sierra de Urbión; el embalse de la Cuerda del Pozo, que regula el Duero en su cabecera; y la población de Ólvega, en medio de un gran valle, fueron otros escenarios sorianos que vinieron a complementar al paisaje estrella del filme: el de las inmensas llanuras cubiertas de nieve donde la vista se pierde en la lejanía. Son estos rincones desolados (rodados en los alrededores de campo de Gómara, al pie del Moncayo) los que ocupan las más largas secuencias, siempre como una imagen inmaculada atravesada por el paso de un larguísimo tren.

Mapa de la ruta
Mapa de la ruta

Precisamente por esta elegante fotografía, así como por la magistral interpretación de sus personajes basada en los movimientos gestuales, y por la sutileza con la que se retrata el amor y la angustia, la pesadumbre y la esperanza, Doctor Zhivago se convirtió en todo un fenómeno. Y la provincia de Soria se hizo eco con ese arraigo que tienen los grandes acontecimientos en los lugares en los que nunca pasa nada.

Julián de la Llana, historiador y crítico de cine soriano, recuerda cómo su familia prestó atrezo para el rodaje: una manta que el director de producción vio tendida en el balcón y hasta un retrete de casa de sus abuelos. También recuerda anécdotas como la de los pasquines con la hoz y martillo empleados en una escena, que volaron y hasta llegaron a los barrios de Madrid.

O la del furor que causó el nombre de Lara, el personaje interpretado por Julie Christie, con el que muchas niñas fueron bautizadas en los años posteriores al estreno. Hasta las multisalas de cine de la capital se llaman así, a día de hoy, en recuerdo de esa película que pasó a formar parte impercedera de la identidad moderna de la provincia. 

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