Una ruta inesperada por el Bierzo: de Ponferrada hasta el místico valle del Silencio
Propuesta
Desde el bullicioso enclave templario hasta el recogimiento de Peñalba de Santiago

Peñalba de Santiago atesora una arquitectura tradicional de piedra
Hay ciudades que se dejan querer a la primera, y luego está la antigua Ponferrada que, directamente, enamora por su singularidad y por su perfecto castillo. Y desde este bullicioso enclave de los caballeros templarios, y de sus terrazas, restaurantes y cafés, comienza una ruta que lleva hasta el recogimiento de Peñalba de Santiago y su místico valle del Silencio.
En este rincón leonés todo parece estar contando algo, desde los castillos, las huertas, los valles ocultos de los eremitas, a las casas de piedra oscura. Es una comarca de montes y bosques casi salvajes, un territorio de leyenda para descubrir.
Ponferrada y el castillo de los templarios

El Santo Grial y el arca de la alianza otorgan a Ponferrada un halo especial, porque son dos objetos legendarios sagrados que, además, han dejado una importante estela en la literatura. En tiempos, Ponferrada fue el puesto principal de los caballeros templarios, y su fortaleza se alzaba como uno de los monumentos arquitectónicos más impresionantes de la época.
Con sus altas defensas y su gran patio de armas, es conocido como el castillo de los templarios porque su construcción, en el siglo XII, se atribuye a la orden de monjes guerreros que protegían a los peregrinos cristianos que se dirigían a Santiago de Compostela.
La fortaleza parece construida para impresionar y para durar. Era, y es, la máquina defensiva perfecta
La fortaleza parece construida para impresionar y para durar, por sus magníficas murallas que se despliegan en capas, sus patios encadenados, sus torres y su adarve que invita a imaginar guardias y rondas nocturnas. Era, y es, la máquina defensiva perfecta.
Además, este castillo atrapa por su aura, porque la leyenda cuenta que tiene túneles ocultos, pasadizos que lo conectarían con puntos discretos de la ciudad o con la ribera, cámaras selladas donde se habrían guardado documentos comprometidos, y tesoros desaparecidos tras la caída en desgracia de la orden del Temple. Así que, recorrer su arquitectura y sus leyendas, es volver a esta enigmática historia de la edad media.

A los pies del castillo está la iglesia de San Andrés, un templo que parece acompañarlo. Es un edificio de finales del siglo XVII que guarda un retablo mayor barroco espectacular y algunos pasos de la magnífica Semana Santa ponferradina. Así que, tras visitar ambas construcciones, hay que perderse por el casco antiguo de Ponferrada, por sus callejuelas estrechas y empedradas, por sus plazas que fueron mercado y taberna, y por sus soportales.
Aquí, en la parte alta, está la basílica de la Virgen de la Encina, la querida patrona del Bierzo. Y otra de las joyitas es su arco de las Eras, la única puerta de la ciudad que aún se conserva. Sobre ella se erigió en el siglo XVI la torre del reloj que, más tarde, ya en el siglo XVII, se coronó con el cuerpo y el chapitel que aloja su antiquísima campana.
El desconocido y singular Museo de la Radio
Poca gente sabe que la ciudad alberga el Museo de la Radio Luis del Olmo. Ubicado en una magnífica casa solariega, es uno de los más singulares de España; un tesoro casi secreto que reúne miles de aparatos históricos, y que cuenta, mejor que muchos libros, cómo la radio conectó aldeas, guerras, emigrantes y cocinas.
Un desvío imprescindible al atardecer en Ponferrada es seguir el curso del río Sil. Allí, antiguas chimeneas, fábricas reconvertidas y puentes discretos cuentan una historia de trabajo duro y de prosperidad efímera.

Y muy cerca, casi escondida entre árboles, aparece la iglesia mozárabe de Santo Tomas de las Ollas, humilde, antigua, y con un magnetismo que nada tiene que ver con el turismo de masas. Y es que Ponferrada es una mezcla de librerías, de cafés tranquilos, de conversaciones largas y de rincones para perderse. Sin duda, la ciudad posee un halo mágico, un algo que incita a recorrer una y mil veces sus callejuelas, y animadas plazas.
Peñalba de Santiago y sus siglos de vida rural
En menos de 25 kilómetros se llega desde la bulliciosa Ponferrada al místico valle del Silencio. Hay que hacer el recorrido con los ojos muy abiertos para, por el camino, no perderse el tejo milenario en San Cristóbal de Valdueza, el alto del Portillo de Bouzas y el mirador de la Tebaida Berciana.

Tras estas paradas obligatorias, y cuando las montañas se cierran y el valle se afina, aparece Peñalba de Santiago colgado en la ladera, con sus casas de piedra y pizarra, sus balcones de madera y una iglesia mozárabe.
Las calles de Peñalba no siguen planos, simplemente serpentean, se estrechan y obligan a caminar despacio. Son empedradas, irregulares, y muchas veces apenas permiten el paso de dos personas. Aquí no hay aceras, ni líneas rectas porque el pueblo responde a la orografía, al clima y a siglos de vida rural. Las viviendas tradicionales parecen surgir del suelo; están construidas con pizarra oscura y piedra local, y sus primitivos tejados de laja protegen del frío y de la nieve, mientras que los balcones y corredores de madera les dan calidez.
En Peñalba se esconde la iglesia de Santiago de Peñalba que se la sitúa popularmente en el siglo XI, pero que fue consagrada en el año 937, en pleno siglo X, en el corazón del valle del Silencio, cuando este paisaje era solo un retiro espiritual. Este templo, que parece nacido del silencio, se levantó bajo el impulso de san Genadio, eremita y obispo de Astorga. Es una de las joyas del arte mozárabe peninsular por su poco común planta de cruz griega, sus arcos de herradura muy cerrados que buscan recogimiento, y su doble ábside enfrentado, uno hacia oriente y otro hacia occidente. La iglesia forma parte del paisaje, como si hubiese emergido de la montaña.
El valle del Silencio y san Genadio
Pero lo verdaderamente insólito no es sólo el pueblo, sino el escenario que lo abraza, el desconocido valle del Silencio, una hendidura profunda en los montes Aquilianos, donde el silencio es protagonista, y donde se instalaron los eremitas en antiguas cuevas que dieron fama mística a la zona. Desde Peñalba salen caminos que no son rutas turísticas, son senderos eremíticos, trazados a fuerza de pasos repetidos durante siglos por monjes que se desplazaban entre cuevas, huertos, fuentes y refugios.

Aquí, rodeados de robles, castaños, avellanos, arroyos estrechos, y manantiales ocultos, se llega a lo más alto del valle, donde, casi escondida, está la cueva de San Genadio. Según la tradición, en esta gruta, el santo se retiraba en soledad y en silencio absolutos. No es una cueva espectacular, solo es un espacio mínimo y casi áspero en el que, según la leyenda, el ahora santo escribía sus textos luchando contra tentaciones y visiones.
Dicen que aquí vinieron eremitas buscando escuchar a Dios, y que se quedaron porque el paisaje susurraba y porque el valle entero era como un monasterio sin muros.
La recomendación
Un imprescindible en Ponferrada es la Fábrica de la Luz. Considerada una joya del patrimonio industrial español, este proyecto museístico ha recuperado tras 40 años un lugar de gran relevancia arquitectónica para las comarcas del Bierzo y Laciana, la antigua central térmica de la Minero Siderúrgica de Ponferrada. Está formada por varios edificios restaurados con la mínima intervención para conseguir la máxima conservación. Es un museo vivo y un espacio cultural que muestra cómo se producía electricidad a partir del carbón, con maquinaria original y testimonios de antiguos trabajadores. Además, hay talleres científicos y culturales y exposiciones temporales.
Dónde dormir
AC Hotel Ponferrada (Ponferrada). A cinco minutos del centro de la ciudad, se encuentra en una de las zonas más bonitas del Bierzo.
Hotel Rural Pajarapinta (Molinaseca). Alojamiento con encanto rural.
Hotel Valle del Silencio (San Esteban de Valdueza). A pocos kilómetros de Peñalba, está rodeado de bosques y prados, junto al río Oza. Es un refugio para quienes buscan silencio y conexión con la naturaleza.
Fogar Mozárabe (Peñalba de Santiago). Colección de casas rurales boutique con una estética tradicional. Son ideales para quienes buscan la sensación de estar “en casa” en un pueblo histórico.
Dónde comer
La gastronomía de Ponferrada destaca por sus productos de temporada y por su tradición pastoril y agrícola, con carnes, embutidos, verduras de huerta y productos de caza excelentes. El botillo del Bierzo es el plato estrella y suele servirse con cachelos o berza. Otro imprescindible es la cecina de León, así como los embutidos y chacinería a base de chorizo, salchichón o morcilla elaborados de forma artesanal. Uno de los placeres más que recomendables es entrar en sus bares donde el vino mencía se sirve acompañado de tapas.
EN PONFERRADA:
La Casa del Botillo. Todo un referente para probar el botillo tradicional y los pimientos asados.
Muna. Es una experiencia de alta gastronomía contemporánea con carnes, verduras y productos locales.
7 Sillas. Clásico en el centro histórico, muy valorado por locales por sus carnes, guisos de la tierra y tapas con vinos de la región.
EN PEÑALBA DE SANTIAGO:
Aromas del Oza. Cocina tradicional con toques contemporáneos. Destacan los canelones de morcilla y miel, las setas y las verduras.
La Cantina. Guisos tradicionales en dosis generosas y excelente pan. Las vistas desde la terraza al valle del Silencio son envidiables.

