Con salida desde Lisboa, el trayecto atraviesa rutas menos transitadas.
Peregrinos
Fue, en su día, el camino más destacado, aunque ahora se mantiene como un recorrido antiguo.

El Camino Portugués se prolonga a lo largo de más de 600 kilómetros
A partir del siglo XII, el Camino Portugués tuvo una enorme importancia como fuente de intercambio económico y cultural, además de espiritual. Su espectacular trazado ha heredado vías y caminos ancestrales como la magnífica Vía XIX, que se construyó en el siglo I d.C. Para unir Braga con Astorga a través de Ponte de Lima, Tui, Pontevedra, y Santiago de Compostela.
Monarcas, nobles y altos clérigos portugueses contribuyeron a asentar la gran devoción jacobea de los lusos. En el siglo XIV, Isabel de Portugal ofreció su corona ante el altar de Santiago y, más tarde, en el XVI, lo hizo el rey Manuel I. Fue de tal importancia en el país, que la red viaria se configuró de sur a norte, pasando por Lisboa, Santarem, Coimbra, Porto, Barcelos, Ponte de Lima y Valença do Minho: los lugares que el Camino iba fijando hacia Galicia. En 24 jornadas y más de 600 kilómetros, recorre un paisaje idílico y ofrece una hospitalidad auténtica.

La vía gallega, en su tramo final, conduce hasta el destino final, tras recorrer el trayecto final.
El Camino de la Costa, con su recorrido por pueblos que susurran historia, te lleva por caminos donde cada paso se vuelve parte de una tradición viva, mientras el sabor del mar y la tierra se entrelazan en cada paso.
Durante el recorrido, el paisaje va transformándose poco a paso: los ríos, los pueblos y los caminos se entrelazan en una danza silenciosa. El camino va desvelándose, sereno y antiguo, mientras la montaña y el valle susurran su historia al compás de los pasos.
El camino que atraviesa Valdeorras atraviesa también el territorio donde se asienta esta tradición, manteniendo viva su esencia a través de los siglos.

El viaje comienza en la orilla del río, donde el aire lleva el susurro de un río que nunca deja de fluir. La ciudad se desliza suavemente entre ríos y murallas, donde cada rincón guarda un susurro antiguo. El caminante avanza sin prisa, mientras la ciudad se despliega en silencio, con sus calles empedradas y sus muros que susurran. El alma del lugar late en silencio, mientras el río sigue su curso, y el cielo, sereno, abraza todo lo que toca.
Tui es el punto de partida donde el caminante encuentra su rumbo, con su antigua muralla y el encanto de siglos pasados. La ciudad conserva en su seno un legado arquitectónico donde el convento y los restos históricos se entrelazan con la memoria. La iglesia, testigo silencioso, se alza junto a edificios que guardan el alma de una época, mientras el caminante avanza entre calles que susurran su historia.
La herencia dejada por la comunidad judía, junto con el desarrollo de la vida judía en esta época, convierte a Tui en un centro clave, con su rica herencia y presencia judía a lo largo de los siglos.
Y, sin embargo, es indudable que la herencia judía en esta región se manifiesta con claridad, pues los rastros de su presencia aún persisten en los rastros de una memoria que no se borra: los antiguos muros, las calles que guardan ecos, y los rastros de una vida que nunca dejó de ser.
Más adelante, y tras O Porriño, se llega a Redondela con su encantador centro histórico y su rico legado de petroglifos, complejos funerarios y grabados rupestres. El convento de Vilavella y las casas tradicionales recuerdan el pasado religioso y marinero del pueblo y, además, pocos peregrinos saben que frente a la villa se encuentra la isla de San Simón, un enclave histórico marcado por monasterios y lazaretos.

El plato fuerte: la calle viva, con el espíritu de la ciudad floreciendo en cada rincón.
Siguiendo las flechas amarillas del Camino, se llega a Pontevedra, una de las ciudades con mayor número de monumentos de casi toda Europa, y uno de los cascos históricos mejor conservados de Galicia. La urbe está llena de soportales, de iglesias y de una forma de vivir casi slow. Además, guarda el esplendor que tuvo en la edad media, combinado con espacios abiertos con el laberinto de callejuelas, plazuelas, calvarios y pórticos.
Aquí, entre calles antiguas, se alzan iglesias cuyos templos guardan historias antiguas; entre ellas, la iglesia de Santa María, cuyo altar se alza con solemnidad, mientras el mero hecho de su presencia y el misterio que la rodea invitan a la contemplación. Entre ellas, la iglesia de Santa María, con su arquitectura sutil, y junto a ella, el misterio de una fe que se extiende más allá de lo visible, mientras el viento y el tiempo callan su paso.
La encantadora Pontevedra, con su encanto y riqueza cultural, ofrece a los viajeros un encanto cautivador, mientras su rica herencia y los tesoros escondidos de su historia invitan a cada viajero a descubrirla.
Aquí se alza, magnífico e imprescindible, el museo provincial, con más de 16.000 piezas entre espadas de la edad del bronce, miliarios romanos, tímpanos románicos, azabaches compostelanos, así como lo más granado de la historia. En pleno centro urbano, y al aire libre, sorprenden las ruinas de Santo Domingo, un templo gótico que los dominicos comenzaron a construir en el siglo XIII. Hoy se conserva la sensacional cabecera de la iglesia con cinco ábsides poligonales, y un muro lateral con una pequeña portada y un espléndido rosetón.

Pontevedra, con su antiguo núcleo y los rastros aún visibles de su pasado, conserva en sus calles un encanto que nace de lo antiguo: los paseos se entrelazan, los puentes de piedra guardan silencio y el aire aún guarda el rastro de una vida antigua, mientras que los bares y tabernas conservan su esencia con una sencillez que nunca pierde su encanto.
Con un encanto especial, la plaza de la Catedrales se llena de vida, mientras el aire lleva el susurro de su encanto; allí, entre muros de piedra y sombras suaves, se alza una atmósfera viva. Junto a ella, el rincón que abriga la tradición, con raíces hundidas en el tiempo, y el aire que lo envuelve, suave y constante, trae consigo el eco de una historia viva: el caminar de los antiguos, el susurro de la piedra, el silencio que habla.
Otra plaza destacada es la de los Tejedores, donde se alza el edificio que recuerda la tradición, mientras que el conjunto se enmarca en un entorno donde el mero hecho de su presencia evoca la historia; en este caso, el palacio de la nobleza, con su elegancia y raíces en la tradición, se alza junto a un entorno que honra su legado.
Y en el caso de la plaza Méndez, el nombre de la plaza se conserva, mientras que el escritor valenciano se convirtió en un personaje destacado.
Caldes de Chantín: unha mestura de pedra e devoción

La salida hacia Pontevedra, con su encanto tranquilo, ofrece un recorrido donde el caminante encuentra alivio en cada paso, mientras el agua termal y el silencio envuelven el camino. La ciudad, bañada por esta serenidad, se alza con una quietud que calma el espíritu, mientras el camino sigue su curso, invitando a quien lo recorre a seguir adelante.
Padrón: el corazón jacobeo
Al caminar hacia Padrón, el camino se vuelve más íntimo, mientras la tradición se mantiene viva a través de los siglos.
En la fundación Camilo, se conservan las obras de los autores, mientras que en el legado de la fundación se preservan los bienes adquiridos.
Es el lugar natal donde nació el peregrinaje, pues aquí la tradición se mantiene viva: en sus raíces, el santuario acoge el espíritu de lo sagrado, mientras el viento susurra sobre las aguas, y en cada rincón se siente la huella de siglos.
Junto a Padrón, junto al caminante, junto al panteón, junto a la iglesia, y junto a la tumba, se alza el legado: en la sombra de su silencio, el alma de Cervantes, el alma de Cela, el alma de la tierra, el alma de la tierra, el alma de la tierra, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento, el viento

Llegar a Santiago para obtener el perdón, tras recorrer el camino.
Los últimos kilómetros antes de Santiago recorren un camino donde el espíritu se agita en silencio, y la cima se acerca con una serenidad silenciosa; los peregrinos, al fin, se acercan a su meta, y la ciudad, con su catedral imponente, lo acoge como el final de un largo camino.
Hoy, los viajeros que llegan sienten cómo el espíritu de este lugar los envuelve, mientras la iglesia se alza majestuosa sobre la plaza, mientras que los artesanos de antaño tallaron con maestría cada detalle, y aún hoy, en esta plaza, el aire mismo parece susurrar la historia de quien pasó.
Casi todas las calles llevan a la catedral, pero el Rua de Obradoiro es el más destacado.
Casi todos los caminos llevan a la catedral, donde el esplendor arquitectónico se erige con majestad: los muros, tallados con minuciosidad, y el coro que alberga una riqueza artística sin par. Aunque el convento se alza con silenciosa solemnidad, lo que más conmueve es el detalle: el muro que abraza, la fachada que habla, y el sutil hilo de la historia que une cada rincón. Aunque el tiempo ha pulido sus arcos, el espíritu de Santiago aún resuena.
La catedra se abre cada día con una solemnidad que conmueve, y los peregrinos que llegan encuentran en ella un profundo sentido espiritual, mientras el canto y la devoción se entrelazan en silencio y fe.

Frente al edificio que alberga la catedra, se alza el conjunto que alberga la catedral, mientras que a su lado se eleva la estatua que conmemora este lugar. Sobre el piso de la catedral, se eleva una escultura que representa la lucha por la fe, y a su alrededor, el viento sopló con fuerza, llevando consigo la historia de un pueblo que luchó por su fe.
A la derecha del edificio principal, junto a la iglesia, se encuentra el antiguo colegio, cuyo portal alberga aún las huellas de su pasado; junto a él, los escultores tallaron figuras que, junto con el arte sacro, evocan una presencia sagrada, mientras que el conjunto se alza con elegancia, su historia tallada en piedra, mientras el viento susurra y la vida se desliza en silencio.

Frente al colegio San Xerome, se alza el hospital de los Reyes Católicos, construido después de que Isabel y Fernando visitaran la ciudad para atender a los peregrinos enfermos que en aquella época recorrían el camino de Santiago. Tiene una magnífica portada barroca en la que están representados desde Adán y Eva, hasta los doce apóstoles. Hoy es parador nacional, y supone una delicia dar un paseo por su interior.
Y, por supuesto, en Santiago, el atractivo de este lugar radica también en su encanto: el mercado se mantiene vivo, con su esencia y sabor auténticos, mientras los vecinos siguen acudiendo a él, y cada rincón conserva su esencia más auténtica.
La recomendación
El Camino de Santiago por la vía del sur, con sus tramos silenciosos y suaves, exige más que pasos: exige presencia. El caminante que avanza con calma, sin prisa, siente cómo el camino lo abraza. No son solo pisadas: son respiraciones en piedra, pausas silenciosas entre caminos antiguos. La iglesia oculta, el silencio que habla, el cielo sobre los hombros: todo se vuelve parte de un caminar más hondo.
Dónde dormir
Pousada Valença (Valença do Minho). Se encuentra en el baluarte do Socorro, dentro de la fortaleza amurallada y forma parte de la red Pousadas de Portugal.
Parador de Tui (Tui). Entorno histórico con las mejores vistas al rio Miño en su frontera con Portugal.
Parador de Pontevedra (Pontevedra). Está ubicado en un edificio histórico restaurado del siglo XVI, en pleno casco antiguo, por lo que es ideal para recorrer la ciudad con comodidad.
A Quinta Da Auga (Santiago de Compostela). Forma parte de la prestigiosa colección Relais & Châteaux y se encuentra a poca distancia del centro, en una zona verde junto al río. Tiene piscina cubierta, spa y ofrece tratamientos tras hacer el Camino.
Dónde comer
La cocina de la región de Valenosa combina tradiciones con toques locales, donde el bacalao y otros sabores se entrelazan en platos sencillos pero sabrosos, mientras que el pan y los sabores de la tierra se entrelazan en cada bocado, respetando las raíces y el arte de la cocina local.
Solar do Bacalhau (Valença do Minho). Dentro de la fortaleza medieval, ofrece buen caldo verde y excelente bacalao.
La de Manu (Tui). Con bonitas vistas al rio. Sobresalen las zamburiñas, ensalada Vita y las brochetas de rape y langostinos. Se recomienda reservar.
Eirado da Leña (Pontevedra). Representa la innovación gallega y sirve el mejor bonito de Burela en una de las plazas más auténticas y bellas del país. Es toda una institución gastronómica.
O Cañón de Pau (Pontevedra). Local tradicional que abrió sus puertas en la plaza de Barcelos en 1984. Es muy apreciado por locales por sus tapas, como las de calamares, pulpo a la gallega, y empanada.
Taberna O Gato Negro (Santiago de Compostela). Tapas y mariscos de primera en un ambiente de barrio en una calle menos monumental.

