Ni los Alpes, ni las Dolomitas: el espectacular paraje aragonés que parece sacado de Italia
Viajes
Este espectacular paisaje se alza en pleno Prepirineo aragonés y sorprende a quienes lo visitan con sus imponentes paredes verticales que alcanzan hasta los 275 metros de altura
La isla de Cantabria de la que durante muchos años quien iba no podía volver y a la que ahora se puede llegar andando para ver sus edificios abandonados

Los Mallos de Riglos, una joya de la naturaleza ubicada en pleno Prepirineo aragonés

Muchos españoles amantes de la naturaleza visitan cada año los Alpes o las Dolomitas, pero no todos conocen la joya que tenemos en nuestro país. El espectacular paisaje de los Mallos de Riglos se alza en pleno Prepirineo aragonés y sorprende a quienes lo visitan. Sus imponentes paredes verticales, que alcanzan hasta los 275 metros de altura, emergen de forma abrupta sobre el valle del río Gállego, creando una estampa que recuerda a los grandes escenarios alpinos europeos, aunque su ubicación está mucho más cerca.
Situados en la localidad de Riglos, en la provincia de Huesca, los Mallos de Riglos son formaciones geológicas compuestas por enormes peñas verticales de conglomerado, modeladas durante millones de años por la erosión y los procesos geológicos asociados a la formación de los Pirineos. Tal y como desvelan desde la página de Turismo de Aragón, su origen se remonta a la orogenia alpina, cuando los sedimentos arrastrados hacia la antigua depresión del Ebro se compactaron y, posteriormente, fueron elevados y erosionados hasta dar lugar a estas paredes tan singulares.
Un monumento natural con paredes de vértigo

La singularidad del enclave es tal que en 2016 el Gobierno de Aragón declaró el conjunto como Monumento Natural de los Mallos de Riglos, Agüero y Peña Rueba, una figura de protección que reconoce su valor paisajístico, geológico y ecológico. Estas moles rojizas destacan especialmente por su verticalidad y por su aislamiento visual, acentuando la sensación de grandiosidad incluso desde cotas bajas.
Cada uno de los mallos tiene nombre propio, como el Pisón, el Firé o el Puro, y muchos superan los 250 metros de desnivel continuo. El espolón norte del Pisón, por ejemplo, alcanza los 275 metros de altura máxima, convirtiéndose en uno de los grandes iconos naturales del norte de España y en un referente internacional para la los amantes de la escalada.
Qué ver y qué hacer en los Mallos de Riglos

Visitar los Mallos de Riglos es mucho más que contemplar un paisaje. El entorno ofrece rutas senderistas que permiten rodear estas formaciones y observarlas desde distintos miradores naturales, siendo especialmente recomendable el sendero circular que bordea los mallos. Al atardecer, su característico color rojizo se intensifica y convierte el lugar en un escenario de lo más fotogénico.
La zona es también un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza y la observación de fauna. Sobre sus cimas redondeadas sobrevuelan con frecuencia buitres leonados y otras aves rapaces, que encuentran en estas paredes rocosas un refugio ideal para anidar. Esta biodiversidad, unida al contraste entre el verde del valle y los tonos ocres de la roca, convierte el enclave en un destino muy valorado por amantes de la naturaleza y fotógrafos.
Para los más activos, la escalada es una de las actividades estrella. Con alrededor de 200 vías abiertas, muchas de elevada dificultad, Riglos se ha consolidado como uno de los destinos de escalada en roca conglomerada más reconocidos del mundo. No obstante, también es posible disfrutar del paisaje sin experiencia técnica, caminando hasta zonas accesibles como algunos miradores naturales o puntos elevados cercanos.
En definitiva, los Mallos de Riglos demuestran que no hace falta viajar a Italia o a los grandes sistemas alpinos para contemplar paisajes de vértigo. Este paraje aragonés combina geología, biodiversidad y actividades al aire libre en un escenario único que, pese a su creciente fama, sigue siendo una joya auténtica y secreta dentro del paisaje natural español.
