Viajes

Arquitectura histórica y vistas al Guadalquivir: el tesoro de Córdoba que se disfruta mejor en primavera

Pueblos singulares

Con temperaturas suaves y días luminosos, la primavera se presenta como la estación perfecta para recorrer sus calles con calma, disfrutar de sus miradores y adentrarse en sus museos

La joya medieval de Navarra que está a dos horas de Bilbao y guarda uno de los castillos más espectaculares del país

Vista de Montoro, Córdoba

Vista de Montoro, Córdoba

Wikipedia

En el corazón del valle del Guadalquivir se esconde un tesoro de fachadas rojizas, calles quebradas y miradores infinitos que en primavera se disfruta sin prisas (y sin sofocos). Hablamos de Montoro, uno de los pueblos más fotogénicos de la provincia y una escapada ideal cuando el calor aún no aprieta demasiado.

Encaramado sobre un meandro del río, en el noreste de la provincia de Córdoba, este municipio ofrece una estampa inconfundible: casas suspendidas sobre la roca, tejados morunos y una paleta de tonos rojizos que se funden con la luz cambiante del día. Su ubicación, junto al Parque Natural Sierra de Cardeña-Montoro, le aporta además un entorno especial que refuerza su carácter paisajístico.

Vista de Montoro junto al río Guadalquivir
Vista de Montoro junto al río GuadalquivirWikipedia

Su historia arranca en el Paleolítico y ha sido moldeada por romanos, musulmanes y cristianos. Tal y como se desvela en el Diario Córdoba, durante cinco siglos perteneció a Al-Ándalus, y ese pasado se percibe en el trazado irregular de sus calles, y en la armonía entre piedra molinaza y cal blanca. Con el tiempo, las puertas de herradura dieron paso a iglesias altivas y casas blasonadas, creando un casco histórico bien conservado.

Un paseo por la Corredera de Montoro conquista a sus visitantes, gracias a sus numerosas tiendas tradicionales y balcones de hierro forjado. En la plaza de España se alza la antigua sede del palacio ducal de la Casa de Alba, hoy ayuntamiento, con su portada plateresca. Muy cerca, podemos encontrar la iglesia de San Bartolomé conocida por su esbelto campanario, mientras que templos como el Carmen o Santa Ana completan un patrimonio religioso muy llamativo.

Sin embargo, una de las imágenes más icónicas del pueblo es el meandro del Guadalquivir. Desde los miradores, como el que está cerca del paseo del Realejo, se obtienen algunas de las mejores panorámicas: el río dibujando su curva perfecta y el caserío blanco y rojo reflejando la luz. No es de extrañar que muchos lo definan como el “Toledo andaluz”, una ciudad majestuosa llena de detalles.

Montoro, uno de los pueblos más calurosos de España

Pero si hay algo que ha dado fama nacional a Montoro es su calor extremo. En agosto de 2021 alcanzó los 47,4 ºC, situándose entre los registros más altos de España. Según desvela el diario Día de Córdoba, su localización en el valle del Guadalquivir, encajonado entre sistemas montañosos y próximo a Sierra Morena, favorece que el aire caliente quede estancado y se recaliente. A ello se suma la entrada de masas de aire procedentes del Sáhara y la escasez de brisas vespertinas, factores que disparan los termómetros verano tras verano.

Precisamente por eso, la primavera se presenta como la mejor época para visitarlo. Con temperaturas suaves y días luminosos, es posible recorrer sus calles con calma, disfrutar de sus miradores y adentrarse en sus museos sin el riesgo de las olas de calor que a menudo superan los 40 grados. El municipio conserva su encanto, pero el paseo es mucho más agradable.

En una escapada a Montoro no pueden faltar el Museo Arqueológico, el dedicado al pintor Antonio Rodríguez Luna o un recorrido nocturno por el casco histórico. Y, por supuesto, una incursión en el parque natural, donde los amantes de la naturaleza podrán observar encinas, alcornoques y pinares en cada rincón.

El salmorejo, un plato típico de Córdoba
El salmorejo, un plato típico de Córdoba

Finalmente, la experiencia se completa en la mesa. En Montoro y su entorno son típicos el salmorejo, el flamenquín, las carnes de caza y los productos derivados del cerdo ibérico, sin olvidar el aceite de oliva virgen extra de la zona. Platos contundentes y sabrosos que, como su clima, hablan de una tierra intensa que todo turista debe conocer.