Grupos de veterinarios alzan la voz contra la cultura de los ‘bebés peludos’
Tendencias sociales
Advierten que tratar a las mascotas como a niños crea problemas de bienestar animal

La de un perro paseado en cochecito (e incluso con chupete) comienza a ser una estampa urbana habitual

“Algunos veterinarios vemos el auge del bebé peludo como un gran problema para los animales y su bienestar”. La afirmación es de Eddie Clutton, anestesista veterinario, profesor de la Universidad de Edimburgo y uno de los pioneros en la defensa del bienestar animal que, junto con otros prestigiosos veterinarios británicos –Tanya Stephens, Polly Taylor y Kathy Murphy–, han aprovechado su nuevo libro - Controversias veterinarias y dilemas éticos (CRC Press 2025)–, para alertar de que convertir a las “mascotas” en un miembro más de la familia y tratarlas como si fueran niños no siempre es lo mejor para los animales.
Argumentan que, cuanto más valor conceden los dueños a su animal, más esfuerzo y dinero están dispuestos a invertir en él, y eso puede conducir a intervenciones médicas y quirúrgicas más intensivas que no siempre los benefician. Los autores del libro consideran que se pueden estar produciendo casos de “sobrediagnóstico y sobretratamiento” que puede causar más sufrimiento que beneficio a los animales, en ocasiones por la insistencia de sus propietarios o tutores (que se fían de los consejos que ven en las redes sociales) y, en otras, impulsados por los intereses de organizaciones financieras que han entrado en el negocio del cuidado y la salud animal.
“El hecho de que los animales de compañía hayan ganado posiciones dentro de la familia hace que la gente esté dispuesta a hacer mucho más por ellos, y eso está bien; pero al subir su valor también hay fondos de inversión que se han lanzado a comprar clínicas y hospitales veterinarios y que ponen al frente de ellos a un gestor que lo que prioriza es cubrir unas determinadas ganancias anuales para los accionistas”, coincide Paula Calvo, etóloga y experta en antrozoología.
Puntualiza, no obstante, que el problema no es que el animal suba de categoría en las familias sino que alguien quiera lucrarse con ello, práctica que, por otra parte, considera acotada a ciertos negocios y no generalizada entre los profesionales veterinarios.
Los fondos de inversión compran clínicas veterinarias y ponen al frente a un gestor que prioriza las ganancias anuales para los accionistas
“En nuestra práctica diaria ese sobrediagnóstico no existe y la prueba es que el tiquet medio por animal no ha subido tanto; lo que sí hay es más preocupación por el animal, de modo que los tutores acceden a hacerles más pruebas y tratamientos”, afirma la presidenta del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya, Verónica Araunabeña.
A ello se suma, dice, que las herramientas diagnósticas y los tratamientos veterinarios han evolucionado mucho en los últimos años, así que pueden hacerse más cosas para mejorar o alargar la vida de los animales domésticos.
Nuestro límite para ofrecer tratamientos es el bienestar y la calidad de vida del animal, no el económico
“No se trata de que nos aprovechemos del estado de ánimo de los dueños para hacerles más pruebas o tratamientos; se trata de que si una persona está dispuesta a destinar varios miles de euros a hacer radioterapia a su perro yo no voy a decir que no vale la pena si con ello el animal va a vivir más y con buena calidad de vida; porque ese es nuestro límite, el bienestar del animal, no el económico”, enfatiza Manuel Lázaro, vocal del Colegio de Veterinarios de Madrid.
Pero que Lázaro y Araunabeña crean que los casos de sobrediagnóstico y sobretratamiento de los que hablan sus colegas británicos son solo una mala praxis minoritaria no quiere decir que no compartan su preocupación por el auge de la cultura de los bebés peludos y el trato excesivamente humano que algunas personas proporcionan a sus animales.

“Hay personas que, como pasa con los hijos, se obsesionan, los sobreprotegen y desarrollan un hiperapego que los perjudica, que va en contra de su socialización y de sus comportamientos”, dice Araunabeña. Asegura que lo ven en la consulta, donde cada vez hacen más diagnósticos de ansiedad por separación en perros y de estrés en gatos.
Besuquear al gato o pasearlo como si fuese un perro lo estresa y puede provocarle patologías urinarias y dermatológicas
“El perro ha de hacer de perro, hay que darle cuidado, paseo diario, alimentos (de perro) y momentos de juego, pero no sobreestimularlo, tratarlo como un niño, meterlo en la cama o dejarle hacer lo que quiera, porque no tener límites es lo peor para un perro: tendrá problemas de conducta”, dice la presidenta de los veterinarios catalanes. Y lo mismo ocurre con el gato: “Besuquearlo o pasearlo por la calle como si fuese un perro no es lo adecuado para ellos; se estresan y somatizan ese estrés con patologías de tipo urinario o dermatológico”, explica.
Del chupete al 'canettone' o las fiestas de cumpleaños
Negocios de todo tipo se afanan en convertir el afecto al animal en una fuente de consumo masivo
El mercado ha identificado como un nicho de negocio altamente lucrativo el fortalecimiento del vínculo humano-animal. La cultura de los bebés peludos se ve impulsada y ampliada a diario por campañas de marketing dirigidas a convertir el afecto hacia el animal en un fenómeno de consumo masivo. Cada vez son más los artículos y servicios infantiles que se replican en versión animal (sobre todo canina). Desde chupetes que prometen ofrecer consuelo y liberar de estrés al animal hasta cannetones (versión canina del Panettone) o turrón para compartir los festines navideños, pasando por todo tipo de prendas de vestir o complementos para que propietario y animal vayan “a juego”, juguetes de estimulación mental, parques acuáticos o fiestas de cumpleaños. Una amplia oferta de productos que no siempre responden a las necesidades biológicas reales de los animales.
Los especialistas consultados defienden que el problema no es antropomofizar a los animales –“eso se ha hecho siempre y por eso se domesticaron”, coinciden–, sino llevarlo al extremo, humanizar al animal fuera de los niveles en que dejan de hacer su comportamiento como tal.
Ponen como ejemplo una estampa cada vez más cotidiana en las ciudades españolas: una persona empujando un carrito de bebé con un perro dentro. “No se trata de criminalizar a quien lo pasea así porque el animal tiene problemas de movilidad y esa es la forma de sacarlo a la calle para que reciba estímulos; pero lo que no puede ser es que se lleve en carrito a un cachorro o a un perro que puede andar porque ‘queda mono’ o para que no se canse, porque los perros han de caminar, es necesario para su salud”, remarcan Calvo y Araunabeña.
Y se trata, según esta última, de un fenómeno al alza: “El colectivo que acoge animales es cada vez más joven y muchos no tienen hijos, y se vuelcan en el animal como si fuese su bebé; llegan a la clínica y te dicen ‘es mi niño’, y vuelcan toda su afectividad en ellos como si se tratase de una persona, y ese hipervínculo perjudica al animal”.
Muchos no tienen hijos y vuelcan toda su afectividad en el animal, y ese hiperapego lo perjudica
Lázaro admite que algunas mascotas están rellenando el hueco y ocupando el valor emocional de un hijo porque hoy muchas parejas jóvenes posponen el momento de tener descendencia. “Hay personas que exageran el vínculo y establecen relaciones patológicas; lo vemos cuando han de enfrentarse a la eutanasia porque el animal ya no puede hacer la vida que le corresponde y tiene dolor, y no son capaces de afrontarla para aliviarle”, comenta.
Pero cree que este tipo de comportamientos y vínculos patológicos con los animales son la excepción y tienen más que ver con la influencia del marketing y de los contenidos de las redes sociales que con la actitud o el sentir de la mayoría de propietarios y veterinarios respecto a los animales.
“Lo malo son los extremos; el antropomorfismo no es negativo en sí, porque estar más pendiente de las necesidades de nuestros animales de compañía permite que vivan más y mejor; hoy no es raro que un gato viva 20 años en familia mientras que, en la calle, es un éxito si supera los 9”, concluye Calvo, que acaba de publicar Amor de gato: tu gato te quiere y la ciencia lo demuestra (Ed. Aprendedores).



