“Burnout, culpa e insomnio”: el precio psicológico de cuidar colonias felinas sin apoyo institucional ni reconocimiento público
Felinos
Sobre el dolor de soltar, el apego emocional y la necesidad de relevo en las colonias felinas gestionadas con responsabilidad

El dolor de soltar, el apego emocional y por qué las colonias felinas no pueden depender de una sola persona

Un sentimiento que todas conocemos: el miedo a soltar. Has dado todo por ellos. Años de cuidados, noches sin dormir, rescates a deshora, visitas al veterinario, tratamientos pagados de tu propio bolsillo, discusiones con vecinos, lluvia, frío, calor, pérdidas. También amor. Mucho amor. Y un día, de repente, todo cambia. El cansancio se acumula. La rabia te consume. Tu cuerpo no responde. O te cambias de casa. O te echan de la asociación. O decides marcharte. Entonces llega el miedo: ¿Quién cuidará ahora de mi colonia? ¿Y si la descuidan? ¿Y si no lo hacen como yo? ¿Y si desaparecen?
Estas situaciones que viven muchas gestoras y personas que no lo son, forman parte de la impermanencia de la vida, del cambio constante… cada respiración nos envejece, qué decir de cada minuto, de cada hora, cada año... Nuestras circunstancias cambiarán, por mucho que lo queramos controlar todo. Porque nada depende solo de ti, ni de los otros, la vida está hiperconectada y si quieres evitar esta realidad, tu mente genera una inmovilización emocional profunda. Y no es debilidad: tiene nombre, explicación y solución.

Desgaste empático y síndrome de la cuidadora
Numerosos estudios, como los de la American Psychological Association, describen el “burnout del cuidador” como un estado de agotamiento físico, mental y emocional. Se da cuando una persona ha dedicado durante mucho tiempo su energía a cuidar de otros (en este caso, gatos), sin apoyo ni reconocimiento institucional. Los síntomas más comunes son la fatiga crónica, la irritabilidad, el insomnio, los sentimientos de culpa por “no llegar”, el aislamiento social por sentirte atacada ante cualquier comentario, o la negación.
Cuando el rol de cuidadora se convierte en el eje de tu vida, dejar de cuidar puede sentirse como perder una parte de ti misma. Cambios como mudarte de casa, salir de una asociación o decidir alejarte pueden activar lo que en psicología se llama duelo identitario: ya no sabes quién eres si no estás haciendo “lo de siempre”. Eso provoca un bloqueo mental, una sensación de que “nada puede cambiar” y “yo no puedo moverme de aquí”. Incluso aunque estés agotada, seguirás haciéndolo, porque crees que no tienes alternativa.
Desde el enfoque del trauma, se habla de tres respuestas clásicas ante una amenaza: lucha, huida o bloqueo (freeze). En este último caso, la persona se queda paralizada, emocionalmente congelada, incapaz de tomar decisiones, aún sabiendo que la situación no es sostenible. El cuerpo empieza a “apagar funciones” para sobrevivir: falta de motivación, insomnio, apatía, ansiedad, sensación de inutilidad… Es un sistema de defensa natural, pero que sin acompañamiento puede convertirse en un laberinto emocional difícil de salir.
La culpa: el bucle que no te deja avanzar
Una de las emociones más peligrosas en estos casos es la culpa paralizante. “Si me voy, los gatos sufrirán. Si me quedo, yo me hundo. Pero no hay nadie más. Así que sigo.” Este dilema sin salida genera lo que se conoce como estrés moral: sabes lo que deberías hacer para cuidar de ti, pero no puedes hacerlo sin sentir que estás fallando a otros. Es importante reconocer que esa culpa no es objetiva, sino el resultado de haber asumido durante demasiado tiempo una responsabilidad estructural que debería ser compartida. Para salir del bloqueo es relevante reconocer tus límites, ya que cuidar de ti es también cuidar de ellos. Debes asumir que no eres imprescindible, pero sí muy valiosa. También puedes hablar con otras gestoras; compartir emociones reduce el peso. Organizar relevos con tiempo, no permitas que todo te colapse, o pedir ayuda profesional o comunitaria.
Además, es importante entender que una colonia no es “tuya”, sino una responsabilidad compartida. Gestionar una colonia no te convierte en su dueña, sino en su cuidadora temporal, responsable, amorosa y necesaria. Pero el apego emocional extremo, aunque comprensible, puede ser un riesgo: porque cuando no podemos soltar, tampoco podemos delegar, descansar ni acompañar desde la calma. A veces el apego se confunde con control. Y entonces cargamos solas con todo: capturas, retornos, quejas, conflictos, gastos, silencios… Hasta que el cuerpo o la mente dicen basta. Y lo que no soltamos a tiempo, se rompe.
Cuando una colonia queda sin relevo o sin organización, las consecuencias son duras: retroceso en el trabajo hecho, denuncias vecinales, abandono institucional, reproducción descontrolada, conflictos, e incluso violencia. Pero sobre todo, el sufrimiento de los propios gatos. Gatos que antes comían, estaban esterilizados, tenían atención, pasan a vivir sin protección. Porque no había una red. Porque nadie sabía qué hacer. Porque todo dependía de ti.
Pero saber delegar no es rendirse. Es entender que cuidar también implica organizar el cuidado, incluso cuando tú ya no estés. Y eso es un acto de amor profundo. Por eso, en Mishilovers acompañamos a las gestoras que necesitan hacer un paso al lado. Te ayudamos a preparar ese relevo sin culpa, con serenidad, con herramientas, con acompañamiento. Hacer un traspaso responsable implica: entregar censos, explicar las rutinas, compartir protocolos, avisar a los técnicos municipales, dejar los contactos actualizados y facilitar la continuidad.
Eso también es cuidar. No estás fallando: estás sosteniendo de forma realista, con visión a largo plazo.
Preparar el relevo: un acto de amor consciente
Nadie es imprescindible.Y eso no nos hace menos valiosas. Nos hace humanas. Por eso, si sientes que necesitas un cambio, una pausa, una nueva etapa, puedes dar el paso. Piensa que soltar a tiempo puede ser un regalo para ti… y para ellos. Porque cuando compartes la carga, compartes también el futuro. A punto de cerrar el año, tal vez sea buen momento para repensar tu rol. ¿Dónde estás tú en tu escala de prioridades? ¿Puedes seguir así otro año más? ¿Te apetece seguir sola? Desde Mishilovers te proponemos empezar 2026 más ligera, más acompañada, más en paz. Porque cuidarte también es cuidar. Y si aprendemos a soltar a tiempo, tal vez podamos construir juntas algo más fuerte, más colectivo, más amable. Los gatos no necesitan heroínas solas. Necesitan red, estructura y amor sostenible.

