Cuidados

Tu perro o gato se hace mayor: señales normales, alertas y cuidados que marcan la diferencia

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Pequeños cambios en el día a día pueden marcar una gran diferencia en la comodidad y la calidad de vida de los animales senior

Ver cómo tu perro se hace mayor es una experiencia tan dura como bonita

Ver cómo tu perro se hace mayor es una experiencia tan dura como bonita

Mikkel Bigandt

La atención veterinaria geriátrica vive un gran momento: perros y gatos alcanzan hoy una esperanza de vida media de 11,3 años, según datos de Francia. El conocimiento sobre cómo acompañarlos en esta etapa sigue avanzando y cada vez sabemos mejor qué necesitan. Ahora sabemos que pequeños cambios en el día a día pueden hacer maravillas y marcar una gran diferencia en la comodidad y la calidad de vida de los animales senior.La clave está en no quedarse al margen y acompañar activamente a nuestros compañeros de cuatro patas en su proceso de envejecimiento.

¿A qué edad se puede considerar viejo a mi perro o gato?

Un estudio basado en el análisis de más de dos millones de gatos y cuatro millones de perros nos ha permitido definir con mayor precisión las diferentes etapas de su vida. En el caso de los gatos, la vejez comienza en torno a los 10 años y se divide en fases de madurez, vejez y supervejez. En los perros, sin embargo, el proceso es menos uniforme y depende en gran medida del tamaño.

Las razas pequeñas y toy, con un peso inferior a 9 kilos —como los chihuahuas o los cavalier king charles spaniel—, entran en la tercera edad alrededor de los 7 años y pasan a considerarse mayores a partir de los 12. En cambio, los perros medianos y grandes, que superan los 9 kilos —como los welsh corgi, los golden retriever o los pastores australianos—, alcanzan esta etapa antes, en torno a los 6 años.

En cambio, los perros medianos y grandes, que superan los 9 kilos —como los welsh corgi, los golden retriever o los pastores australianos—, alcanzan esta etapa antes, en torno a los 6 años. 
En cambio, los perros medianos y grandes, que superan los 9 kilos —como los welsh corgi, los golden retriever o los pastores australianos—, alcanzan esta etapa antes, en torno a los 6 años. Creative Commons

No hay que alarmarse: esta nueva etapa no significa necesariamente que el final esté cerca. Más bien indica que es el momento de prestar más atención a nuestro animal y de ir adaptando poco a poco su entorno, su seguimiento médico y sus rutinas de cuidado para ayudarle a envejecer en las mejores condiciones posibles.

¿Qué es un envejecimiento saludable? ¿Cómo evaluarlo en tu mascota?

Antes de hablar de “envejecimiento saludable”, conviene recordar qué es envejecer: un proceso natural, gradual e inevitable. Con el paso del tiempo, los animales toleran peor el estrés ambiental y sus células acumulan daños, lo que da lugar a distintos cambios fisiológicos.

Entonces, ¿qué entendemos por un perro o un gato que envejece “con buena salud”? Un reciente artículo de consenso en el que he participado propone una definición adaptada a los animales de compañía: un animal anciano sano es aquel que conserva la capacidad y la resiliencia suficientes para cubrir sus necesidades físicas, conductuales, sociales y emocionales, manteniendo al mismo tiempo una relación estable y positiva con su cuidador humano.

Algunos signos son completamente normales: la aparición de canas, una ligera acumulación de sarro, una piel más fina o sentidos algo menos agudos. Estos cambios no suelen tener un impacto significativo en la calidad de vida.

En cambio, los problemas de movilidad que dificultan el acceso a recursos básicos —como levantarse, subir escaleras o interactuar con normalidad— no deberían considerarse simplemente “cosas de la edad”. Lo mismo ocurre con los primeros signos de disfunción cognitiva (un síndrome con ciertas similitudes con el alzhéimer), cuando el perro o el gato no encuentra su cuenco de comida o parece desorientado en casa. En estos casos, es necesario consultar al veterinario.

Por tanto, la calidad de vida se convierte en el criterio central para evaluar si un animal está envejeciendo de forma armoniosa. En perros y gatos se utiliza cada vez más el concepto de fragilidad, tomado de la geriatría humana.

¿Cómo evaluar la fragilidad de tu mascota?

Los animales clasificados como frágiles tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades y requieren un seguimiento más estrecho. La gran ventaja de este enfoque es que, igual que ocurre en humanos, si la fragilidad se detecta a tiempo, en algunos casos puede mitigarse. De ahí la importancia de realizar controles periódicos y ofrecer un apoyo precoz para cuidar mejor de nuestros compañeros ancianos.

El primer paso es hacer el entorno más accesible, de modo que el animal pueda llegar fácilmente a todos sus recursos: comida, agua, zonas de descanso y escondite, espacios de contacto, etc. Pequeñas adaptaciones pueden marcar una gran diferencia, como escalones para subir al sofá, cojines firmes y bajos o comederos elevados para perros y gatos con artrosis.

También es útil aumentar los puntos de acceso: dos o tres zonas de alimentación, varios lugares para dormir y más bandejas de arena fáciles de pisar. Algunas bandejas comerciales son demasiado altas para gatos con artrosis; una bandeja amplia y con borde bajo puede resultar mucho más cómoda.

Mantener una relación tranquila y positiva es fundamental. Cualquier conducta considerada “indeseada” debería valorarse siempre con un veterinario y un etólogo (o veterinario especialista en comportamiento), ya que puede reflejar una necesidad, una molestia o una dificultad. Un gato que araña la alfombra en lugar del rascador, por ejemplo, puede estar buscando una postura menos dolorosa. Algunos animales también se vuelven más ansiosos o reactivos con la edad o determinadas enfermedades; por eso es clave entender la causa y no castigarles, ya que esto puede dañar el vínculo sin resolver el problema.

La estimulación cognitiva y física debe mantenerse, pero adaptada a las capacidades del animal. Los comederos interactivos siguen siendo útiles si se eligen correctamente: una alfombra olfativa o un cuenco que se empuja con el hocico es preferible a sistemas que requieren movimientos complejos de las patas. El juego, el aprendizaje y las pequeñas sesiones de entrenamiento siguen siendo beneficiosos; a veces basta con acortar la duración y usar recompensas muy apetecibles, como pequeños trozos de pechuga de pollo o salchicha.

Los paseos también pueden adaptarse, por ejemplo utilizando bolsas o transportines cómodos y seguros cuando el perro se cansa, ya sea durante parte del paseo o todo él. Lo importante es que el animal siga teniendo acceso al exterior.

El juego, el aprendizaje y las pequeñas sesiones de entrenamiento siguen siendo beneficiosos. 
El juego, el aprendizaje y las pequeñas sesiones de entrenamiento siguen siendo beneficiosos. 

Finalmente, la dieta es clave en el cuidado de animales mayores. El envejecimiento conlleva cambios en la digestión y una pérdida gradual de masa muscular. Por lo tanto, se recomienda elegir una dieta de fácil digestión, con un aroma y sabor atractivos para su mascota y formulada específicamente para las necesidades de los animales mayores. Se debe evitar la carne cruda: suele presentar un desequilibrio en minerales, lo que puede ser perjudicial para los animales mayores, que son particularmente sensibles al exceso de fósforo o a proporciones inadecuadas de calcio y fósforo. Además, presentan un mayor riesgo para la salud, ya que su sistema inmunitario es menos eficaz. 

Por otro lado, combinar alimento seco (croquetas) y húmedo (terrinas, mousses, etc.) Suele ser beneficioso. Una comida casera cocinada (siguiendo el consejo de un veterinario) también puede ayudar al animal a recuperar el apetito. Y para los más exigentes, un truco sencillo puede ser suficiente: calentar ligeramente el alimento húmedo para realzar su olor y hacerlo más apetecible.

¿Cuándo debes acudir al veterinario?

Las revisiones veterinarias periódicas siguen siendo esenciales, sobre todo para mantener las vacunas y desparasitaciones al día. El envejecimiento debilita el sistema inmunitario, lo que hace que los animales mayores sean más vulnerables y requieran protección regular contra enfermedades infecciosas y parásitos.

Las consultas geriátricas tienen como objetivo monitorizar el proceso de envejecimiento, que es único en cada individuo. La primera consulta suele ser la más larga para permitir una conversación en profundidad e incluir pruebas adicionales si es necesario. Estos hallazgos iniciales servirán de referencia para las visitas de seguimiento. Idealmente, este seguimiento debería comenzar al inicio de la tercera edad. La frecuencia de las consultas depende entonces de la trayectoria del animal: cada seis meses si aparecen signos de fragilidad, o una vez al año si su condición se mantiene estable. 

El reto ya no es solo prolongar la vida de nuestros peludos amigos, sino, sobre todo, prolongar su salud. Al fin y al cabo, queremos que la disfruten el mayor tiempo posible, igual que lo haríamos con los humanos.

The Conversation

Sara Hoummady es miembro de la AFGASP (Asociación Francesa de Geriatría Animal y Cuidados Paliativos). Recibió una beca de la FVE (Federación Europea de Veterinaria) por su trabajo sobre el envejecimiento felino. Formó parte de un comité creado por un fabricante de alimentos para mascotas para debatir sobre el envejecimiento saludable en perros y gatos. Este artículo se ha publicado originalmente en The Conversation.

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