Alejandro Flores, adiestrador de canes: “Es un error hablar a tu perro o mascota como si fuera un bebé para educarle”
Cuidados
Tal como indica, ni las instrucciones extensas ni los dejes condescendientes son efectivos, ya que los canes no procesan la comunicación del mismo modo que los seres humanos.

Según lo señalado por el entrenador Alejandro Flores, las instrucciones extensas y las entonaciones protectoras no resultan efectivas, puesto que los perros no interpretan el lenguaje de la misma forma que los seres humanos.

El adiestramiento de perros va más allá de impartir mandatos o modificar comportamientos, pues busca establecer una armonía diaria entre personas y mascotas. Una metodología apropiada disminuye las tensiones, incrementa la calidad de vida del can y favorece su interacción con el medio que lo rodea. Bajo esta perspectiva, el experto en comportamiento animal Alejandro Flores resalta un aspecto frecuentemente ignorado: el modo en que establecemos comunicación con ellos.
Tal como indica, los comandos prolongados y el habla condescendiente no son efectivos. Los perros no comprenden la comunicación igual que los seres humanos, por lo cual las indicaciones han de ser concisas, transparentes y uniformes. Acomodar el lenguaje a su visión de la realidad no solo favorece la instrucción, sino que potencia la unión y ahorra múltiples complicaciones de trato diario usuales.
Flores, ya establecido como un referente prestigioso en el sector de la instrucción para perros debido a su metodología transparente, frontal y considerada hacia los seres vivos, sostiene que una formación adecuada no debe fundamentarse en la sobreprotección afectiva ni en comportamientos que traten al animal como a un niño. Desde su perspectiva, resulta esencial fijar reglas simples, un intercambio de señales lógico y una relación forjada a partir de la consideración recíproca. “Hablar a tu mascota como si fuera un bebé para educarla es un error que comete demasiada gente”.

Asimismo, afirma que bastantes dueños suelen emplear oraciones extensas, entonaciones tenues o términos afectuosos al hablarle al can, creyendo que de esa forma estrechan su relación. No obstante, tal forma de expresarse suele provocar desconcierto en la mascota, debido a que no vincula esos recados con comportamientos específicos. Por el contrario, sugiere mandatos breves, constantes y bien distinguidos, para que el animal logre comprender y reaccionar con una mejor efectividad.
De igual modo, el técnico recalca que la formación de canes no consiste únicamente en instruir piruetas o satisfacer el nivel de “obediente” para el dueño o la dueña, sino que posee un propósito más profundo: fomentar la integración del animal con su ambiente, prevenir escenarios peligrosos y garantizar su salud integral. Si un can cuenta con una buena instrucción, logra interactuar de forma óptima, consigue desplazarse con mayor confianza y la conexión con su cuidador resultará menos conflictiva.
No consiste meramente en impartir maniobras o en alcanzar el perfil de 'disciplinado'.
Un pilar esencial de la estrategia de Flores consiste en eludir tanto las demandas desmedidas como las sanciones. De acuerdo con su visión, establecer normas a través de alaridos, amenazas o rectificaciones drásticas resulta superfluo y perjudicial, ya que el can podría vincular el comportamiento de su cuidador o cuidadora con el miedo o la aversión. “Si yo exijo a mi perro, va a odiar que lo eduque”, sostiene. Por el contrario, una formación fundamentada en los estímulos favorables, el afecto y la tolerancia produce efectos superiores y un entorno más equilibrado.
Flores destaca que el factor determinante es el procedimiento. Si el instructor dispone de un modelo pedagógico eficaz, en el cual las directrices se replican con lógica, las gratificaciones son precisas y se regula el espacio de formación, entonces “no hace falta ni exigir ni castigarlo”. Este enunciado sintetiza su ideología: una enseñanza rigurosa pero afectiva, cordial a la par que organizada.

Al colaborar con canes y sus dueños, Flores analiza igualmente fallos comunes en los hábitos del hogar: como suponer que un can “ya lo hace todo perfecto”, apresurar la etapa de enseñanza o no ajustarse a la velocidad del ejemplar. Tales equivocaciones suelen generar desánimo tanto en el responsable como en el animal, y logran consolidar conductas negativas sin que la persona se percate. De acuerdo con su visión, la calma y la perseverancia resultan esenciales: la formación instructiva ocurre de manera progresiva.
Su actividad en las plataformas digitales le ha servido para difundir estos planteamientos, facilitando que mucha gente reevalúe su modo de tratar con sus mascotas y asuma que la formación de los perros integra tanto la técnica como la sensibilidad. Su discurso se distancia de la blandura extrema para defender un trato más real y asimilable por el can. En conclusión: se acabó el “bebés” al conversar con el animal, sustituyéndolo por instrucciones claras, estabilidad, apoyo y un gran compromiso de estima compartida.
