“Tener a primates como mascota o trabajando en espectáculos les genera problemas mentales”: los trabajos de rescate de la Fundación MONA
Chimpancés
La Fundación MONA lleva 25 años operando como una entidad comprometida con el rescate y la rehabilitación de primates que sufrieron explotación en el sector del circo y la televisión, con el firme propósito de otorgarles un nuevo comienzo vital.
El incremento de grabaciones recreativas con simios en entornos digitales representa el peligro más serio para la supervivencia de estos animales. “Niños de cinco años decían que habían visto cómo le pintaban las uñas a un mono o le hacían la ‘skincare routine”

Fundació MONA

El frío se ha intensificado bruscamente en Girona, obligando a los chimpancés de la Fundació MONA a resguardarse bajo las mantas entregadas por sus cuidadoras. Esta escena capta el interés de los alumnos que acuden en esa jornada a las instalaciones de rescate y rehabilitación de primates. Clàudia y Anna, un par de estudiantes de tercero de ESO, afirman no haber observado jamás a un chimpancé de cerca y admiten su asombro ante la similitud con las personas y las historias de su llegada al lugar. “Pensábamos que la visita sería solo ir a ver chimpancés, pero nos ha impactado la historia que hay detrás”.
El centro Fundació MONA celebrará próximamente su 25 aniversario, periodo durante el cual han salvado a unos treinta chimpancés y macacos que sufrían explotación en la industria del entretenimiento o residían como animales de compañía exóticos. Cristina Valsera, responsable de los cuidadores en el recinto, comenta que se optó por proteger a estos animales para afrontar una situación crítica en España, sobre todo con los chimpancés, puesto que su posesión era lícita antes de 1987 y arribaban numerosos individuos desde Guinea Ecuatorial, que fue colonia de España. Asimismo, el macaco de Berbería, originario de Marruecos y Argelia, representa uno de los tipos de primates con mayor índice de tráfico ilegal. En la actualidad, las instalaciones albergan a 14 chimpancés y tres ejemplares de macaco de Berbería.

La utilización de fauna salvaje en espectáculos circenses se vetó de forma permanente en España durante 2024 mediante la legislación de protección animal, si bien gran parte de las regiones ya habían implementado dicha restricción previamente. No obstante, todavía se permite el empleo de ejemplares en la industria audiovisual. Valsera critica que se valide esta práctica con la excusa de la ausencia de escenas de crueldad explícita, aunque esto no garantiza el bienestar del ser vivo: “Hemos demostrado científicamente que tener animales como primates trabajando en el mundo del espectáculo o como mascotas exóticas les deja una huella de por vida”. Explica que para que un simio participe en rodajes suele ser apartado de su progenitora para su entrenamiento temprano y, fundamentalmente, se le priva de integrarse en una comunidad, algo esencial para su especie. “Los animales que vienen de este pasado presentan más problemas mentales que los chimpancés que viven en un zoológico lleno de gente y de ruido, pero que han vivido siempre en un grupo social”, sostiene.
Aquellos chimpancés procedentes de la industria del entretenimiento presentan mayores trastornos psicológicos en comparación con los que habitan en zoológicos concurridos y ruidosos, siempre que estos últimos hayan permanecido constantemente dentro de una comunidad social.
Después de su salvamento, el personal de MONA dedica su trabajo a la recuperación de los simios y su integración social. Dicho procedimiento atraviesa varias etapas: primero, el ejemplar debe habituarse a un entorno distinto, rutinas novedosas y a sus encargados; luego, comienzan los encuentros individuales con otros compañeros. El punto decisivo surge al intentar incluir nuevos sujetos en una comunidad ya establecida, particularmente con machos maduros, dado que en libertad no suelen alejarse de su núcleo original.
En ciertas ocasiones, dicha incorporación se torna inviable. Es lo que sucedió en MONA con el chimpancé rescatado más reciente, Hugo, el cual provino de un zoológico galo al padecer trastornos psíquicos y autolesionarse. “Es la primera vez en 25 años que no hemos podido integrar a un animal en un grupo, pero este caso es distinto. Viene de un grupo social y tiene conductas más esperables, de manera que cuando le presentas a otro macho y luego traes hembras, no lo acepta. En la selva se matarían”. Hasta el momento, el conjunto de Hugo, integrado por otras tres hembras, ha permanecido en el área de aclimatación, pero para proporcionarles un sitio más adecuado se fraccionará en tres el recinto exterior, que en la actualidad alberga a las dos agrupaciones permanentes de MONA.
Aparte de las labores de salvamento y protección de los simios, la organización enfoca su actividad en la concienciación ecológica. “No solo queremos ayudar a estos animales, queremos que ya que deben vivir aquí toda su vida, porque no pueden volver a la selva, que sirvan para dar un mensaje a la sociedad”, indica Valsera.

Este refugio coordina recorridos en persona para centros educativos, ajustándose al nivel escolar de los estudiantes. El grupo de educación media de Clàudia y Anna participa inicialmente en una plática de apertura, en la cual los instructores relatan el nacimiento de la entidad, destacando el salvamento inicial en 2001 de varios chimpancés que permanecieron cautivos ocho años dentro de un vehículo de carga en un estado deplorable. Posteriormente recorren los espacios al aire libre con el fin de observar a los chimpancés y comprender sus hábitos diarios, su comportamiento y las interacciones grupales que mantienen. El encuentro concluye mediante una actividad práctica basada en una dinámica de representación para abordar la problemática de la tala de bosques tropicales causada por el cultivo de palma aceitera.
“Creemos que es fundamental que los visitantes entiendan que formamos parte del mismo orden animal, porque cuando hablamos desde esta base cambia la comprensión hacia estos animales y lo que han tenido que vivir”, aclara la docente Patricia García. Asimismo, destaca que su objetivo constante es armonizar la enseñanza con la salud de los chimpancés residentes en MONA. Los recorridos en persona están restringidos y los alumnos no almuerzan cerca de las instalaciones para asegurar que los menores jueguen y se expresen libremente sin perturbar a los primates. “Les explicamos también que son observadores, pero no protagonistas, que los protagonistas son los animales que viven aquí”, concluye García.
Resulta vital que los asistentes perciban que compartimos el mismo grupo biológico que los chimpancés, pues esto modifica la visión respecto a dichas criaturas.
De igual forma, han puesto en marcha durante el último tiempo un programa de formación remota con el que acceden a distintos centros educativos del territorio. El proceso se asemeja a la asistencia en persona, debido a que logran ver a los individuos de MONA por medio de lentes de alta fidelidad, mientras se discuten los riesgos que atraviesa esta variedad. “Sobre todo, remarcamos cómo añadir nuestro granito de arena para ayudar a los primates y al planeta”, comenta la instructora Judit Gómez. Como ilustración, aconsejan a los jóvenes que si pretenden observar monos en el cine prefieran los documentales, y ante largometrajes de fantasía, comprueben que no se haya utilizado un ser vivo auténtico.

García indica que al arribar, los estudiantes acostumbran poseer una idea “más utilitario” sobre el chimpancé, no obstante, al retirarse esa visión se transforma y adquieren mayor sensibilidad. Bajo esta perspectiva, apunta a las plataformas digitales como el principal inconveniente: “Los niños de cinco años ya saben lo que es TikTok y comentan que han visto cómo le hacían a un mono la ‘skincare routine’ o cómo le pintaban las uñas”. Diversas investigaciones han alertado que los medios sociales fomentan el comercio ilícito de fauna exótica y elevan el interés por los ejemplares como atractivo para el turismo.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) advirtió durante 2022 sobre el peligro de difundir fotografías amigables de primates en plataformas digitales, puesto que esto podría fomentar una visión distorsionada de que son seres inofensivos y sugerir que resultan animales de compañía idóneos. “La gente ve en un vídeo a un mono pequeño, que le ponen pañales y ropita y quiere uno. Lo que no ven es qué le pasará a este mono cuando tenga 5 años y para el resto de su vida. Es un animal salvaje, no tiene que vivir ni en una casa ni en un jardín”, recalca Valsera. Con el fin de contrarrestar esta visión en los jóvenes, el personal educativo de MONA detalla las amenazas que enfrentan estas variedades, tales como la captura furtiva, la pérdida de bosques y el comercio de mascotas, invitándoles a pensar en el impacto que nuestras acciones generan en regiones remotas del planeta.
