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Juan Manuel Costansa, sargento de la Guardia Civil: “Enviar a los perros tarde en una tragedia como la de Adamuz puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte”

Accidente Iryo 

El sargento de la Guardia Civil detalla cómo trabajan las unidades caninas en catástrofes, investigaciones criminales y búsquedas donde cada minuto puede marcar la diferencia

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Perros en Adamuz

Perros en Adamuz

Guardia Civil

En cada catástrofe, cuando el caos lo invade todo y el tiempo se convierte en el mayor enemigo, hay un elemento indispensable: el trabajo de los perros de búsqueda y rescate. Ha ocurrido en los terremotos de Turquía y Marruecos, donde su olfato permitió localizar supervivientes y cuerpos entre toneladas de escombro, y vuelve a quedar patente tras la tragedia ocurrida en Adamuz (Córdoba) este pasado domingo.

En escenarios donde la tecnología no siempre llega y el terreno es inestable, estos animales se convierten en una herramienta insustituible para encontrar restos humanos, indicios clave y para aportar respuestas a familias y equipos de emergencia. Así lo explica el sargento Juan Manuel Costansa, responsable del Servicio Cinológico de la Guardia Civil en Catalunya, quien subraya que la intervención canina no solo acelera las búsquedas, sino que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en las primeras y más críticas horas tras el desastre. 

En situaciones como la ocurrida recientemente en Córdoba, ¿qué papel desempeñan los perros de la Guardia Civil en las primeras horas de la emergencia? 

Las primeras horas son fundamentales, vitales, y cuanto antes activen a los perros más posibilidad hay de encontrar supervivientes. Es quizá, después de las ambulancias, el primer servicio al que tienen que avisar. Son determinantes porque si hay una persona con vida, que no está a la vista, como en un alud, una estructura colapsada o un accidente ferroviario, ellos son los que pueden encontrarla. 

Perros en Adamuz. 
Perros en Adamuz. Guardia Civil

Cuando se produce una catástrofe o un accidente, ¿cómo se decide cuándo y dónde intervenir con los perros? 

El protocolo ya está establecido. El Servicio Cinológico lleva años trabajando, y lo primero cuando hay una catástrofe internacional, como ocurrió en Turquía o Marruecos, es acudir a ellos. El propio Gobierno o Ministerio ofrece los perros porque se conoce la efectividad tan altísima que tienen sus labores de búsqueda. 

¿Qué puede detectar un perro que a veces resulta imposible para los equipos humanos o la tecnología? 

Las especialidades del Servicio Cinológico y Remonta de la Guardia Civil son muchas. Pueden encontrar drogas, dinero, tabaco, explosivos, cebos envenenados, marfil, acelerantes de incendios, alimentos, armas o armas detonadas... Pero también personas vivas, fallecidas, entre estructuras colapsadas, en avalanchas, en grandes extensiones, personas ahogadas, restos biológicos... 

Son perros capaces de localizar desde una gota de sangre hasta restos de semen o un simple pelo. Para los servicios de criminalística, analizar a simple vista zonas muy amplias es extremadamente complejo; en cambio, el perro puede batir grandes extensiones de terreno y detectar indicios concretos en cuestión de minutos. En espacios como la sierra de Collserola, por ejemplo, su ayuda ha sido clave en la lucha contra la peste porcina: su olfato está muy por delante de la vista humana en entornos con vegetación densa y escasa visibilidad.

Enviar a los perros tarde —o no enviarlos— puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte

Sargento Juan Manuel Costansa

¿Cómo saben cuando un perro ha encontrado algo?

Cuando el animal cambia de comportamiento y empieza a hacer gestos claros —se detiene, insiste en un punto concreto o se mete por zonas prácticamente inaccesibles— sabes que hay algo ahí. Son lugares en los que a una persona le costaría mucho entrar, incluso tendría que avanzar reptando. La semana pasada, por ejemplo, un avión procedente de Turquía aterrizó de emergencia en Barcelona tras un aviso de bomba. Fueron nuestros perros especialistas en explosivos los que realizaron la inspección. 

¿Qué se pierde cuando, por saturación o falta de medios, no se puede contar con estas unidades en una emergencia? 

Se pierde muchísimo. Enviar a los perros tarde —o no enviarlos— puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Es así de claro. En el caso de personas desaparecidas, estamos hablando literalmente de salvar una vida o no hacerlo. Y en una investigación de policía judicial, la diferencia puede ser encontrar a una persona fallecida o no encontrarla nunca. Por ejemplo, en el conocido como el crimen de la finca de Cerdanyola, que también apareció en los medios, fueron nuestros perros los que localizaron el cadáver de una persona que llevaba más de diez años desaparecida. 

Antes de activar el dispositivo, hubo consultas con la Policía Judicial y dudas. Me acuerdo de que el investigador me pregunto si un perro podía localizar un cadáver después de once años. Y la respuesta es sí: puede hacerlo. 

Perros en Adamuz. 
Perros en Adamuz. Guardia Civil

Es extraordinario. 

Sí. Es impresionante. Y siempre hay que intentarlo, para eso entrenamos. Me acuerdo de que era una finca enorme y en la que participaron distintos equipos técnicos, desde especialistas en análisis del terreno hasta unidades para descender a pozos. Pero el trabajo clave lo hicieron los perros. Trabajamos con dos y ambos señalaron el mismo lugar. A partir de ahí se activó todo lo demás. En aquel dispositivo hubo muchos medios implicados, pero lo que fue realmente determinante para resolver el caso fueron los perros

¿Cómo es el proceso de entrenamiento de un perro para este tipo de misiones tan delicadas? 

El adiestramiento empieza muy pronto, cuando los perros todavía son cachorros, alrededor del primer año de vida. El entrenamiento tiene que ser muy variado y realizarse en entornos muy distintos. En nuestro centro de cría, por ejemplo, las madres conviven con sus cachorros y, desde que nacen, los exponemos a diferentes escenarios. Se les lleva a pistas de entrenamiento con diferentes obstáculos: zonas con botellas de plástico, con piedras, pistas americanas o espacios diseñados para simular situaciones reales que podrían encontrarse en una operación. Allí deben superar obstáculos y localizar objetos que hemos escondido. Para ellos es casi un juego, aunque también se les entrena para moverse por pasarelas mecánicas, escaleras mecánicas o estructuras en altura donde se ve el vacío debajo. 

Se les pone en situaciones casi reales. 

Sí. En el KDP contamos además con una estructura de edificio colapsado: se construyó un inmueble de dos plantas y se derribó para que pareciera un escenario real de desastre. En la parte inferior hay túneles por los que entran figurantes sin dejar rastro de olor, de modo que el perro no pueda seguir una pista humana previa. La idea es que aprenda a trabajar sin ayudas, como ocurriría en una intervención real. Al final, todo se basa en entrenar, entrenar y entrenar, y en generalizar al máximo los escenarios. 

Cualquier entorno es válido si sirve para que el perro se acostumbre a situaciones distintas. Cuando un perro llega a un escenario real, está más que preparado y acostumbrado. No se puede llevar a una intervención de este tipo a un animal que no esté perfectamente entrenado. Por eso, en los registros solemos trabajar con perros titulares —los oficiales— y también con perros en prácticas, que acompañan las operaciones precisamente para seguir entrenándose y ganar experiencia.

¿Hay diferencias entre un perro de búsqueda de personas vivas, restos o de detección de objetos?

Cada perro tiene su propia especialidad. Cada uno está preparado para una tarea. No mezclamos especialidades; el perro busca dinero, no busca drogas; el perro que busca personas vivas, no busca restos biológicos... 

Cuando un perro llega a un escenario real, está más que preparado y acostumbrado. No se puede llevar a una intervención de este tipo a un animal que no esté perfectamente entrenado

Sargento Juan Manuel Costansa

¿Qué cualidades debe tener un perro para dedicarse a este tipo de labores tan exigentes?

Que el perro sea juguetón y divertido. Tienen que tener muchísima energía, que le enseñes un gong o una pelota de tenis y los ojos le hagan chiribitas. No puede ser un perro sedentario, ni que no reaccione. 

¿Recuerda alguna intervención emotiva en la que el papel del perro fue clave? 

Cuando un perro hace un gran hallazgo, la sensación es difícil de explicar. Puedo contar, por ejemplo, una intervención en una operación de la UCO en la que mi perro localizó dinero oculto. Es habitual que los grandes narcotraficantes escondan mucho el dinero y, precisamente por eso, se recurre a perros: de otro modo sería prácticamente imposible encontrarlo. En este caso, el dinero estaba escondido dentro de botellas manipuladas, utilizadas como si fueran auténticas cajas fuertes. Cuando el perro marcó el punto exacto, supimos que había algo ahí. A partir de ese momento, eres tú quien tiene que tomar la decisión de romperlo todo: retirar la malla, abrir el fondo de la botella y desmontar el sistema que la recubre. Al hacerlo, apareció el dinero, completamente oculto y empaquetado. Para mí fue un momento muy emotivo, porque en ese instante ves el resultado de años de trabajo, de entrenamiento y de confianza absoluta entre el guía y el perro. Gracias a esto condecoraron a mi perro. 

Perros en Adamuz. 
Perros en Adamuz. Guardia Civil

¿Cree que la sociedad es realmente consciente de la importancia de las unidades caninas en emergencias como estas? 

Creo que cada vez hay más conocimiento e información, pero todavía queda mucho por hacer. 

Cuanto todo termina, ¿qué sentís?

La parte mala es esta. La que casi nunca se ve. Los perros envejecen, enferman, se hacen daño. Y cuando tienes un vínculo tan fuerte con tu perro, lo pasas realmente mal cuando algo le ocurre. Es inevitable. En nuestro caso, además, convivimos a diario con esa realidad. Hay perros que acaban con secuelas graves tras una intervención. Ahora mismo, por ejemplo, tenemos un perro que se mueve en silla de ruedas. Ese es el drama del que no se ve: das todo en el trabajo, pero también asumes el desgaste físico y emocional que conlleva.

En el mundo cinológico sabemos que la esperanza de vida de los perros es limitada y mucho más corta que la nuestra. Yo, por ejemplo, tengo un perro de seis años y soy consciente de que probablemente esté ya en la mitad de su vida. Y eso pesa. Porque no es solo un compañero de trabajo. Me levanto con él, vive conmigo en casa, voy a trabajar con él y, cuando estoy de vacaciones, sigo paseando con él. Pasamos prácticamente todo el día juntos. Cuando compartes cada momento con un animal así, el vínculo es absoluto… y también lo es el dolor cuando sabes que su tiempo es limitado.

Laura Villanueva

Laura Villanueva

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Coordinadora de Peludos y SEO en Guyana Guardian. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra y máster en Periodismo Deportivo. Especializada en bienestar y temas sociales. Ha trabajado en Diario de Navarra y Mundo Deportivo.

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