Sociedad

La terapia con perros se abre paso en la prevención del suicidio: por qué los animales son clave para conectar con los afectados

Acompañamiento 

“Después del tratamiento asistido con animales, los jóvenes mostraron reducciones en la ideación suicida y en las autolesiones no suicidas, así como una mayor predisposición a buscar ayuda”, comenta Alexander Muela, investigador en un programa preventivo

En estos casos, el perro es un apoyo terapéutico, un facilitador, que da cobertura y soporte a la terapia más amplia que siguen los pacientes

Fotografía de una persona junto a su perro.

Fotografía de una persona junto a su perro.

Unplash

Detrás de la ideación y las conductas suicidas hay mucho sufrimiento emocional. Tras cada historia hay un dolor profundo, pero también la posibilidad de sanarlo a través de distintas intervenciones terapéuticas. Al igual que se hace en otros campos, los animales están empezando a tener un papel destacado como apoyo efectivo en programas, sobre todo preventivos, aunque ya existe algún protocolo dirigido a aquellos que han sobrevivido a un intento autolítico.

Hablar de suicidio es abordar un fenómeno multicausal donde intervienen variables psicológicas, sociales, biográficas… y, en algunos, casos, la enfermedad mental. Durante el año 2024 (último del que hay datos completos) fallecieron 3.953 personas por esta causa en España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La importancia de la prevención 

La prevención del suicidio es una prioridad de salud pública. Tanto es así que hay un plan específico del Ministerio de Sanidad hasta el año 2027. Y es tan importante porque es la primera causa de muerte no natural en España entre adolescentes y jóvenes, por delante de los accidentes de tráfico. Hablamos de un colectivo de edad especialmente vulnerable en el que Alexander Muela, doctor en Psicología y profesor en la Universidad del País Vasco (EHU), ha centrado, junto a otros profesionales de la institución educativa, una investigación y un ensayo piloto en el que ha podido valorar cómo impacta la terapia con perros en chicos con ideación suicida (e incluso con algún intento en el pasado). 

Las conclusiones son muy esperanzadoras porque “después del tratamiento asistido con animales, los jóvenes mostraron reducciones en la ideación suicida y en las autolesiones no suicidas, así como una mayor predisposición a buscar ayuda”, comenta. “Esta percepción de que podían pedir ayuda si la necesitaban puede reflejar un aumento de su confianza para explorar recursos de apoyo comunitarios en momentos de gran sufrimiento emocional”.

Así, observaron cómo los jóvenes aprendían a detectar las señales de alarma de suicidio y eso les permitía “ser capaces de buscar y pedir ayuda, y conseguir un sentido vital más esperanzador”, confirma.

En estos casos, el perro es un apoyo terapéutico, un facilitador, que da cobertura y soporte a la terapia más amplia que siguen los pacientes..
En estos casos, el perro es un apoyo terapéutico, un facilitador, que da cobertura y soporte a la terapia más amplia que siguen los pacientes..Cedida

Pero hay algo esencial: la intervención con los perros nunca sustituye a los tratamientos psiquiátricos y/o psicológicos que precise cada paciente, sino que es un apoyo más. “Lo que hacen los animales, especialmente preparados y entrenados, es favorecer la motivación y la adherencia al tratamiento”. Por ejemplo, si en el programa preventivo hay prevista una sesión de mindfulness, con la presencia del perro se consigue que el chico se sienta más tranquilo y más seguro. “Lo que se aprovecha es ese vínculo humano-animal que goza de evidencia científica, por el que cuanto tú tocas a un perro, solo por ese contacto físico se reduce la ansiedad, se reducen los marcadores de activación fisiológica como la hormona del cortisol, se reduce la frecuencia cardiaca…”, detalla

“Cuando tú vas a trabajar con un joven que tiene que rememorar episodios relacionados con un intento de suicidio, podrás trabajar en los cambios cuando hay una regulación emocional. Si está hiperactivado, tienes que reducirle la activación, y el animal ayuda en ese proceso”, destaca el investigador. Porque el perro induce una sensación de más confianza y calma y, por si fuera poco, al ser animales entrenados para terapia “cuando perciben ese estrés tienden a fomentar la interacción con el paciente para que lo toque, lo acaricie o simplemente lo tenga cerca”. Son animales que, en definitiva, incentivan los lazos afectivos y reducen los sentimientos de rechazo y estigmatización tan presentes en esta realidad.

Esta percepción de que podían pedir ayuda si la necesitaban puede reflejar un aumento de su confianza para explorar recursos de apoyo comunitarios

Alexander Muela

dOctor en Psicología y profesor en la Universidad del País Vasco (EHU)

¿Puede afirmarse que la presencia del animal por sí misma ha logrado reducir las muertes por suicidio? La respuesta es negativa, pero sí que genera bienestar durante el proceso, una mejora de esas intervenciones terapéuticas y algo fundamental, la adherencia al tratamiento: que los pacientes no abandonen sin haberlo concluido. Por eso no se puede frivolizar. “A mí me han llamado preguntándome si le compraban un perro a su hijo con este problema. Y no se trata de eso. No se trata de tener una mascota, con la que el vínculo es diferente, sino de crear un vínculo con el animal de terapia para sentirte seguro en estos procesos que son difíciles”.

Aunque por esta experiencia piloto se han interesado desde Estados Unidos y Escocia (a donde el equipo ha viajado para ofrecerles directrices con los que replicar el modelo), actualmente este programa sufre dificultades de financiación, ya que ha de sustentar a los terapeutas, a los perros especialistas y también a los cuidadores de los perros.

Cuando el perro es el puente para pedir ayudar 

En la asociación Hydra, de Getafe (Madrid) también trabajan la terapia asistida con animales, sobre todo en adolescentes en tratamiento por tentativas de suicidio (los intentos previos se consideran factores de riesgo para una recaída), aunque también acuden adultos en distintas circunstancias vitales. Al igual que en el programa del País Vasco, el paciente está inmerso en un tratamiento médico completo en el que “el animal es un puente, un facilitador”, asegura Carmen Castro, psicóloga especializada en terapia asistida con animales de la citada asociación.

En los chicos que han pasado por esta dura experiencia suele haber una desconexión emocional y un aislamiento social. “Les enseñamos habilidades de este tipo, y saben que si en algún momento se encuentran mal lo pueden expresar, al igual que pedir ayuda, que es algo que no suelen hacer, muchas veces por miedo o vergüenza”, confirma.

Lo primero que se busca es crear un vínculo con el animal. Y ese vínculo es único en la díada perro-humano. “Hay que buscar ese perro individual que encaje con esa persona específica”, señala. “A algunos les gustan los perros pequeñitos, a otros los más grandes porque les dan más tranquilidad, también hay quien los prefiere más movidos para jugar con ellos…”. Lo valioso es que cuando se produce esa conexión se derriba un gran muro: “Hablan con el animal, proyectan sus emociones, externalizan su sufrimiento. Entonces, el perro es como un mediador terapéutico, una figura de apego seguro para esa persona”, destaca la psicóloga. Y lo curioso es que en esa conexión no tiene que mediar el contacto físico necesariamente: “Hay personas que no llegan a tocar al perro, pero simplemente estar en una sesión donde participan animales y poder observarlos, las hace sentirse felices”.

Hablan con el animal, proyectan sus emociones, externalizan su sufrimiento. Entonces, el perro es como un mediador terapéutico, una figura de apego seguro para esa persona

Carmen Castro

Psicóloga especializada en terapia asistida con animales

Coincide con Alexander Muela en que la presencia del animal es un potente atractivo para seguir asistiendo a consulta, de manera que reduce el abandono del tratamiento y aumenta la motivación para acudir a las sesiones; incluso tras el alta cuando algunos quieren continuar yendo para encontrarse con el perro.

En determinados casos, cuando se estima que es beneficioso para el paciente, y si toda la familia está de acuerdo, se puede plantear la conveniencia de adoptar un perro. “Normalmente tienden a querer al animal con el que han estado trabajando, pero como eso no puede ser, los ayudamos a encontrar uno con una búsqueda muy minuciosa teniendo en cuenta las necesidades de la persona, a la que ya conocemos bien”.

Es una labor profesional concienzuda y con buenos resultados. No obstante, al ser un servicio privado (sin ayudas públicas que lo sostengan), económicamente puede resultar muy gravoso para algunas personas que no pueden permitírselo. A esto se une cierta incomprensión social. “A veces nos llaman y se sorprenden porque cobremos. Parece que al trabajar con perros es como si fueras una protectora; no son conscientes de que hay unos profesionales y unos perros especializados”, se lamenta Carmen Castro. En este sentido, queda mucho por avanzar.

El perro tras un intento autolítico

Aunque es vital insistir en la prevención, resulta asimismo esencial dar soporte especializado a quienes no han consumado el suicidio. También ellos pueden beneficiarse de programas específicos con animales. Es lo que actualmente lleva a cabo la Cátedra de Investigación Animales y Sociedad de la Universidad Rey Juan Carlos en la Unidad de Salud Mental de Adolescentes del Hospital Universitari Vall d’Hebron, de Barcelona.

Nuria Máximo Bocanegra, directora de la citada cátedra, explica cómo el protocolo que han creado está especialmente dirigido a personas que han sobrevivido a un intento de suicidio. Estas personas “suelen experimentar sentimientos de desconexión, inutilidad y aislamiento. En este contexto, las intervenciones asistidas con animales han demostrado efectos positivos en la reducción de la ansiedad, el estrés, el malestar psicológico, así como en el fortalecimiento del vínculo social y la motivación para el cambio”, como han sugerido algunos estudios. Y lo más importante es que “estos elementos son especialmente relevantes en la reconstrucción emocional tras un intento de suicidio”, recoge el protocolo, que se basa en modelos de corte psicológico que intentan explicar el comportamiento suicida.

Un hombre, un perro y gaviotas en la playa de la Barceloneta.
Un hombre, un perro y gaviotas en la playa de la Barceloneta.Mathew Jacob

¿Qué papel juegan aquí los animales? “Trabajamos con perros para compensar o disminuir un poco el sufrimiento, el dolor mental y contribuir a mejorar los factores protectores, como la vinculación social o el bienestar emocional”, destaca la experta. Pero, “aunque los resultados son positivos, no podemos afirmar que esto evite el suicidio”, resalta.

En su trabajo actual en el hospital barcelonés el primer objetivo es conectarse de manera emocional. “Trabajar con ese vínculo seguro que ofrece el guía y su perro, pues es un vínculo no juzgador; son como alguien externo al entorno sanitario, por lo que los pacientes no se sienten ni juzgados ni evaluados porque no son batas blancas”, comenta.

Para el equipo médico que trata a estos adolescentes, la visita del perro y su guía es un soplo de aire fresco que cambia la dinámica del hospital. Los cuidadores les hablan mucho de los perros, les cuentan experiencias, realizan actividades de cuidado mutuo, o analizan las conductas de los perros, por ejemplo, cuando se apartan y no quieren relacionarse, para que los chicos puedan verse reflejados en ellos y trabajar esas situaciones desde el punto de vista emocional.

Estas intervenciones con animales actúan de manera complementaria, pero ofrecen a los ingresados un espacio de seguridad que valoran de forma muy positiva. Pero, al igual que los dos expertos anteriores, para Nuria Máximo no puede afirmarse que el perro “es la solución maravillosa” ante un problema tan complejo. “Todo se funda en el vínculo que se genere entre la persona y el animal, que a veces funciona y otras no. Imagina que tú me compras un perro para arreglar mis problemas y yo no quiero tener perro, ni me gustan los animales. Esto hace que no me vincule, porque, además, cuando se está muy mal a nivel emocional tampoco tienes fuerzas para vincularte con nadie”.

El programa, que ya antes se llevó a cabo en el Hospital 12 de Octubre, de Madrid, sale adelante con financiación externa a la universidad, a través de entidades o particulares que hacen donaciones, que nunca son suficientes, pero que sirven para dar soporte a un colectivo muy vulnerable ante el que los animales han demostrado, una vez más, su poder terapéutico.

Si tienes pensamientos suicidas o consideras que alguien de tu entorno está en riesgo, puedes llamar al teléfono 024 de atención a la conducta suicida, que es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas del día. También al 112. Otros recursos de apoyo son el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y el teléfono de la Fundación ANAR, que ayuda a niños y adolescentes (91 726 27 00).

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es periodista especializada en salud. Forma parte de ANIS (Asociación Nacional de Informadores de la Salud)