Sociedad

Suspender la gestión de grupos fel

Felinos

Falta de planificación frente a las colonias felinas

Fotografía de un gato callejero. 

Fotografía de un gato callejero. 

Getty Images/iStockphoto

Siempre que una localidad suspende el plan de Captura-Esterilización-Retorno (CER), las consecuencias no son indiferentes. Actúa como un bumerán que regresa. Y lo hace trayendo consigo un incremento de camadas, mayor recelo, más protestas de los vecinos y un gasto público superior. En ciertas poblaciones en las que hemos actuado, el CER se ha paralizado por una razón constante: “los gatos ya no entran en las jaulas”. El motivo técnico resulta evidente: se ha extraviado la confianza. Y si la confianza se quiebra dentro de una colonia, toda la labor anterior involuciona meses —en ocasiones años— si no se gestiona adecuadamente.

El CER se fundamenta en la confianza.

Una colonia no es un conjunto de gatos que comen en un punto. Es un ecosistema con jerarquías, rutinas, trayectorias y memoria. El terreno donde viven no es solo un espacio físico en el que se alimentan: es su hogar y la mayoría de veces abarca un terreno amplio, no sólo el punto de alimentación. Su territorio sagrado. Cuando se interrumpe el CER durante meses, nacen nuevas camadas y a causa del abandono, no se controlan los animales que aparecen no castrados/esterilizados. Además, se pierde el control sanitario que podemos realizar en la cirugía aprovechando la anestesia y evitando nuevas capturas, y aumenta la movilidad territorial. 

Cada vez que un municipio detiene el programa de Captura-Esterilización-Retorno, el efecto no es neutro. 
Cada vez que un municipio detiene el programa de Captura-Esterilización-Retorno, el efecto no es neutro. Unplash

Posteriormente, al tratar de retomar las labores de forma apremiante —por lo general luego de periodos reproductivos con numerosos nacimientos o debido a reclamos de los vecinos— resulta complicado que los felinos caigan en las jaulas. Se han tornado huidizos. Vinculan el entorno con una amenaza. De este modo, atraparlos se torna bastante más complejo. Careciendo de un entendimiento detallado de la colonia, sin coordinación entre las gestoras y sin hábitos constantes, el CER resulta imposible de ejecutar.

El drama oculto de las colonias fantasma

En zonas rurales el fenómeno es aún más complejo. Existen colonias que no están censadas oficialmente pero que sí están siendo alimentadas por alguien. Puntos dispersos de comida que nadie controla. Colonias “fantasma”. Sin rutinas claras, no se sabe cuántos individuos forman parte de la colonia ni se detectan nuevas incorporaciones, lo que impide planificar capturas eficaces y dificulta que el control poblacional llegue a consolidarse. Sin seguimiento 365 días al año, el CER nunca “cierra” colonias. Las deja abiertas. Y si no se cierra, la población vuelve a crecer.

Parar el CER es más caro que sostenerlo. El coste oculto de detener el programa incluye más nacimientos, más enfermedades no tratadas, más conflictos vecinales, más intervenciones reactivas, más desgaste emocional de las gestoras y más desconfianza institucional. Activar el CER solo cuando hay sobrepoblación o quejas no es planificación, es apagar incendios. La gestión ética exige diagnóstico previo, plan anual, conocer y actuar en colonias y cerrarlas progresivamente, mantener continuidad y evaluar resultados. Un CER discontinuo no controla población, solo la incrementa.

El territorio es su hogar

Una equivocación habitual consiste en actuar sin entender el contexto. Modificaciones repentinas en el hábitat —colocación de jaulas, eliminación de cobijos, variación de zonas de comida— quiebran la estabilidad social y provocan tensión persistente. La ansiedad prolongada debilita a los felinos: reduce su sistema inmune, despierta infecciones dormidas, eleva las peleas grupales y fomenta el desplazamiento por el territorio. Organizarse requiere proceder con visión de futuro. Evitar intrusiones constantes. No modificar sin motivo el lugar que habitan.

Las organizaciones de gestión ambiental o control de plagas no siempre comprenden la intrincada red social y etológica de una colonia felina. Cuando el CER se aplica como una medida esporádica ajena a la realidad del territorio, las amenazas crecen. Las capturas, ya sean puntuales o extensas, sin un estudio anterior pueden causar la migración de felinos a espacios sin supervisión, desarticular la estabilidad social del grupo, dejar ejemplares hembra con capacidad reproductiva si no se llega al cupo necesario, originar un recelo constante que complique labores futuras y suspender las costumbres fijadas de alimentación y vigilancia médica.

El CER no es una operación técnica aislada. Es un proceso sostenido que requiere planificación, censo, coordinación y continuidad. Y, sobre todo, colaboración con quienes conocen la colonia día a día: las gestoras locales. Cuando la administración activa el CER sin estrategia anual ni coordinación con el tejido asociativo, se entra en un modelo reactivo que no garantiza resultados estructurales. Reducir el número visible de gatos no es lo mismo que estabilizar una colonia. Y sin estabilización, el problema reaparece.

Las relaciones institucionales resultan claves.

Cuando no existe una relación fluida entre asociaciones y Ayuntamiento, se abre la puerta a modelos externalizados donde el conocimiento local se pierde. El riesgo no es que haya empresas. El riesgo es que no haya coordinación. Sin estrategia compartida, cualquier intervención rompe procesos construidos durante años. Por eso la pregunta no es quién captura. La pregunta es bajo qué modelo, con qué planificación y con qué participación del conocimiento previo. Porque una colonia no es solo un punto de alimentación. Es un territorio con vínculos, jerarquías, rutinas y memoria. Y si ese tejido se rompe, recuperarlo cuesta meses… o años.

Un programa CER completo no se limita a esterilizar. Debe incluir control sanitario continuado. En la práctica, muchas gestoras no pueden asumir capturas de gatos porque no disponen de jaulas suficientes, no tienen transporte adecuado, carecen de tiempo y apoyo logístico o sufren bloqueo emocional tras años de exposición constante. Sin capturas técnicas, coordinadas y profesionalizadas, el seguimiento sanitario se resiente. La profesionalización de capturas no sustituye a las gestoras, las protege: permite reducir desgaste emocional, garantizar intervenciones seguras, mantener confianza en la colonia y establecer protocolos claros con clínicas y administración. Profesionalizar no significa desplazar al tejido asociativo, significa reforzarlo.

Colonias felinas. 
Colonias felinas. Unplash

Una colonia no descansa: come todos los días, se enferma todos los días, se mueve todos los días y aparecen abandonos a menudo. Pretender que una sola persona sostenga ese sistema indefinidamente es condenarla al agotamiento. Sin relevo se interrumpe la continuidad, se pierde información clave, se diluye el conocimiento del territorio y el CER se fragmenta. Crear red no es una opción emocional, es una necesidad estructural para transporte, para horarios, para entregas y recogidas, para acogidas… para mantener la dignidad de las vidas felinas y la propia.

Prevé para no decidir con temor

Numerosos municipios ponen en marcha el CER tras recibir una reclamación. No obstante, gestionar a partir de las quejas significa actuar desde la premisa de la inmediatez. Y tal apremio suele derivar en resoluciones poco meditadas. Una organización adecuada exige: registros y padrones verídicos, procesos establecidos en cada agrupación, asistencia y sincronización 24/7, además de una difusión clara y constructiva. El CER no debe estar supeditado a las desavenencias. Es necesario que se anticipe a las mismas.

Parar el CER devuelve más gatos, más tensión y más gasto. Sostenerlo devuelve estabilidad, confianza y control poblacional real. El verdadero coste no es el presupuesto anual del programa. El verdadero coste es interrumpirlo. Porque cuando el CER se para, la colonia retrocede. Y cuando retrocede la colonia, retrocede todo el esfuerzo del municipio.

Montse Casaoliva

Montse Casaoliva

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Ejerzo como instructora en la relación entre humanos y felinos, experta en la conducta de gatos y gatas, con formación en Antrozoología y acreditación internacional de la IAABC. Trabajo para fomentar el bienestar en la vida de cada ser vivo.