Testimonios

Eva Molina, auxiliar veterinaria: “Vivimos con 30 perros rescatados que no están en jaulas, sino dentro del hogar, compartiendo camas y sofás”

Testimonio

Junto a su pareja, Carlos, rescatan perros de perfiles muy distintos —jóvenes, mayores, mestizos, de caza o PPP— y los integran en una convivencia doméstica real

Eva Molina, auxiliar veterinaria

Eva Molina, auxiliar veterinaria

Cedida

En una casa del Vallès, convertida en refugio y hogar, tres decenas de perros conviven en manada con una pareja que ha hecho de la rehabilitación animal su misión vital. Eva Molina, auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de Fraguel, explica cómo es rescatar perros muy miedosos, rehabilitarlos desde el terror absoluto, convivir con ellos día y noche, buscarles familia y sostener un proyecto que sobrevive gracias al esfuerzo personal, la entrega emocional y unas donaciones siempre insuficientes. A sus 28 años, relata con profundidad un día a día duro e intensísimo, pero también lleno de sentido.

¿A qué se dedica?

Soy auxiliar veterinaria. Trabajo en una clínica y, además, gestiono junto a mi pareja, Carlos Cuesta, nuestra asociación y refugio.

Eva Molina, auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de Fraguel
Eva Molina, auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de FraguelCedida

¿Cómo comienza su vínculo con los animales?

Siempre he tenido animales en casa y siempre he sentido una conexión muy fuerte con ellos. Con unos 21 años tuve la oportunidad de empezar a trabajar directamente con animales y ahí se abrió un camino que ya nunca dejé. Con esa edad creé mi primera asociación, sin refugio físico entonces. Con el tiempo conocí a mi pareja, que llevaba ya años en el mundo del rescate. Con él montamos una nueva asociación, esta vez sí con refugio físico.

¿Cómo se llama la asociación?

Los Rescatados de Fraguel. Fraguel es el jefe de la manada, el primer perro que mi pareja tuvo en acogida cuando comenzó en el rescate animal. Se parecía a un personaje de Fraguel Rock y de ahí el nombre. Él es el líder natural del grupo y un símbolo de todo lo que hacemos.

Me habla de “manada”. No es un refugio tradicional. ¿Cómo funciona su proyecto?

No es un refugio al uso, no trabajamos con jaulas. Vivimos literalmente con los perros. Hay una parte de la casa más “humana”, y otra más adaptada para ellos, pero ellos están dentro del hogar: sofás, camas, convivencia diaria… Intentamos ofrecerles una vida lo más parecida posible a la de una familia real. Ahora convivimos con unos 30 perros, todos integrados en manada.

Mi pareja, Carlos, rescata perros muy miedosos, los que huyen de todo ser humano. Perros sin socialización, traumatizados, perseguidos, maltratados, perros de caza abandonados…

Eva Molina

auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de Fraguel

Entonces su casa es también el refugio.

Sí. Es nuestro hogar y el suyo. Ellos no están aislados, ni encerrados, ni solos. Están acompañados siempre.

¿Qué tipo de perros tienen?

De todo: mestizos, podencos, mastines, PPPs, perros de caza, perros de terraza… Muchos llegan de situaciones muy duras. Algunos enfermos, ancianos, incontinentes, con enfermedades crónicas, problemas de conducta o traumas profundos.

¿Cómo es un día normal en su vida?

Nos levantamos sobre las siete. Lo primero es abrir el jardín para que salgan. Luego empieza la limpieza: con tantos perros, hay pipís, cacas, vómitos a veces, mantas que lavar, sofás que mover, habitaciones que ventilar. Hay que medicar a varios, preparar desayunos, vigilar cómo evolucionan los enfermos, atender a los mayores, dar paseos, socializar… Es un trabajo continuo hasta por la noche. Nos acostamos sobre las once o doce, según el día.

¿Cómo gestionan el aspecto veterinario de tantos animales?

Tenemos un veterinario de confianza y un hospital de referencia para urgencias o especialidades. Todas las revisiones, vacunaciones, desparasitaciones, analíticas, esterilizaciones y cirugías pasan por ahí. Todo lo financiamos con donaciones, que son pocas, rifas y las aportaciones de las adopciones, que ni de lejos cubren los gastos reales de preparar a un perro para vivir en un hogar.

Con tantos perros en casa, hay pipís, cacas, vómitos a veces, mantas que lavar, sofás que mover, habitaciones que ventilar

Eva Molina

auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de Fraguel

Hablemos de adopciones. ¿Qué protocolo siguen?

Muy estricto. Quien quiere adoptar debe venir a conocernos en persona, conocer al perro, hacer una entrevista de una o dos horas. Observamos cómo interactúan, cómo tratan al animal. Si todo encaja y la familia quiere seguir adelante, visitamos su casa, valoramos el entorno, damos un paseo por la zona. Si todo está bien, el animal se va primero en acogida, nunca en adopción directa. Queremos asegurarnos de que la adaptación funciona. Solo después formalizamos la adopción.

Ha mencionado antes a su pareja como rescatista especializado. ¿En qué consiste exactamente ese trabajo?

Mi pareja, Carlos, rescata perros muy miedosos, los que huyen de todo ser humano. Perros sin socialización, traumatizados, perseguidos, maltratados, perros de caza abandonados… Son animales que no se dejan coger por nadie. Él tiene equipo específico —jaula trampa, protocolos de rutina, técnicas de aproximación— y casi diez años de experiencia. Ha rescatado más de 5.000 perros. A veces son animales abandonados, otras perros de protectoras que se han escapado, o perros de familias que, al perderse, entran en estado de pánico y no reconocen ni a sus propios dueños. Él se encarga de recuperarlos y devolverlos.

Eva Molina, auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de Fraguel
Eva Molina, auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de FraguelCedida

¿Cómo valora la conciencia social en España respecto al bienestar animal hoy?

Muy mala. Hemos avanzado en muchas cosas como sociedad, pero en la protección animal vamos hacia atrás. La ley de bienestar actual deja fuera a los perros de caza, lo cual es absurdo: un galgo tiene protección si lo tiene un particular, pero no si lo tiene un cazador. Se hacen distinciones que no tienen sentido. Los animales son animales y merecen los mismos derechos.

Si pudiera escribir usted misma una ley ideal de bienestar animal, ¿qué incluiría?

Lo primero, un control real: saber qué animales hay, en qué condiciones y con qué personas. Cualquiera puede tener un animal, y eso no debería ser así. No hablo de pagar cursos obligatorios, sino de demostrar que uno puede ofrecer tiempo, estabilidad, cuidados y recursos. Tener un animal implica 15 o 20 años de responsabilidad: educación, veterinario, alimentación adecuada, imprevistos, vacaciones. No puede ser que ante el primer problema se abandone al animal.

¿Qué más incluiría esa ley ideal?

Penas reales para el maltrato y el abandono. Cárcel, si hace falta. Las multas no sirven porque muchas veces ni se cobran. Mientras no haya un castigo efectivo, no habrá un cambio real. También es esencial rebajar el IVA veterinario. Hoy es del 21%, una barbaridad. Hay familias que quieren muchísimo a sus animales pero no pueden pagar un tratamiento. No puede ser que alguien tenga que eutanasiar a su perro por no poder costear una cirugía.

Si miramos a Europa, ¿qué países considera ejemplo?

Holanda, Alemania, Bélgica. Allí las perreras están prácticamente vacías porque hay leyes estrictas, hay controles, hay esterilización obligatoria para evitar camadas indeseadas y el abandono masivo. Comprar un perro es carísimo porque está reguladísimo. Aquí, por 200 euros, cualquiera compra un cachorro en internet. Allí, no.

¿Cómo percibe a las nuevas generaciones respecto a los animales?

Cada vez hay más concienciación, sí, pero todo depende de lo que se enseñe en casa. Hay niños que empatizan muchísimo con los animales porque sus padres les han transmitido ese respeto. Y otros que los ven como objetos, como juguetes. Todavía se regalan perros por Navidad como si fueran un capricho infantil. Y un niño no puede ser responsable de un perro: lo deben ser los adultos.

Eva Molina, auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de Fraguel
Eva Molina, auxiliar veterinaria y cofundadora con su pareja Carlos Cuesta de Los Rescatados de FraguelCedida

Con un trabajo tan duro y exigente, sin fines de semana ni vacaciones reales, ¿qué les compensa a usted y a su pareja?

La transformación de los perros. Cuando llega un animal roto, que te mira con terror absoluto, que cree que eres lo peor del mundo… y, con tiempo, paciencia, cariño, empieza a confiar. Empieza a dejarse tocar, a dormir tranquilo, a comer sin miedo. Ver aparecer al perro que realmente es, el que alguien destruyó, y ver cómo renace… eso no tiene precio. Y cuando se van adoptados a un hogar donde por fin viven como merecen, esa es la mayor recompensa que podemos tener.

Ese momento en el que un perro pasa del terror a la ternura, ¿es su motor?

Sí. Esa mirada que cambia lo vale todo. Verlos confiar otra vez en la vida y en el ser humano es lo que nos mantiene.

¿Se imagina dedicándose a otra cosa?

No. No sé vivir sin animales a mi alrededor. Podría tener solo tres perros y ya está, pero me faltaría algo. Me faltaría un propósito. Siento que esto es lo que tengo que hacer y que nada podría sustituirlo.

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