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Cristina y Alberto, Amistades Peligrosas: “Tuvimos un accidente con la autocaravana, después de un concierto; el conductor se durmió y cuando reaccionó ya iba en dirección contraria”

VIP sobre ruedas

El grupo explica que  “De un accidente que tuvimos en autocaravana nació la canción 'Ángelus'; pensamos que habíamos tenido un ángel que nos salvó la vida”

Cristina del Valle y Alberto Comesaña conforman el dúo musical Amistades Peligrosas

Cristina del Valle y Alberto Comesaña conforman el dúo musical Amistades Peligrosas

DOLORES PEREZ

Amistades Peligrosas son un dúo emblemático que ha marcado a cientos de miles de personas en toda España y Latinoamérica. Su música ha cruzado generaciones y fronteras, resonando tanto en pequeños escenarios como en grandes estadios, y llevando un mensaje que ha calado mucho más lejos que cualquier límite físico. Detrás de cada concierto hay una vida en constante movimiento, kilómetros recorridos, noches en hoteles y carreteras infinitas que han forjado la historia real de Cristina del Valle y Alberto Comesaña. 

No es solo el arte lo que une su camino, sino también el pulso imparable de la carretera, los momentos de soledad y complicidad en el viaje y las experiencias que solo quienes viven en ruta pueden entender. Hoy dedicamos una mirada profunda a los 30 años de viajes que definen su trayectoria y a las historias personales que se escriben cuando la música y la carretera se vuelven inseparables: Hoy descubrimos la vida en movimiento de Amistades Peligrosas.

Cristina y Alberto, ¿cómo recordáis los viajes de vuestras primeras giras?

Cristina: Todo el material lo llevábamos en dos tráilers, mientras que los músicos iban en una furgoneta. Nosotros viajábamos en nuestro coche, un Audi 100 de los primeros que salieron y que fue un poco nuestra casa, oficina y refugio sobre ruedas. Durante mucho tiempo nos llevamos a nuestro perro, un labrador de 40 kilos, que se acurrucaba sobre mis piernas. En los asientos traseros nos echábamos cuando teníamos gripe o estábamos agotados.

Alberto:  Recuerdo aquellos viajes interminables, auténticas palizas. Salíamos desde Vigo y teníamos actuaciones en Almería o Murcia. Eran más de doce horas al volante. En las primeras giras de Amistades Peligrosas íbamos en el coche del mánager, un Mercedes estupendo. Luego nos compramos el Audi 100 del que hablaba Cristina. Normalmente, nos llevaba un chófer, aunque muchas veces lo hacía yo, porque disfruto mucho conduciendo.

Cristina y Alberto, Amistades Peligrosas, viajaron con su perro labrador cuando iban de gira
Cristina y Alberto, Amistades Peligrosas, viajaron con su perro labrador cuando iban de giraCedida

Os conocisteis en A Coruña, en un hotel. Al recordar esas horas, entre conciertos y hoteles, ¿qué os viene a la cabeza?

A.: Coincidimos en el Hotel Finisterre de A Coruña, durante un especial de fin de año que grababa la Televisión de Galicia. A mí me encantan los hoteles, tanto que quise que mi habitación fuese como la de un hotel, con su bar y todos los detalles. Cuando tenemos alguna actuación, muchas veces elegimos el que queda más cerca de la gala.

C.: A mí me encanta el turismo rural, aunque es más complicado organizarlo. Siempre que he podido he buscado alojamientos de ese tipo, porque tienen un encanto especial y permiten tener más convivencia con el grupo, en plan pandilla. Cuando viajábamos con nuestro perro, hicimos mucha pedagogía canina en una época (los años noventa) cuando casi ningún sitio admitía animales. Hubo una gira que los músicos bautizaron como “la perrogira” o algo así, porque muchas veces teníamos que quedarnos en hoteles más modestos que aceptaban mascotas. Fue una etapa muy bonita, siempre viajando con él y adaptándonos a sus necesidades.

A día de hoy, ¿cómo afrontáis los viaje por carretera?

A.: En los desplazamientos largos, me funciona mucho dividir el recorrido en tramos. Me marco metas volantes psicológicas, de modo que mi cabeza tiene pequeños incentivos, como decir: “Ya hemos llegado hasta aquí, ahora toca el siguiente”. Es un truco que me ayuda mucho. Además, ahora cada dos horas la vejiga me recuerda que hay que parar, y eso también viene bien, porque descansar durante el viaje evita que se haga tan largo y pesado.

C.: En las giras, para mí es clave que quien conduzca, normalmente nuestro road manager, descanse las horas necesarias antes de iniciar el viaje. Este año, por ejemplo, hemos tenido trayectos brutales, de hacer más de 2.500 kilómetros en tres días. La carretera es peligrosa y estar concentrado es fundamental, porque llevas la responsabilidad de todo el equipo contigo. También son importantes las paradas cada cierto tiempo para estirar las piernas. Pero la verdad es que ahora las furgonetas son muy cómodas, nada que ver con antes. Aunque, para mí, la manera ideal de viajar fue cuando tuvimos una autocaravana: podías dormir allí, cocinar, parar donde quisieras… Era perfecto, porque llevas la casa contigo.

En los desplazamientos largos, me funciona mucho dividir el recorrido en tramos; me marco metas volantes psicológicas, de modo que mi cabeza tiene pequeños incentivos”

Alberto Comesaña

Alberto Comesaña

Amistades Peligrosas

De los coches o furgonetas en los que ha viajado Amistades Peligrosas, si tuvierais que elegir, ¿con cuál os quedáis?

A.: No creo que haya un vehículo perfecto, porque todos tienen ventajas e inconvenientes. Por ejemplo, hemos viajado en autobús grande con todos los músicos, pero luego llegas a pueblos con plazas metidas en calles estrechas y es imposible maniobrar. Actualmente, vamos en una furgoneta Mercedes Sprinter, muy cómoda y amplia, aunque también tiene el problema de encontrar aparcamiento cerca de los hoteles y en entornos urbanos. Ahora tengo un coche eléctrico, que es una maravilla, aunque su autonomía obliga a parar cada 250 kilómetros y esperar unos 40 minutos para cargar la batería, por lo que tampoco es perfecto. Para mí, la autocaravana estaba muy bien, pero tenía el mismo problema: había sitios donde no entraba y teníamos que aparcarla a 500 metros de la actuación. No hay un vehículo ideal; todos tienen ventajas e inconvenientes.

¿Alguna vez habéis tenido un problema serio en el viaje hacia un concierto? ¿Qué pasó?

C.:  Para mí, el único accidente serio que tuvimos juntos fue precisamente con la autocaravana. Llevábamos un conductor profesional y habíamos acabado de actuar más pronto de lo previsto. Eran las doce y media o la una de la madrugada cuando, estando cerca de Madrid, el chofer se durmió. En el momento en que reaccionó ya iba en dirección contraria, dio un volantazo y nos quedamos parados en la mediana. Me daba terror pensar que nos embistiera algún vehículo que viniese de cara. Recuerdo el olor a quemado, al perro y todos los cacharros de la cocina cayéndose dentro de la autocaravana. Fue muy impactante. De ahí nació una de nuestras canciones, Ángelus, precisamente por el hecho de pensar: “Bueno, hemos tenido un ángel que nos ha salvado la vida”.

A.: Sí, esa vez veníamos de Almaraz y teníamos que actuar a 160 kilómetros de allí. No pasó nada, pero fue un buen susto.

Cristina del Valle cree que la mejor forma de viajar durante las giras es en autocaravana
Cristina del Valle cree que la mejor forma de viajar durante las giras es en autocaravanaCedida

Hablando de momentos inolvidables, llega una pregunta fija: ¿Qué es lo más loco que habéis hecho en el coche o en la furgo?

A.: Yo conduzco desde los 18 años. He tenido un 600, un Seat Panda, un Opel Kadett, un Audi 100, un BMW, una furgoneta Mercedes y ahora un DS eléctrico. Lo más loco que he hecho fue algo muy irresponsable: viajaba mucho de Vigo a Santiago y se me metió en la cabeza batir mi propio récord, hacerlo cada vez más rápido. Una distancia que normalmente llevaba una hora la hacía en 50 minutos, y un día, en una curva,  empecé a perder el control de coche, que se fue hacia el sentido contrario. Menos mal que no venía nadie, y ahí se acabó la tontería de batir récords.

C.: En mi caso no conducía yo, sino un chofer amigo. Íbamos a un concierto y, de pronto, vimos un coche pequeño, de matrícula alemana, con dos cachorritos de león a 40 grados en la parte de atrás. Como pararon en la misma gasolinera que nosotros, me bajé de la furgoneta a increparles, pero los tipos arrancaron derrapando y salieron por otra vía. Con el conductor y todos los músicos dijimos: “A por ellos”. Salimos detrás mientras llamábamos a la Guardia Civil y durante 60 kilómetros los perseguimos hasta que finalmente nos interceptó la policía.

A día de hoy, ¿sois más de disfrutar el paisaje o preferís volar rápido para llegar cuanto antes?

A.: Yo las dos cosas. Me encanta pasar por carreteras con paisajes bonitos; a veces voy por la autopista, que es rápida y efectiva; vas directo a tu destino y solo piensas en trabajar y llegar cuanto antes. Sin embargo, cuando toca pasar por montañas, ríos o embalses, disfruto mucho más del paisaje. No suelo parar a hacer fotos ni a merendar, pero sí se agradece de vez en cuando una carretera que sea agradable de recorrer.

C.: Yo disfruto muchísimo del paisaje. Me encanta la montaña y, sobre todo, aprovechar el momento. Con las galas, mucha gente nos dice: “¡Qué vidas más maravillosas! ¡Conocéis sitios increíbles!”, pero siempre echo de menos eso: conocer realmente los lugares. Llegas con el tiempo justo y somos como deportistas; te preparas para una competición, y esa preparación implica cuidar el cuerpo, descansar y organizarlo todo. El hotel se convierte en el único espacio para relajarte, calentar la voz, prepararte, vestirte, arreglarte, actuar, volver e intentar descansar para el día siguiente.

Una distancia que normalmente llevaba una hora recorrerla, yo lo hacía en 50 minutos, hasta que, un día, en una curva, perdí el control del coche, que se fue en  sentido contrario”

Alberto Comesaña

Alberto Comesaña

Amistades Peligrosas

¿Qué escuchan Amistades Peligrosas cuando van de camino a un concierto?

A.: Cada uno se pone lo suyo. Yo desde que descubrí la inteligencia artificial me dedico a hacer mis propias canciones y prácticamente no hago otra cosa. Genero canciones, versiones de temas existentes o invento letras: le das cuatro palabras o una frase y la IA te crea la canción, y muchas veces salen tan buenas que con eso ya me basta. Luego escucho de vez en cuando algo en Spotify, sobre todo grupos que me marcaron como Pink Floyd o Grimshaw, de la época del rock progresivo de los 70, algo de la movida de los 80, grupos de los 90, y también algún tema actual, aunque lo nuevo me interesa menos.

C.: Yo aprovecho poner al día las redes sociales, revisando lo que la gente ha enviado, respondiendo a los mensajes cariñosos de quienes vienen a nuestros conciertos... También selecciono fotos y videos, busco músicas de Amistades Peligrosas para incluir y, además, escucho música actual; me interesa muy poco lo del pasado, pero sí sigo mucho lo que hacen los jóvenes ahora.

En Colombia actuasteis ante 10.000 personas junto a Jon Secada, ¿qué recuerdos, más allá del escenario, os llevasteis de ese viaje?

A.: Eso fue en el año 95, creo recordar. Recuerdo una anécdota muy curiosa porque llovía, no mucho, pero sí de manera constante. El escenario estaba sin cubrir, los instrumentos empezaban a mojarse y todos nuestros representantes y técnicos decían que la gala se tendría que suspender. Llegó la autoridad militar y aseguraron con tanta firmeza que íbamos a actuar que todo el mundo siguió montando a pesar de la lluvia, y efectivamente actuamos con retraso, pero lo hicimos. Nos dijo: “Usted va a actuar, póngase como quiera”.

El viaje que realizaron al Sáhara para grabar un videoclip de Amistades Peligrosas fue el que más ha marcado a Cristina del Valle y Alberto Comesaña
El viaje que realizaron al Sáhara para grabar un videoclip de Amistades Peligrosas fue el que más ha marcado a Cristina del Valle y Alberto ComesañaCedida

Grabasteis el videoclip de La larga espera en un campamento del Sahara, ¿en qué os cambió ese viaje?

C.: Yo ya había estado en el Sáhara varias veces y recuerdo que fue el mejor momento de convivencia que tuve. Nuestra relación había sido muy complicada y en ese viaje, compartir todo eso con Alberto, después de tantas diferencias, ir a los campamentos, vivirlo juntos y experimentar todas esas emociones fue realmente especial.

A.: Fue superemocionante. Me sorprendió la capacidad de organización de Cristina, porque manejó hilos políticos a alto nivel con el pueblo saharaui. La actuación fue complicada, ya que fletamos prácticamente un vuelo solo para nosotros, con el equipo completo y muchos invitados, lo que convirtió todo en una producción muy compleja. Visitar los campamentos fue una experiencia inolvidable: muy emocionante y a la vez dura, por las condiciones de vida allí. Durante los tres o cuatro días que estuvimos, pude sentir de primera mano la dureza del calor y la escasez de agua.

En este sentido, ¿en cuál de esos viajes fueron una Cristina y un Alberto, distintos a los que volvieron?

A.: El Sáhara, para mí, fue uno de esos viajes que te cambia. Fui de una manera y volví de otra, y todavía, a día de hoy, me marca. No era un viaje de gala ni de actuación, sino para hacer un videoclip, con toda la estructura y producción que eso conlleva. Lo que más me impacta es el abandono histórico del pueblo saharaui; me da mucha pena. Imagínate que eso pasara con los canarios: de repente invaden Canarias y dicen: “¡Pobrecillos!”. Los saharauis, en cambio, tenían pasaporte español y DNI, pero por una gestión nefasta al final del franquismo, quedaron a la buena de Dios, porque no se consideraba colonia, sino una provincia más.

C.: Ese viaje me marcó. Posteriormente, estuve en Naciones Unidas interviniendo en la cuarta Comisión de Descolonización, denunciando la situación de las mujeres saharauis y la postura de España, que es el país autorizado para permitir esa descolonización y que el territorio sea libre, no ocupado. Creo que existe una deuda política y moral enorme con el pueblo saharaui, que arrastra años de injusticia. Las condiciones y la dignidad en las que viven era lo que queríamos reflejar en esa canción: una marcha hacia el mar, hacia su tierra, con más de 500 mujeres, hombres y niños formando la bandera saharaui mientras cantábamos con ellos. Cuando mirabas hacia atrás y veías todo lo simbólico, sentías unas lágrimas y una emoción brutal.

El viaje al Sáhara me marcó; posteriormente, estuve en Naciones Unidas interviniendo en la cuarta Comisión de Descolonización, denunciando la situación de las mujeres saharauis y la postura de España”

Cristina del Valle

Cristina del Valle

Amistades Peligrosas

¿Se puede llegar más lejos con la música que con la política?

A.: Yo creo que la música, en sí, ha cambiado muchísimo en la difusión. En los años 70, un Bob Dylan o una Joan Báez podían hacer que una canción se conociera en todo el mundo; por ejemplo, Blowin’ in the Wind sonaba en todos lados y podía cambiar cosas. Ahora, si haces una canción de protesta o con un mensaje social, lo más probable es que se quede en casa, porque es muy complicado que ese mensaje llegue a todo el mundo. Creo que la música sigue siendo una forma poderosa de transmitir ideas, pero tal como está el mercado discográfico ahora, puedes hacer canciones que te hagan sentir mejor, pero lograr que el mensaje llegue a los demás es mucho más difícil.

C.: Pienso que sí hay canciones que marcaron un antes y un después, como la mítica Resistiré, que se volvió viral en la época de la Covid. Durante la pandemia la música se convirtió en un elemento no solo sanador, sino en una especie de vacuna emocional. También hay canciones en América Latina, como Canción de América de René, que son un canto a la dignidad de todos los pueblos y se volvieron himnos. Para mí, la música es vital como instrumento de transmisión y cambio. Lo he visto en lugares como Ciudad Juárez, en México, donde las madres de las asesinadas me contaban que cada vez que cantábamos una canción que hablaba de sus hijas, esas hijas seguían vivas en su garganta, aunque las hubieran asesinado.

¿En qué lugar os gustaría actuar y todavía está pendiente?

A.: Hay muchos lugares donde me encantaría actuar que todavía están pendientes. Por ejemplo, Japón, Australia, Nueva York... La verdad es que quedan muchísimos sitios por descubrir y disfrutar sobre un escenario.

C.: De América Latina, todavía nos queda por conocer Argentina, Venezuela o República Dominicana. Europa representa un reto importante, en general, para todos los artistas españoles, ya que son pocos los que tienen presencia allí.

Amistades Peligrosas en un momento de una actuación
Amistades Peligrosas en un momento de una actuaciónCedida

¿Cuál ha sido el retraso que os ha hecho sufrir más en un aeropuerto?

A.: Hace poco teníamos un vuelo de Cali a Bogotá y luego de Bogotá a Madrid. El tramo Cali-Bogotá es como un puente aéreo, con vuelos cada media hora o cada cuarto de hora. El vuelo que nos tocaba se retrasó por niebla en otro lugar, mientras que los vuelos siguientes sí salían. Llegamos tarde a Bogotá y perdimos la conexión con Madrid. Curiosamente, nosotros, que viajábamos en business, como iban completos, no pudimos subir al siguiente vuelo y tuvimos que pasar la noche en Bogotá, mientras que el resto del equipo, que iba en turista, sí llegó a Madrid. Dentro de lo malo, no fue tan grave.

C.: Hay un viaje que fue, al margen de Amistades Peligrosas, de los más duros de mi vida: el aeropuerto de Ben Gurion, en Israel. Volvíamos de Palestina y, como mi pareja en ese momento era árabe, lo retuvieron al intentar salir en un vuelo de Iberia. Íbamos casi 200 personas, la mayoría periodistas. Mientras él quedaba retenido, yo estaba afuera del avión y tuve que coordinar con los periodistas para que el avión no saliera hasta que él pudiera subir. La tripulación y el piloto se mostraron firmes, defendiendo que el avión era territorio español y que no se movería sin todos los pasajeros. Tras varias horas de tensión y con la presión de toda la delegación, finalmente lo dejaron salir y pudimos regresar a España. Fue un momento durísimo y muy angustioso.

Cuando tenía 15 años, fui de campamentos a Asturias; una riada impresionante se llevó las tiendas y tuvimos que caminar hasta el pueblo para dormir en la iglesia” 

Cristina del Valle

Cristina del Valle

Amistades Peligrosas

Vamos atrás, muy atrás... ¿Qué viaje de vuestra infancia no olvidaréis?

A.: Yo lo tengo claro: un viaje que recuerdo como el más especial de mi infancia fue ir desde Vigo, donde vivíamos, hasta Bilbao, donde vivía la familia de mi madre. Yo tenía unos seis años, y recorrimos toda la costa de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Íbamos en un 600. Atrás iba con mis dos hermanos cargados de maletas.

C.: Para mí fue un campamento en Asturias cuando tenía unos 15 años. Fuimos a la zona de Somiedo, donde hay una reserva de osos y lobos. Acampamos junto a un río, y una noche hubo una riada impresionante que se llevó las tiendas y tuvimos que caminar hasta el pueblo para dormir en la iglesia. Durante esa caminata oímos aullidos de lobo por primera vez. Ese recuerdo lo tengo grabado profundamente en mi memoria.

¿Cuál es tu lugar favorito en el mundo, Cristina?

Mi lugar favorito en el mundo es el que yo considero mi segunda patria y donde he estado más de ocho años: Palestina.

¿Y el tuyo, Alberto?

Hay un sitio que me marcó especialmente, porque desde que lo vi dije: “Me gustaría quedarme a vivir aquí”. Es justo donde empieza la Patagonia chilena, con un paisaje salvaje, ríos tremendos como el Simpson y mucha vegetación. Mi sitio ideal sería un lugar así, para hacer buenas caminatas, con una temperatura que no sea ni frío ni calor, es decir, una primavera constante.

Cristina y Alberto fueron pareja sentimental hasta que se separaron en 1995
Cristina y Alberto fueron pareja sentimental hasta que se separaron en 1995Cedida

Si pudierais escoger, cada uno, a un personaje de la historia, esté vivo o no, para hacer juntos un viaje… ¿Quién sería y a dónde iríais?

A.: Marco Polo, un viajero que abrió rutas de comercio y recorrió muchísimos países. También podría decir Cristóbal Colón o Magallanes, gente que se lanzó a explorar rutas increíbles y arriesgadas, llenas de aventuras y descubrimientos.

C.: Yo vi el documental de René Pérez, de Calle 13, y no pude evitar sentir una envidia tremenda, porque desde muy jovencita soñaba con lo mismo: viajar por el mundo recogiendo músicas tradicionales de cada país para hacer un disco. Recuerdo que cuando saqué mis primeros LP'S siempre pensaba en eso, en ir a diferentes lugares para capturar su esencia musical. Cuando vi ese documental, me moría de la envidia; habría viajado de su mano en ese proyecto, porque lo admiro profundamente.

Han pasado más de 30 años desde que Cristina y Alberto empezaron a cruzar ciudades, escenarios y vidas con canciones que, sin darnos cuenta, pasaron a formar parte de nosotros. Hablar de Amistades Peligrosas no es solo hablar de música, sino de lo que queda cuando la canción se apaga: una letra que nos abrazó cuando nos rompieron el corazón, aquella que cantamos con unos desconocidos en una plaza de verano, o la que susurramos al oído de alguien a quien no hemos podido olvidar. Amistades Peligrosas sigue en movimiento, no solo porque estén de gira, sino porque siempre han estado donde más importa: en cada una de las personas que han crecido, cambiado o amado con sus canciones de fondo.