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Antes de que Elon Musk y los fabricantes chinos dominaran el mercado de los coches eléctricos, Peugeot lanzó su primer modelo sin emisiones

En plena Guerra Mundial

El Peugeot VLV, un biplaza con hasta 80 kilómetros de autonomía, nació en 1941 como una solución a la escasez de combustible

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El Peugeot VLV, eléctrico y con aire de juguete, circuló en plena Segunda Guerra Mundial 

El Peugeot VLV, eléctrico y con aire de juguete, circuló en plena Segunda Guerra Mundial 

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Mucho antes de que Elon Musk popularizara sus Tesla y las grandes marcas apostaran por la electrificación, ya hubo intentos de crear vehículos impulsados por baterías. Y no hablamos solo de los primeros años del automóvil, cuando la electricidad competía con el motor de combustión, sino que nos remontamos en plena Segunda Guerra Mundial cuando la escasez de combustible obligó a buscar alternativas.

Algunos fabricantes idearon soluciones eléctricas para garantizar la movilidad de la población. Aunque en aquel momento moverse en coche no era una prioridad para la mayor parte de los ciudadanos, ya que el transporte quedaba supeditado a las necesidades del conflicto, hubo quienes vieron en la electricidad una alternativa viable ante la falta de carburantes.

El pequeño coche eléctrico de Peugeot tenía capacidad para dos personas 
El pequeño coche eléctrico de Peugeot tenía capacidad para dos personas Peugeot

Peugeot fue una de esas marcas visionarias. En 1941, la firma del león presentó el Peugeot VLV (Vehículo Ligero Urbano, por sus siglas en francés), un pequeño coche eléctrico diseñado para moverse en entornos urbanos sin depender de la gasolina. Con un diseño compacto y baterías de plomo, este VLV podía alcanzar una velocidad de unos 30 km/h y recorrer hasta 80 kilómetros con una sola carga.

El coche compensaba el peso de las baterías de plomo con la ligereza de su carrocería de aluminio

La producción de este pequeño coche fue muy limitada. Tan solo llegaron a fabricarse 377 unidades antes de que las restricciones impuestas por la ocupación alemana pusieran fin al proyecto en 1945. Médicos, funcionarios y trabajadores esenciales fueron los principales receptores de este vehículo que se convirtió en una solución práctica en tiempo de escasez. Y es que, a pesar de sus limitaciones, el Peugeot VLV demostró que la electricidad podía ser una alternativa viable incluso en circunstancias adversas.

La masa total del coche, incluidas las baterías, era de solo 365 kilos 
La masa total del coche, incluidas las baterías, era de solo 365 kilos Peugeot

Por lo que respecta a sus características técnicas, el Peugeot VLV contaba con cuatro baterías de plomo ácido repartidas entre el frontal y la parte trasera, lo que ayudaba a equilibrar su peso. Tenía tracción trasera y un motor eléctrico de 1 kW (aproximadamente 1,3 CV), suficiente para alcanzar los 30 km/h y una autonomía de hasta 80 kilómetros.

El pequeño VLV fue diseñado para garantizar la movilidad de médicos, funcionarios y trabajadores esenciales durante la II Guerra Mundial

El coche medía 2,67 metros de largo y 1,21 metros de ancho y estaba construido íntegramente en aluminio. La elección de este material no fue casual, sino una decisión tomada por los ingenieros para ahorrar una cantidad considerable de peso. De hecho, la masa total del coche, incluidas las baterías, era de solo 365 kilos.

El Peugeot VLV se caracterizaba por sus diminutas dimensiones
El Peugeot VLV se caracterizaba por sus diminutas dimensionesPeugeot

Estéticamente, el pequeño coche eléctrico de Peugeot no pasará a los anales de la historia por su belleza. En la parte frontal destaca por llevar un único faro central y un limpiaparabrisas manual. Por detrás, hay un detalle que no pasa desapercibido: carece de parachoques, lo que transmite una imagen aún más voluble del coche.

El habitáculo, pensado para dos ocupantes, era extremadamente sencillo y prescindía de cualquier elemento superfluo. No había puertas convencionales, sino pequeñas aberturas laterales que facilitaban el acceso al interior. El techo de lona, plegable, ofrecía cierta protección contra las inclemencias del tiempo, aunque la escasa anchura del vehículo y su diseño minimalista lo convertían en un coche poco confortable para trayectos largos.

Aun así, en tiempos de guerra lo importante no era el lujo, sino la eficiencia y, en este sentido, el VLV cumplía su propósito de proporcionar movilidad en plena escasez de combustible. Y, por qué no decirlo, también fue un adelantado a su tiempo.

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