Jordi Gomis, capitán de aviación ejecutiva particular: “Hay futbolistas que idolatras desde pequeño, pero los llevas de pasajero y te decepcionan”
Historias en el aire
Vive en Madrid pero nació en

Jordi Gomis es piloto de avión
Presidentes del gobierno, exdirectores de la CIA, ganadores de un Óscar, artistas internacionales... Estos son solo algunos de los ilustres pasajeros que el piloto Jordi Gomis ha llevado en avión privado. Nacido en Reus pero establecido en Madrid, de pequeño veía la aviación “como un sueño, como ser futbolista o astronauta”. Al final ha acabado convirtiéndose en un trabajo le ha llevado a sobrevolar casi todos los países de la Unión Europea. Y lo ha hecho llevando a clientes muy especiales.
En la aviación ejecutiva, la identidad del viajero suele revelarse poco antes del trayecto, al revisar la documentación. “Cuando hago el chequeo del vuelo me pasan la declaración de pasajeros y ahí descubro a quién voy a llevar”, explica Jordi, quien confiesa que al principio le imponía encontrarse cara a cara con futbolistas a los que había admirado desde niño. “Ver que llevarás a un jugador del Barça o del Madrid siempre hace gracia”, reconoce.

Su desempeño profesional le ha permitido estar cerca de personas muy famosas y humanizarlas: “Hay futbolistas que idolatras de pequeño y, al tratarlos, te decepcionan. Y otros que te sorprenden para bien”. La educación, insiste, no entiende de fama ni de cuentas bancarias. También ha llevado a campeones del mundo de motociclismo o a artistas internacionales que cambian de país casi a la misma velocidad que nosotros cambiamos una de sus canciones por otra. Recuerda, por ejemplo, recoger a un cantante en Londres, volar hasta Oslo para actuar en la capital noruega y volver esa misma noche a Inglaterra. Todo, sin mencionar nombres propios.
Se guarda total discreción sobre quién viaja y
En la aviación ejecutiva, la discreción no es un valor añadido: es la base del negocio. La identidad del pasajero se maneja con extrema reserva y, en muchos casos, el entorno del vuelo se blinda por completo. “En el pasado me ha tocado llevar a jefes de Estado, y me sentí como si estuviera en una película. Nos vemos rodeados de escoltas, registran el avión con perros y todo es un despliegue de seguridad”, recuerda.

No obstante, recalca que, en cuanto se sella el acceso a la aeronave, “Todos somos igual de vulnerables a sufrir incidencias meteorológicas, retrasos o tener que desviarnos a un aeropuerto alternativo. Lo mismo puede ocurrirle a quien paga 20 euros por un billete low cost que a un campeón del mundo que vuela en jet privado”, puntualiza.
No obstante, previo a enfocarse en pilotar para grandes celebridades, Jordi Gomis se desempeñó efectuando traslados sanitarios de forma conjunta con la Organización Nacional de Trasplantes. “Dar lo mejor de nosotros para agilizar las operaciones y recortar el tiempo de vuelo es un desafío, pero sobre todo es muy gratificante”, comenta. Formar parte de dicha maquinaria dedicada a salvar personas le ayudó a comprender que el reconocimiento en el sector aéreo no siempre se vincula a la exclusividad, sino igualmente al bienestar social.
Mientras pilotábamos para una aerolínea de Europa del Este, se fisuró un cristal de la cabina y nos vimos obligados a realizar un descenso de urgencia al aeródromo más próximo.
Durante su carrera profesional igualmente ha experimentado momentos que desafían la entereza de todo piloto. “Volando para una compañía de Europa del Este se nos agrietó una ventana de la cabina, teníamos un ruido muy desagradable y tuvimos que descender de emergencia al aeropuerto más cercano” o bien cuando “tuvimos que aterrizar en una pista de hierba porque el aeropuerto donde íbamos había cerrado la pista de aterrizaje.”

No obstante, entiende que su labor es singular, ya que “la aviación ejecutiva te permite la posibilidad de esquiar en los Alpes, hacer turismo o jugar al golf en destinos exóticos”. Por otra parte, “también existe la posibilidad de estar muchos días seguidos fuera de casa, y cuando formas una familia, las prioridades cambian”, admite, ahora que tiene una hija de 16 meses.
Actualmente, tras acumular millares de horas surcando los cielos y habiendo interactuado con famosos de diversa índole, lo comprende perfectamente: tras cada identidad pública se halla un ser humano corriente. Además, durante el vuelo, todos están sujetos a las mismas necesidades. Pese a que el viajero resulte ser una personalidad global, dentro de la aeronave el razonamiento permanece idéntico. “Yo también voy en el avión, y quiero que todo se haga bien, por mi propia seguridad. Lo primero que miro es mi propia cabeza, sin importar con quién viajo”, finaliza.

