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¿Sirven de algo las cumbres del clima? Un catálogo de propuestas para mejorarlas

COP30 de Belém

Los partidarios de la reforma piden cambiar el sistema de votación: en las COP es el consenso, lo que en la práctica permite a los ‘petroestados’ vetar propuestas y bloquear acuerdos contra el modelo contaminante

El presidente de la COP30, André Correa do Lago, con gesto apesadumbrado junto a sus asesores durante la COP30

El presidente de la COP30, André Correa do Lago, con gesto apesadumbrado junto a sus asesores durante la COP30

PABLO PORCIUNCULA / AFP

Las dificultades para lograr acuerdos ambiciosos en la cumbre del clima de Brasil (COP30), donde los países han tenido que conformarse con un texto que ni siquiera menciona la causa del problema –los combustibles fósiles–, refuerzan las crecientes críticas de diplomáticos, analistas y oenegés: las cumbres del clima, defienden, son esenciales para atajar el reto global del cambio climático, pero el mecanismo se ha quedado desfasado y necesita reformarse y adaptarse al mundo multipolar actual.

El secretario ejecutivo de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC), Simon Stiell, creó un grupo de 15 personas –líderes mundiales, negociadores, ministros y representantes empresariales e indígenas– para formular propuestas concretas de reforma. En las últimas dos cumbres, un conjunto de diplomáticos, científicos y expertos en cambio climático envió cartas a los estados miembro de la convención, a Stiell y al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en las que exigían repensar estas cumbres. 

Mayoría vs consenso

Cruceros utilizados como alojamiento para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30)
Cruceros utilizados como alojamiento para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30)Anderson Coelho / Reuters

Pero algunos alertan de los riesgos potenciales de reformar las COP. Por ejemplo, puede abrir la puerta a una rebaja en la ambición, a socavar la fuerza del proceso, según explica a Guyana Guardian la investigadora principal del Real Instituto Elcano, la experta en diplomacia climática Lara Lázaro. Preocupa esta posibilidad sobre todo en el contexto actual: con un gobierno de EE.UU. –el mayor contaminante histórico y el segundo actual–reacio a cooperar en la lucha contra el cambio climático; y un avance del negacionismo o retardismo que, también en Europa, amenaza con descafeinar las leyes existentes y ralentizar la descarbonización.

Los partidarios de la reforma piden, entre otras cosas, cambiar el sistema de votación, que en las cumbres del clima es el consenso. Y es algo que se ha repetido en los días finales de la COP30, con las negociaciones encalladas a causa de la falta de acuerdo en torno al abandono de los combustibles fósiles. Así lo aseveró la ministra de Medio Ambiente de Colombia, Irene Vélez Torres, en una rueda de prensa en la cumbre de Belém: “el problema es que, en este momento, el método [es] solo el consenso” y, así, “la agenda más ambiciosa” acaba siendo eliminada, dijo. Aunque “consenso” no quiere decir “unanimidad”, en la práctica permite a los países productores de combustibles fósiles vetar propuestas y bloquear la oportunidad de impulsar acuerdos que desafíen el modelo contaminante.

En Belém, cerca de 80 estados pidieron un plan para dejar atrás los combustibles fósiles. “Estos 80 representaban una gran parte del mundo pero vimos que ese consenso se había cargado todo, y no sólo eso sino que [la COP30] era incapaz de recuperar dentro de los textos la mención a acuerdos anteriores como el de Dubái”, alega el coordinador de clima y energía de Ecologistsas en Acción, Javier Andaluz, que durante años ha seguido de cerca la diplomacia climática como observador presente en las cumbres. Andaluz se refiere a la COP28 de Dubái, celebrada hace dos años, donde los países ya habían conseguido –tras una ardua batalla por el lenguaje– incluir en los acuerdos finales el compromiso de iniciar una transición para acabar con el uso del petróleo, el gas y el carbón, en línea con lo que la comunidad científica indica que sería necesario para frenar el calentamiento global y evitar sus peores consecuencias. 

En la siguiente cumbre (Bakú, Azerbaiyán, en 2024), los estados no fueron capaces de reafirmar ese punto, y en Belém, pese a las presiones del bloque europeo y sus aliados, tampoco. “Con que se impusiera una regla de mayoría de siete octavos de los países, esto eliminaría el poder de veto de unos pocos”, afirma Lázaro.

Con que se impusiera una regla de mayoría de siete octavos de los países, esto eliminaría el poder de veto de unos pocos

Lara Lázaro

Investigadora principal del Real Instituto Elcano

La dificultad está en que para adoptar esta reforma del sistema de votación y acabar con el consenso se necesita, precisamente, consenso, apunta por su parte Marta Torres, directora del programa climático del IDDRI. Desde este think tank francés especializado en desarrollo sostenible y relaciones internacionales consideran que se trata de un tema “central” en la reforma. “Todos estamos más o menos de acuerdo en que cambiaría muchísimo la capacidad de acelerar ciertas agendas”, asegura Torres.

La experta precisa que justo lo que diferencia a las cumbres del clima de otros foros multilaterales es que en las COP cada una de las partes se siente con capacidad de incidir en el resultado final. Esto puede beneficiar a pequeños países insulares como los del Pacífico, estados como Vanuatu, que en otros espacios de cooperación internacional no tienen apenas peso pero en las cumbres del clima, dada su extrema vulnerabilidad ante los efectos del calentamiento y su mínima contribución a las emisiones globales, cuentan con una legitimidad moral que las grandes potencias no. Pero a la vez el sistema de consenso permite que Arabia Saudí y otros grandes petroestados recorten la ambición de los acuerdos.

“Hay un compromiso muy importante con este tipo de países –del grupo árabe, por ejemplo– porque sabemos que están bloqueando pero también les necesitamos”, dice Torres. “Las posiciones de los países son necesariamente asimétricas, dependiendo de su nivel de desarrollo y de dónde se encuentran en este proceso de transición”, sostiene Lázaro.

Para hacer frente a ese panorama, algunos optan por impulsar algo así como “clubes climáticos” compuestos por países más dispuestos a colaborar y con reuniones que suceden “no al margen de las negociaciones sino como anexos a las decisiones”, aclara esta investigadora. Pero en este supuesto “habría que trabajar con abogados y expertos en derecho internacional para ver cómo se podrían insertar ese tipo de iniciativas en los textos que ahora se acuerdan por consenso o casi unanimidad”.

Cumbres más frecuentes y con más actores

Manifestación de comunidades indígenas bajo el lema “Somos la respuesta”
Manifestación de comunidades indígenas bajo el lema “Somos la respuesta”Bruno Peres/Agencia Brazil/dpa / Europa Press

Los críticos con el proceso piden por otro lado más reuniones intermedias –tres o cuatro por año, sugería la carta abierta– donde los estados puedan hacer un seguimiento continuado de las decisiones y avanzar en la agenda antes de la gran cumbre anual (la COP), que suele suceder en noviembre o diciembre.

Lázaro arguye que la contrapartida de esto es la posibilidad de que se reduzca el “momentum” y la atención de los medios, que afecta también a la concienciación de la sociedad civil durante la COP y a las decisiones políticas más allá de la cumbre.

“Si reúnes a 150 jefes de Estado, ellos vienen para algo. Y ejercen una capacidad aunque el mandato, estrictamente hablando, no permita hablar de ciertos temas. Hay una presión política que hace que se vean forzados a tomar las riendas. Y solamente podemos jugar con esa presión, con ese momentum de las cumbres, que atraen a mucha gente”, mantiene Torres. Y es que en las cumbres del clima no sólo se habla de clima. Se ha convertido en escenario para discutir (y decidir) el reparto de una nueva tarta energética global. Se habla de comercio –en los últimos años, por ejemplo, ha habido un debate acalorado sobre el CBAM–, de fiscalidad, de rearmar la arquitectura financiera internacional para que los países más afectados por los fenómenos climáticos extremos no se endeuden y para que tengan las mismas oportunidades de acceso a los crecientes mercados de renovables, entre otros asuntos.

Así, para Torres parte de la reforma ideal de las COP también pasa por incorporar en los procesos a más actores, como la OMC o la OMI, donde antes las decisiones de las cumbres del clima tenían cierto eco pero cada vez la influencia es menor. La idea, cuenta la experta, es que participen en las cumbres y pongan en común “qué están haciendo desde sus espacios para alinearse con los objetivos de París”.

Menos espacio para la industria fósil y más acceso a la sociedad civil

Por otro lado está el asunto incómodo de los lobbies. Este año la COP30 de Belém batió el récord de cabilderos acreditados (sobre el número total) para asistir al encuentro. Hubo más de 1.600 representantes de la industria de los combustibles fósiles, según un análisis de la organización Kick Big Polluters Out. Uno de cada 25 participantes pertenecía a empresas de petróleo, gas o carbón.

“La infiltración en el proceso por parte de gente que tiene intereses privados en contra del interés colectivo de luchar contra la crisis climática es indigno y es un problema que tiene el sistema”, subraya Ignacio Arróniz, especialista en diplomacia climática de la organización Earth Insight.

“Jamás se nos ocurriría invitar a las empresas tabacaleras a venir a un congreso sobre enfermedades pulmonares, a decirnos que ellos tienen derecho a vender tabaco”, dice, aunque reconoce que “el petróleo juega un rol en la economía global y en las oportunidades de desarrollo distinto al del tabaco”.

Como todos los expertos consultados, Lázaro matiza que, en todo caso, “es importante que haya espacios de diálogo porque la transición no la vamos a hacer en contra de los países y en contra de los sectores, la vamos a hacer con ellos”.

Jamás se nos ocurriría invitar a tabacaleras a un congreso sobre enfermedades pulmonares a decirnos que tienen derecho a vender tabaco

Ignacio Arróniz

Earth Insight

Pero sí hay un consenso en las organizaciones de la sociedad civil de que hace falta más transparencia. “Lo que estamos viendo es que la cumbre cada vez se convierte más en un hueco para lobistas fósiles”, denuncia Javier Andaluz. “Hacemos un llamamiento a plantear quién debe y quién no debe estar aquí garantizando una plena participación de los agentes sociales. La pelea que estamos teniendo para obtener un número de acreditaciones que nos permita estar en estos espacios es enorme”, añade.

A lo largo de la COP30, Andaluz y los grupos de los que forma parte –Ecologistas en Acción a nivel estatal y la Climate Action Network a escala internacional– han afeado la opacidad en el proceso. Dicen haber visto “una de las cumbres más opacas de la historia”.

Los observadores de la sociedad civil, cuenta Andaluz, no tuvieron acceso a las negociaciones de los países ni a las consultas de la presidencia: “Las informaciones que recibimos son por una parte de los países y de las delegaciones, es lo que nos cuentan, pero para dar esa información necesitamos contrastarla con textos oficiales para ver cómo avanzan. Es un derecho de los observadores el poder observar las negociaciones”.

“El clima exige urgencia, las Naciones Unidas y la Convención Marco tienen que responder a esa urgencia, necesitan una reforma clave que nos permita abordar ese necesario fin de los combustibles fósiles y esa financiación necesaria y suficiente”, sentencia Andaluz.

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