El espacio que rodea la Tierra se está saturando debido a los equipos de Starlink y sus competidores: en este punto se detallan las amenazas de la pugna espacial contemporánea.
Espacio
Los diversos proyectos de constelaciones de satélites pueden provocar una congestión y un flujo desmedido en el espacio orbital; Starlink carga con una obligación importante, pese a que no representa al único actor involucrado.
El corazón del universo se localiza a 100 metros bajo tierra: en el interior del conducto del CERN, el trayecto de 27 kilómetros que investiga el principio de la materia.

Elon Musk es responsable de la mayoría de lanzamientos de satélites en órbita.
A lo largo de 2025 se han llevado a cabo 324 misiones orbitales, de las que 165 —superando el cincuenta por ciento— pertenecen a vehículos de SpaceX. Específicamente a una sola variante, el Falcon 9, puesto que el Falcon Heavy, de mayor capacidad, no se ha requerido en ningún lanzamiento.
Es de conocimiento general que los Falcon 9 pueden recuperarse, una maniobra que se ha convertido actualmente en un procedimiento habitual. De las 165 misiones efectuadas durante el ejercicio anterior, únicamente se extraviaron tres unidades: dos de ellas de forma intencionada, puesto que el cargamento que transportaban poseía un gran peso y requería la totalidad del carburante existente sin permitir reservas para la deceleración. Cabe destacar que en esas dos ocasiones la carga útil era de origen español, concretamente los dispositivos de telecomunicaciones NG-1 y NG-2. En cualquier caso, estos propulsores ya habían completado más de veinte vuelos previos, por lo que su coste estaba plenamente compensado.
La desaparición del tercer Falcon ocurrió de forma accidental. Logró posarse adecuadamente sobre la barcaza que lo aguardaba, no obstante, un fuego en el área de propulsores provocó que un soporte cediera y el cohete terminara volcando.
Actualmente, el sistema Starlink de SpaceX posee ya casi 9.000 unidades en el espacio. La mayor parte ofrece acceso a la red a personas con equipos de recepción, mientras que los modelos avanzados conectan directamente con terminales móviles. Al situarse en órbitas bajas y verse afectados por múltiples factores (como los efectos de la fuerte actividad solar), terminan pronto sus suministros de energía, por lo que su durabilidad es de solo seis años. Cada ejercicio, SpaceX debe sustituir cerca del 20% de sus activos. Esto justifica la constante cadencia de despegues: unos 2.500 situados en órbita en el transcurso del último año.

Starlink cuenta con permiso para poner en órbita hasta 12.000 satélites, aunque existen proyecciones que multiplican por cuatro dicho número. Además, no representa el único conjunto orbital. Amazon desarrolla actualmente su iniciativa LEO (anteriormente Kuiper), que contempla más de 3.200, de los cuales apenas operan unos 180 hoy en día. Por su parte, China mantiene el ritmo mediante dos misiones paralelas: Gouwang, que suma 12.000 dispositivos, y Qianfan, que alcanza los 15.000.
Los satélites estadounidenses operan en órbita baja, entre 500 y 600 kilómetros. Se sitúan, por lo tanto, a unos cien kilómetros sobre la Estación Espacial Internacional, de modo que, en teoría, no tendrían que constituir riesgo alguno. No obstante, comparten espacio con otros aparatos como el telescopio Hubble. Y, lógicamente, junto al conglomerado de su propia constelación. Esto requiere un monitoreo constante para eludir probables aproximaciones o incluso choques. Anualmente, los satélites de Starlink realizan decenas de miles de maniobras evasivas. La estación espacial igualmente se ha visto forzada a maniobrar en diversas ocasiones para apartarse de la trayectoria de otros satélites o de restos de chatarra.
Anualmente, los satélites de Starlink realizan decenas de miles de movimientos evasivos. La estación espacial igualmente ha tenido que efectuarlos en diversas situaciones.
Al finalizar el ciclo de funcionamiento de uno de estos satélites, este aprovecha el remanente de carburante en sus depósitos para forzar su reingreso atmosférico. Se indica que los modelos primigenios no se consumían por completo; quedaban unos 15 kilos de residuos de su masa total (media tonelada). Las versiones actuales están concebidas para desintegrarse íntegramente.

El inmenso tormento de telescopios y observatorios
Por otro lado, estas megaconstelaciones suponen un perjuicio considerable para los centros astronómicos, afectando tanto a los terrestres como a los orbitales. En los primeros, es sumamente difícil obtener una imagen del firmamento que no aparezca “manchada” por el tránsito de un satélite. El inconveniente es particularmente grave durante el alba y el atardecer, cuando la luz solar rebota en sus paneles fotovoltaicos.
Se han realizado esfuerzos para disminuir el resplandor aplicando pintura negra mate en secciones del vehículo, aunque este remedio no resulta impecable. Especialmente, ante la entrada en funcionamiento de instalaciones astronómicas inéditas, tales como el Vera Rubin que acaba de abrir sus puertas en Chile.

Una de las herramientas que contiene ese centro astronómico es un coloso de ocho metros de diámetro, que obtendrá retratos del cosmos para integrar una panorámica de la bóveda celeste cada dos días. El propósito es localizar ágilmente sucesos como estallidos de supernova o el tránsito de asteroides y para ello utiliza un equipo fotográfico increíble, el de mayor tamaño del mundo.
El dispositivo referido posee una resolución de 3.200 megapíxeles, por lo que una fotografía individual precisaría 400 monitores de televisión 4K para visualizarse en sus dimensiones totales. Una sola toma comprende una superficie celeste igual a 45 lunas llenas. Durante una jornada nocturna se producen cerca de 20 terabytes de información.
No se trata precisamente de un equipo liviano. Su masa alcanza casi las tres toneladas y su lente frontal posee un diámetro de metro y medio. Para operar en un estado óptimo y eludir distorsiones en las capturas, sus aproximadamente doscientos sensores CCD se conservan a 100ºC bajo cero. Esto le confiere una sensibilidad asombrosa, lo que implica a su vez un problema extra: junto a los cuerpos celestes de escaso brillo, detectará el tránsito de satélites o restos de chatarra espacial que seguramente cruzarán su ángulo de visión.
Analizar el volumen informativo constituye uno de los desafíos más complejos para este dispositivo. Será necesario emplear métodos de IA con el fin de distinguir la información verídica de las “manchas” originadas por los millares de residuos orbitales que orbitan por encima de nosotros: satélites inactivos, componentes desprendidos de los sistemas de lanzamiento, restos quebrados derivados de algún choque fortuito…
De hecho, el dispositivo español NG-2 resultó golpeado por un elemento desconocido mientras subía a su emplazamiento en la órbita sincrónica, a 35.000 kilómetros de altitud. Podría tratarse de un resto de chatarra o un meteoroide. Pese a que Indra no ha dado detalles acerca de los resultados de la colisión, todo indica que algunos equipos internos podrían estar gravemente dañados. La firma ha confirmado que su par, enviado ocho meses antes, logra suplir las funciones de comunicaciones militares previstas para este, aunque también advirtió que, si los desperfectos son graves, tal vez sea preciso descartarlo y producir y poner en órbita un tercer satélite.

