Si vas a comprar una televisión 8K en Black Friday, lee primero esta advertencia de la Universidad de Cambridge: “Es absurdo poner más píxeles, no los vas a ver”
Televisión
Un estudio realizado por Cambridge y Meta Reality Labs actualiza los datos sobre distancias y resoluciones que distingue el ojo humano
Este móvil es el Empire State de la telefonía actual: el Huawei Pura 80 Ultra me ha hechizado, tanto por la estética como por sus fotos estratosféricas

Si vas a comprar una televisión 8K en Black Friday, lee primero esta advertencia de la Universidad de Cambridge: “Es absurdo poner más píxeles, no los vas a ver”.

Llega la época del año en la que empezamos a gastar compulsivamente para aprovechar esas ofertas irresistibles que nos hacen tener esa sensación de que el vendedor está perdiendo dinero con tal ganga. Como si no nos conociéramos, al final lo que acabamos haciendo es gastarnos mucho más de lo que teníamos previsto en un producto de mayor categoría o tamaño.
Por esta ley que siempre ha regido en la familia —tus padres hacían igual—, decides comprarte esa estupenda tele 8K con tecnología QLED que el vendedor te enseñó el primer día. En aquel momento dejaste de prestar atención a cualquier otro modelo. Un eco del infierno te va repitiendo “8K… 8K…”. Pero ¿realmente vale la pena?
Llega el día en que te vienen a instalar la tele y te la dejan puesta en el soporte mecánico que gira solo. Es espectacular lo bien que queda. La camisa se te ha quedado pequeña de lo hinchado que tienes el orgullo. En ese momento de calentón, llamas a tu cuñado y le invitas a tomar café para que vea ese vídeo del palacio de Buckingham que te han dado en un pendrive; ese que se ve como en las teles de demostración de la tienda.
Le recibes con esa sonrisa que no puedes disimular. Sabes que antes de Navidad él también tendrá una 8K, aunque esté sin blanca después de comprarse el coche en verano. Le das al botón del mando a distancia y, como si se abriera el telón, se enciende la majestuosa pantalla de 80 pulgadas que casi te cuesta el divorcio.
Miras atentamente a tu cuñado cómo contempla el cambio de guardia de Londres, esperando una reacción. No dice nada y crees que se ha quedado sin palabras, cuando, de repente, el marido de tu hermana cumple con su deber cuñadista y te suelta la frase que no esperabas: “Pero Paco, a esta distancia da igual que te compres una 8K o una 4K, tus ojos no son capaces de distinguirlo”.

Y tiene razón. De hecho, para que el ojo humano pueda distinguir un contenido 8K tendría que estar a un máximo de dos metros de distancia, una separación inconcebible ante una pantalla tan grande.
Un estudio recién publicado por la Universidad de Cambridge y Meta Reality Labs ha actualizado los datos que se tenía hasta la fecha sobre esta cuestión y ha elaborado una tabla que determina la resolución máxima que se puede ver a cada distancia, para cada tamaño de pantalla. Las casillas siguientes indican unas resoluciones que, para su pantalla y distancia, podría distinguir solo un 5% de la población (el 95% diría que se ve igual).

Esta es una de las dos principales razones por las cuales, para la mayoría de los mortales, es absurdo comprar una tele de resolución 8K. Otra cosa es que si buscas una tecnología determinada, un brillo, un contraste, una nitidez y una calidad de imagen concretas —y de paso el modelo elegido llega a 8K—, pues perfecto. Pero simplemente por el 8K... No tiene mucho sentido.
Teles excesivas
¿Por qué no se usa el 8K?
La respuesta es clara. Además de que no se distingue, la segunda razón que lo hace absurdo a día de hoy es que casi no hay contenido en 8K. En la TDT, olvídalo. Y en las plataformas de streaming, poca cosa. Y lo que hay, te tiene que interesar, claro.
Casi no hay contenido en 8K. Y lo que hay, te tiene que interesar, claro
“En unos años, toda la tele será en 8K”, le dices a tu cuñado, agarrándote a un clavo ardiendo. Tu invitado, que como buen cuñado, tiene que tener la última palabra, te acaba de hundir con su réplica: “Paco, te has gastado 3.000 euros. Cuando el 8K se estandarice, una tele como la tuya costará mil”.
Es difícil quitarle la razón. Para que un 8K pueda funcionar con fluidez, necesita un mejor procesador, componentes más caros y más energía. Es decir, que además de costarte más cara, gasta más, básicamente porque seguro que será más grande que la que tenías. Según la tabla, no tiene ningún sentido que existan pantallas 8K de menos de 80 pulgadas. Te tendrías que amorrar a una distancia que la acabarías empañando con el aliento.

“Si tienes más píxeles en tu pantalla de los que puedes apreciar, tu televisor es menos eficiente, más cara y necesita más potencia”, asegura el coautor del estudio, Rafal Mantiuk, profesor de Ciencias Computacionales y Tecnología de Cambridge.
Esperamos que esta Fábula del cuñado 8K pueda servir para reflexionar sobre la conveniencia o no de comprar un televisor con calidad 8K. En su lugar, puestos a hacer la inversión, es mejor gastarse el dinero en una 4K con la mejor tecnología de pantalla posible. Los autores del estudio han ideado también una calculadora de resolución para determinar cuál es el máximo que podrás distinguir, según las dimensiones de tu pantalla y de tu salón.

