John Logie Baird, el inventor de la televisión mecánica en 1926: “La televisión es un invento que permite que se entretengan en tu sala de estar personas a las que no tendrías en tu casa”
Tecnología incipiente
Baird fue un inventor autodidacta que, con un sistema mecánico hoy obsoleto, demostró por primera vez que las imágenes podían transmitirse a distancia
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John Logie Baird, inventor de la televisión mecánica.

En 1926, un hombre cambió para siempre el devenir del siglo XX. Su nombre era John Logie Baird, y fue el primero en demostrar públicamente que la transmisión de imágenes en movimiento a distancia era técnicamente posible. Lo hizo en Londres, utilizando un sistema de televisión mecánica basado en discos giratorios y señales electromecánicas. Y, aunque su trabajo no diera lugar al modelo de televisión que terminaría imponiéndose, estableció los principios técnicos y conceptuales para lo que entenderíamos más tarde como TV.
Nacido en Escocia en 1888, Baird fue un inventor autodidacta. Como muchos de su época, contó con una formación irregular, además de con una vida marcada por problemas de salud y dificultades económicas. A comienzos de la década de “los felices años 20”, el inventor comenzó a experimentar con sistemas de transmisión visual inspirados en el disco de Nipkow, un dispositivo que permitía escanear una imagen dividiéndola en líneas mediante un disco perforado en rotación.
Gracias a echarle muchas horas e ingenio, Baird logró un sistema que lograba capturar una imagen, convertirla en una señal eléctrica y reconstruirla en otro punto con un dispositivo similar. Así llegó hasta el 26 de enero de 1926, cuando realizó la primera demostración pública de una imagen televisiva reconocible de un rostro humano.
La resolución de su máquina era extremadamente baja —unas treinta líneas— y la imagen inestable, pero el principio funcionaba, que en su época ya era todo un logro. En los años siguientes, Baird avanzó en transmisiones a mayor distancia, emisiones experimentales regulares y pruebas de televisión en color y en tres dimensiones, siempre dentro de los límites de la tecnología mecánica del momento.

En 1928, consiguió dar a luz una empresa que una de las primeras transmisiones televisivas transatlánticas, entre Londres y Nueva York. Ese mismo año comenzaron emisiones experimentales que pueden considerarse el antecedente de la televisión comercial. Sin embargo, casi al mismo tiempo, los sistemas electrónicos desarrollados en Estados Unidos y otros países, especialmente los impulsados por Vladimir Zworykin desde RCA, demostraron ser más eficientes, escalables y estables.
A comienzos de los años treinta, la televisión mecánica quedó definitivamente superada, demostrando que el mundo tiraría por otro lado. Aun así,, el trabajo de Baird fue clave. Su sistema abordó por primera vez problemas que siguen siendo centrales en la tecnología audiovisual: el escaneo de la imagen, la sincronización entre emisor y receptor y la reconstrucción precisa de una señal visual en tiempo real. Y estos principios, trasladados posteriormente a la electrónica y al entorno digital, siguen presentes en la televisión moderna y hasta en el streaming.
”La televisión es un invento que permite que te entretengan en tu sala de estar personas a las que no tendrías en tu casa”, dijo Baird en relación a su invento. Porque lo que diferenciaba a Baird del resto de inventores es que entendía que la televisión no era solo una herramienta de transmisión de imágenes, sino un medio capaz de introducir contenidos, discursos y figuras externas en el espacio doméstico.
John Logie Baird murió, finalmente, en 1946, antes de que la televisión se consolidara como el medio más significativo del siglo XX. Su sistema fue superado, pero su aportación fue decisiva para demostrar que la televisión era viable y necesaria.


