Preocupación entre los economistas por el nuevo peligro económico que ha desbloqueado Sam Altman con ChatGPT
IA
La deuda de la empresa especializada en IA es tan grande que incluso la economía estadounidense parece depender ahora de que el sector no fracase.
Santiago Segura alucina con ChatGPT: "Dice que lo siente, lo hace todo mal, se fustiga, pide perdón, que le de otra oportunidad… y vuelve a hacerlo mal"

Sam Altman

La compañía responsable de ChatGPT, OpenAI, puede estar entre las empresas privada más valiosas del mundo. Sin embargo, en la práctica todo cambia: la empresa está perdiendo dinero a un ritmo muy superior al que puede recuperar por ahora.
Según la Agencia France-Presse, OpenAI ha encargado chips semiconductores de IA por valor de cientos de miles de millones de dólares justo cuando la confianza de los inversores se encuentra en un punto muy delicado. Estos acuerdos con Nvidia, AMD y Broadcom requerirían, según cálculos de AFP, una cantidad de energía equivalente a “20 reactores nucleares estándar”.

Para rentabilizar esta reciente oleada de compras, la empresa especializada en IA debería generar beneficios de cientos de miles de millones de dólares, según Gil Luria, director general de DA Davidson. De hecho, otro análisis del Financial Times sitúa los compromisos financieros totales de OpenAI por encima del billón de dólares.
Con una inversión de tal magnitud, la cifra exacta es prácticamente irrelevante: las posibilidades de que OpenAI logre devolver incluso una parte de su deuda se vuelven cada vez más inciertas. Aunque su valoración ronda los 500.000 millones de dólares, sus ingresos anuales apenas alcanzan los 13.000 millones, procedentes en su mayoría de las suscripciones a ChatGPT, según TechCrunch.
Por este motivo, el dinero que está en juego es tan grande que incluso la economía estadounidense parece depender ahora de que el sector de la IA no fracase. O, como resumió Stacy Rasgon, analista de Bernstein Research, Sam Altman “tiene el poder de hundir la economía global durante una década o llevarnos a todos a la tierra prometida”. Sin embargo, esa “tierra prometida” sigue siendo un terreno desconocido que los propios analistas suelen evitar abordar.
Impacto en el empleo: la otra cara de la inversión en IA
Algunos críticos tecnológicos apuntan que la enorme brecha entre el gasto en IA y los ingresos no demuestra una locura colectiva de los inversores, sino una apuesta abierta por una tecnología que podría hacer obsoleta la mano de obra humana, consolidando su control sobre la producción y eliminando el mayor punto de fricción de un sistema económico cada vez más frágil.
Y no es algo que se esconda: varios directivos influyentes han expresado sin tapujos su entusiasmo por sustituir trabajadores mediante IA o usar esa amenaza como herramienta de presión. El director ejecutivo de Verizon, Hans Vestberg, por ejemplo, afirmó recientemente al Wall Street Journal que su empresa estaba gestionando muy bien al personal. Con ello, puntualizó, quería decir que “está disminuyendo constantemente”.
Surge de este modo una cuestión inquietante: ¿qué se supone que debemos hacer el resto cuando ya no haya empleo disponible, especialmente en una economía donde trabajar es condición para sobrevivir? Todavía está por ver.

