Xiao Hong, con 33 años de edad, el emprendedor que recientemente vendió su compañía a Meta por 2.000 millones: “La era de la IA que no solo habla, sino que actúa, crea y entrega, apenas está comenzando”
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La compra de Manus por 2.000 millones de dólares evidencia un entramado de fricciones globales, medidas extremas y la disputa por liderar esa innovación apta no únicamente para el raciocinio, sino además para la ejecución.

El creador de Manus presenta su herramienta en 2025.
Al concluir el año 2025, Meta Platforms impactó al sector tecnológico mediante una transacción inmediata: la adquisición de Manus, una firma emergente que en menos de doce meses transformó los estándares establecidos. Creada por el empresario Xiao Hong, la compañía no presentaba simplemente un asistente conversacional avanzado, sino una propuesta bastante más audaz: un sistema independiente con la habilidad de realizar labores de alta dificultad.
Representaba el surgimiento de una etapa inédita. Una vez concluido el pacto, el mismo Xiao lo sintetizó mediante una perspectiva que tuvo eco en todo Silicon Valley: «El periodo de la IA que no simplemente conversa, sino que ejecuta, genera y suministra, apenas está iniciando. Y en este momento, logramos desarrollarla bajo una magnitud que jamás proyectamos».
No obstante, la adquisición no se limitó a un mero intercambio técnico. Manus se originó en China, una procedencia que la transformaba en un recurso tan apreciado como peligroso dentro del escenario mundial. El movimiento encendió enseguida las alertas en Washington, donde la competencia con Pekín en el sector de la IA representa un asunto de seguridad nacional.
La atmósfera era tan complicada que, a juicio de los especialistas, el pacto pendió de un hilo hasta el instante final. “Es prácticamente garantizado que habrá escrutinio; cualquier cosa con raíces chinas y ‘IA’ en el titular dispara los reflejos de Washington”, señalaba el experto Jeremy Goldman en un reporte acerca de la transacción.
La conmoción surgió debido a que Manus alcanzó un objetivo que las potencias de la tecnología solo planteaban en teoría. Su presentación, en marzo de 2025, se transformó en un éxito mediático por una prueba donde la herramienta seleccionaba perfiles profesionales de forma independiente, igual que un secretario real. El hype fue tan inmenso que las entradas para su versión de prueba se negociaban por más de 13.000 dólares.
Meta orienta su porvenir hacia los “agentes de IA”, una innovación con la facultad de completar labores de manera independiente. La integración de Manus, la firma vanguardista en esta área, representa el arranque de un periodo diferente en el cual nuestros auxiliares virtuales no se restringirán a resolver inquietudes, sino que operarán en nuestra representación.
Para los inversionistas que se decidieron por ella, tales como el fondo Benchmark Capital, el hallazgo resultó inmediato. “Ver a Manus actuar fue un momento ¡ajá! – nos dimos cuenta de que así es como la IA ayudará a la gente a hacer cosas, no solo a contestarles”, admitió un integrante de la firma bajo la condición de no revelar su nombre.
Aquel entusiasmo en Silicon Valley chocaba con el aumento de la animosidad en los ámbitos gubernamentales. El financiamiento de Benchmark hacia una firma vinculada a China desató el enojo de personalidades como el senador John Cornyn, el cual cuestionó abiertamente la operación, incrementando así la vigilancia normativa.
A través de una declaración contundente, el legislador planteó una interrogante retórica: “¿Quién cree que es buena idea que inversores americanos subsidien a nuestro mayor adversario en IA, solo para que el Partido Comunista Chino use esa tecnología contra nosotros? Yo no”. La intención era obvia: Manus se encontraba en medio de un conflicto ajeno.
Al comprender que sus raíces en China suponían una barrera inalcanzable para su expansión mundial, los iniciadores ejecutaron una medida drástica a mediados de 2025: organizaron un retiro premeditado. Establecieron su base en Singapur, cesaron a gran parte de su plantilla en China y finalizaron relaciones con sus financistas de la zona. Esta acción, tildada de “traición” por diversos medios nacionalistas de China, fue esencial para asegurar su éxito venidero.

Un informante de la organización fundamentó la difícil determinación durante un encuentro: “La mudanza respondió a motivos estratégicos: por un lado, acceso a mercados internacionales y a hardware de IA sin trabas de exportación; por otro, evitar riesgos de las restricciones de EE. UU. A empresas chinas de IA”.
Este alejamiento íntegro de China representó el requisito sine qua non que hizo posible que Meta finalizara la negociación. La transacción, desarrollada en escasos diez días, pasó a ser un referente de resiliencia para compañías emergentes originadas en la tensión geopolítica. El pacto no solo legitimó los avances de Manus, sino que marcó un hito para venideras compras globales en una industria tan vulnerable.
De acuerdo con un examen de la revista Fortune, la adquisición marcaría un hito histórico ya que “el trato marca una de las primeras instancias importantes de un actor clave en la tecnología de EE. UU. Comprando una startup fundada en China, convirtiéndola en una especie de prueba de fuego para acuerdos de este tipo”.
Para Mark Zuckerberg, la obtención de Manus trasciende una simple compra estratégica, convirtiéndose en el pilar de su futuro desafío: incluir asistentes autónomos dentro del ecosistema de sus servicios, desde WhatsApp hasta Instagram. El propósito es alterar el vínculo digital, transitando del diálogo convencional hacia la encomienda de funciones.
En palabras emitidas luego del aviso, el CEO de Meta esbozó un escenario donde dichas herramientas estarán en todas partes: “Nuestra visión es que cada negocio tenga un agente de IA… igual que hoy todos tienen web y teléfono, mañana tendrán un agente que represente a la empresa ante clientes”.
Aun con el entusiasmo reinante, la trayectoria presenta diversas dificultades. Meta recibe no únicamente una innovación transformadora, sino igualmente los retos morales, de protección y de confianza que esta implica. Asimismo, su historial respecto a la confidencialidad de datos podría representar un impedimento al momento de persuadir a las corporaciones para que implementen sus recientes “empleados digitales”.
De acuerdo con lo expuesto en un reporte reciente de Axios, la interrogante principal permanece vigente, arrojando dudas sobre el plan audaz de la corporación tecnológica: “Queda por ver si las empresas confiarán en Meta como proveedor de nivel empresarial”.



