'Parasocial' es la palabra del año según Cambridge, ¿qué significa y qué dice de nosotros como sociedad?
Terminología
Sentir una relación muy cercana, incluso familiar, con un actor, un músico o un influencer tiene nombre: se llama “relación parasocial”, y la Universidad de Cambridge cree que es lo que más ha marcado este 2025
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Aitana es una celebridad que induce relaciones parasociales con sus fans.

Establecer relaciones emocionales con celebridades, con influencers, como artistas e incluso con chatbots ha sido, para la Universidad de Cambridge, el acto más definitorio de este 2025 que se cierra; y por eso, han escogido parasocial como la palabra del año del Diccionario de Cambridge.
Aunque su uso se ha popularizado, especialmente, en la última década, con el auge de Internet y las redes sociales, en realidad su existencia data de los inicios de la popularización de los medios masivos en los años 50: Donald Horton y Richard Wohl, sociólogos de la Universidad de Horton, utilizaron el término para definir las relaciones de cariño y cercanía que los televidentes formaban con los presentadores o actores de sus formatos favoritos, llegando a equipararlas con las que establecían con amigos o familiares.
A día de hoy, la definición de parasocial no ha cambiado mucho, pero los contextos en los que se aplica sí que son mucho más amplios. Según el Diccionario de Cambridge, parasocial es lo “relacionado con una conexión que alguien siente entre ellos mismos y una persona famosa que no conocen, o un personaje en un libro, película, televisión, o una inteligencia artificial”. Las interacciones, relaciones, conexiones e incluso rupturas pueden ser parasociales, tener que ver con alguien que admiramos o seguimos, pero no conocemos de manera personal.
Una de las imágenes que ilustra la página oficial de la Universidad de Cambridge en la que se explica el término es una fotografía de la cantante Taylor Swift y su futuro marido, el jugador de fútbol americano Travis Kelce. “Cuando anunciaron su compromiso, muchos fans sintieron una conexión profunda hacia ellos, incluso si la mayoría jamás les habían conocido.”

Los artistas y, sobre todo, los cantantes, han aprendido a explotar estas relaciones parasociales en un mundo en el que ser fan o seguidor tiene mucho que ver con ellas. Tanto Swift como otras cantantes como Olivia Rodrigo o incluso las españolas Aitana o Rosalía comparten pequeños fragmentos de su vida en sus letras, dejando que los fans puedan imaginar los motivos que les llevaron a escribirlas.
Incluso Aitana o Rosalía comparten pequeños fragmentos de su vida en sus letras, dejando que los fans puedan imaginar los motivos que les llevaron a escribirlas
Que un autor deje permear pequeños trazos de su vida personal en su obra no es algo nuevo; es, de hecho, una tendencia que casi podríamos considerar tan antigua como el arte. Tampoco es novedosa la curiosidad por las vidas privadas de las celebridades, que llevan registrándose en la prensa del corazón desde hace décadas. Pero sí se percibe un aumento de la especulación alrededor de los simbolismos y los pequeños detalles, los fragmentos de realidad de la ficción artística.
“No sabría explicarlo, pero me siento muy protectora hacia ella; como si fuese una de mis amigas, en cierto modo”, explica Beatriz E., fan de Taylor Swift desde hace más de una década. “Sé que no es real, pero es agradable sentir esa cercanía. La parte más divertida del lanzamiento de cada disco es cuando las fans analizamos las letras y buscamos referencias…Y creo que ella también lo alimenta. Que pone ahí pequeñas pistas para que nosotras descubramos la historia.”
Una nueva manera de disfrutar del arte, la música y las redes
Para la profesora de Ciencias Sociales Experimentales de la Universidad de Cambridge, Simone Schnall, este tipo de sentimientos son, por norma general, sanos si se gestionan con cautela: “la representación tradicional y más sana de lo parasocial viene de la mano de gente que crea vínculos parasociales con artistas con Taylor Swift porque son excepcionalmente buenos en lo que hacen. Pero esto también puede llevar a interpretaciones obsesivas de las letras, o discusiones muy intensas en Internet”.
Para la experta, hay un vínculo estrecho entre el auge de lo parasocial y la progresiva pérdida de confianza en los medios tradicionales. “Cuando esto sucede, las personas acuden a personas individuales a quienes consideran autoridad. Cuando pasan muchas horas consumiendo su contenido, se crean estos vínculos parasociales que les hacen tratarlos como amigos cercanos. Por eso, cuando un influencer tiene muchos seguidores, se asume que son de fiar”.
Cuando pasan muchas horas consumiendo su contenido, se crean estos vínculos parasociales que les hacen tratarlos como amigos cercanos. Por eso, cuando un influencer tiene muchos seguidores, se asume que son de fiar
Pero esto también tiene peligros. El contenido que se publica en redes o plataformas como YouTube o TikTok no tiene un filtro previo, y eso puede llevar a inexactitudes o a popularizar discursos falsos o peligrosos.
Aún así, está claro que el potencial de lo parasocial es elevado. No es de extrañar, entonces, que artistas como Swift aprovechen el potencial emocional de las relaciones parasociales para generar mejores vínculos con sus fans. Hay otros casos de parasocialidad comunes: los locutores de podcast o los YouTubers tienden a generar esa sensación de cercanía con su público porque sus formatos son más informales y casuales que, por ejemplo, el cine o la televisión. Schnall explica que “el auge de las relaciones parasociales ha redefinido el fandom —la comunidad de fans de un artista—, las celebridades y cómo la gente interactúa online e incluso con la IA”.
Inteligencia artificial en las relaciones parasociales
El último punto, el relacionado con la inteligencia artificial, es importante; de hecho, la Universidad de Cambridge ha actualizado su definición del fenómeno para incluirla. Si bien este tipo de vínculos entre fans y personas famosas lleva ya bastante tiempo existiendo, las relaciones con la IA y los chatbots, entidades controladas con inteligencia artificial que performan los rasgos del habla de los seres humanos, sí han estado en auge en este último año.
De confiar intimidades a consultar sobre inseguridade s o incluso establecer relaciones románticas, la interacción entre humanos e IA es compleja y está en constante evolución. Es por eso que muchos se preguntan sobre si podría tener consecuencias negativas a largo plazo, especialmente para los más pequeños. Incluso en los casos en los que se es consciente de que no estamos hablando con una persona real, el hecho de que se exprese de manera similar a como lo haría un humano genera respuestas complicadas. Pablo F., de 24 años, nos confiesa que “siempre le pido las cosas por favor a ChatGPT y le doy las gracias. Sé que da igual y que no se da cuenta ni le importa, porque es una máquina, pero me siento mal si no lo hago.”
Aunque actitudes como estas son inofensivas, los expertos sí que advierten sobre los riesgos de confiar en exceso en plataformas como ChatGPT o incluso llegar a utilizarlas como terapeuta. Tal y como señalan los expertos, “no reemplazan el afecto, la amistad ni la atención psicológica profesional.

