El abusivo sistema laboral 996 se pone de moda en Silicon Valley: “Es la velocidad de trabajo que se necesita para ganar”
Trabajo extremo
Silicon Valley empieza a adoptar la jornada laboral de seis días mientras China va camino de prohibirla
Pedro Mujica, ingeniero computacional: “El capitalismo ha fracasado, ahora vivimos en el tecnofeudalismo: las grandes corporaciones nos tratan como vasallos digitales”

Eric Schmidt, expresidente ejecutivo de Google, uno de los principales defensores de este sistema.

Para la nueva generación de emprendedores de Silicon Valley, trabajar 40 horas a la semana no es suficiente. En lugar de eso, se les ha ocurrido una idea mejor: semanas laborales de seis días, en las que se trabaja desde el principio de la mañana hasta última hora de la tarde.
Si parece excesivo o incluso abusivo es porque, en realidad, y al menos en términos de España, lo es: este modelo incumpliría las legislaciones vigentes sobre jornadas máximas diarias, semanales, y número de horas extra en nuestro país. Pero, mientras Europa comienza a pensar en reducir el número de horas que los ciudadanos trabajan a la semana, la meca de la innovación tecnológica de San Francisco ha decidido tomar otro referente: el de China.
El “sistema laboral 996” era una práctica frecuentemente asociada al sector tecnológico en China. Su nombre es una descripción directa del tipo de horario que promulga: consiste en trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, 6 días a la semana. El objetivo es reducir costes, aumentar la productividad, y obtener mejores resultados en menos tiempo. El coste es, en la mayoría de los casos, la salud física y mental de los empleados.
Según una encuesta realizada en el año 2013, el 98’8% de los trabajadores del sector tecnológico en China tenían algún tipo de problema de salud. Las afecciones más comunes eran fatiga crónica y problemas del sueño y alimenticios. Las declaraciones de Jack Ma, el fundador de Alibaba, que en el año 2019 decía que el modelo 996 era “una bendición”, y que sus empleados “deberían estar agradecidos por la oportunidad de trabajarla”, causaron gran controversia en el país e impulsaron algunos movimientos ciudadanos en contra del sistema.

En aquel momento, se estimaba que alrededor de 600.000 personas morían al año por condiciones relacionadas con el trabajo. Todo esto hizo que, en el año 2021, el gobierno chino declarase las jornadas 996 como ilegales. Incluso a día de hoy, el país asiático sigue luchando contra las empresas que tratan de imponer estos horarios. Pero, en Silicon Valley, los ven como una oportunidad para progresar en medio de una industria más competitiva que nunca.
El ámbito de la tecnología ha pasado por unos últimos años un tanto complejos. Mientras los despidos se hacían cada vez más frecuentes —ya van más de 110.000 personas que han perdido su empleo este año en Estados Unidos; el año pasado, fueron más de 150.000— muchos emprendedores y grandes empresarios veían el auge de la IA como su nueva oportunidad de conquistar un terreno con mucho potencial, pero que todavía está dando sus primeros pasos.
7 días a la semana es la velocidad de trabajo que se necesita para ganar ahora mismo. No hay margen para equivocaciones
¿El problema? Que, hoy por hoy, la IA no está dando beneficios. De hecho, la mayoría de los proyectos están fracasando. Así, las empresas han optado por recortar sus plantillas para mantener sus márgenes y, en el caso de Silicon Valley, por aumentar las horas de trabajo y ajustar sus objetivos para intentar lograr quedar entre las pocas supervivientes de una carrera que cada día se torna más encarnizada.
Hace apenas cuatro meses, en su cuenta de LinkedIn, el fundador de la start-up 20VC, Harry Stebbings, afirmaba que “7 días a la semana es la velocidad de trabajo que se necesita para ganar ahora mismo. No hay margen para equivocaciones”. Desde entonces, la ideología se ha expandido rápidamente. Muhammad Atif, CTO de PureLogics, defendía en otro mensaje que “el 996 que ha llegado a Silicon Valley muestra una cultura donde la innovación está en el centro. La pregunta no es si las personas están trabajando más horas. Es cómo podemos conseguir que estos equipos mantengan esa pasión y sigan siendo sostenibles”.
Mientras tanto, cada vez aparecen más ofertas de trabajo que marcan la jornada de 70 horas como un requisito indispensable para la contratación. Las estadísticas de la firma Ramp indican que, en la zona de San Francisco, ha habido un aumento notable de transacciones realizadas con tarjetas de crédito corporativas durante los fines de semana. Es decir: más personas están trabajando sábados y domingos y utilizando las tarjetas de la empresa para comer o cenar durante este tiempo.

Kobe Bryant dedicó todas sus horas al baloncesto, y no creo que haya mucha gente que diga que Kobe Bryant no debería haber trabajado tan duro como lo hizo
Aunque el modelo 996 también tiene una cantidad notable de detractores, muchos de sus defensores aluden, también, a un cambio generacional. En una entrevista con Wired, Will Gao, líder de crecimiento de la compañía Rilla, una startup apoyada en la IA, asegura que el 80% de sus empleados ya trabajan semanas de seis días.
“Especialmente en mi generación, la Generación Z, hay toda una subcultura de gente que creció escuchando historias de Steve Jobs y Bill Gates, emprendedores que dedicaron sus vidas a construir compañías que cambiaron vidas”, explica Gao. “Kobe Bryant dedicó todas sus horas al baloncesto, y no creo que haya mucha gente que diga que Kobe Bryant no debería haber trabajado tan duro como lo hizo”.
Incluso si las nuevas generaciones de Silicon Valley han sido más propensas a adoptar esta manera de pensar, lo cierto es que la filosofía de anteponer el trabajo al descanso y la vida personal lleva presente en el entramado empresarial de San Francisco desde sus orígenes.
Hace unas semanas, Eric Schmidt, ex-CEO de Google, explicaba a este respecto, en un podcast, que “Si quieres estar en el sector tecnológico, y quieres ganar, vas a tener que hacer algunos sacrificios. Recordad: estamos compitiendo contra los chinos.” Está todavía por ver si la estrategia surtirá efecto, o si sus defensores terminarán por desfallecer antes de llegar a la meta.


