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En 1962, una matemática cambió para siempre la informática a causa de un afortunado accidente: “Nadie imaginó que estos programas seguirían funcionando 50 o 60 años después”

Historia de la tecnología

Cómo una programadora accidental ayudó a crear COBOL en 1959 y sentó las bases del software que todavía sostiene bancos y gobiernos en todo el mundo

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Jean Sammet, programadora, en los años 60.

Jean Sammet, programadora, en los años 60.

En los años 50, ser programador era dedicarse a una profesión que nadie tenía claro si tenía futuro y que, a pesar de “estar de moda”, le quedaban años y años de desarrollo para convertirse en lo que es hoy día. Si a eso le sumas ser mujer, la cosa se complicaba más en un sector dominado al 100% por hombres.

Es por ello que, cuando Jean Sammet comenzó a dedicarse a la programación, nunca imaginó que acabaría cambiando la historia de la informática para siempre. A comienzos de los años cincuenta, escribir código solo era una tarea práctica ligada a resolver problemas muy concretos en grandes ordenadores empresariales. Y Sammet llegó ahí casi por inercia. Pero, desde esa posición, acabó participando en la creación de uno de los lenguajes más influyentes del siglo XX: el COBOL.

En una entrevista incluida en su historia oral para el IEEE History Center, grabada en 1998, Sammet explicaba que empezó a programar porque el trabajo lo exigía, no porque lo hubiera elegido como vocación. “No había una carrera llamada informática, así que uno se convertía en programador simplemente porque el trabajo lo requería”, explicaba. 

Ella era, “simplemente”, una matemática superdotada que por una serie de circunstancias acabó entrando en el mundo de la programación. Y pronto se demostró como lo que era: una genia en lo suyo. En 1959, después de desarrollar varios programas para IBM, Sammet formó parte del comité impulsado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para crear un lenguaje común orientado a los negocios. 

Jean Sammet, programadora.
Jean Sammet, programadora.Wikimedia Commons

El objetivo de este programa era evitar que cada fabricante de ordenadores obligara a reescribir programas desde cero. Es decir, crear un lenguaje común para todos. Así, durante dos semanas de trabajo intensivo en Nueva York, ese grupo redactó las especificaciones iniciales de COBOL, un lenguaje pensado para ser legible, portable y útil para el procesamiento masivo de datos administrativos.

Sammet no fue la única figura clave de ese grupo, pero sí fue una de las voces que defendió que el lenguaje debía ser independiente de la máquina y lo suficientemente claro como para sobrevivir a los cambios tecnológicos. Y ese enfoque fue claro. COBOL priorizó la claridad sobre la elegancia técnica, algo que derivó en críticas desde el ámbito académico, pero que facilitó su adopción masiva por parte de empresas de todo el mundo.

COBOL no fue diseñado para ser bonito, fue diseñado para funcionar en el mundo real

Años después, Sammet reconocía ese debate en una conferencia organizada por el IEEE: “COBOL no fue diseñado para ser bonito, fue diseñado para funcionar en el mundo real”. Y ella fue la máxima defensora de esta idea. 

Tras su paso por el comité de COBOL, Sammet continuó desarrollando herramientas con el mismo enfoque en IBM. Allí lideró en 1962 la creación de FORMAC, el primer lenguaje comercial de cálculo algebraico simbólico, demostrando que su experiencia no se limitaba al software administrativo. 

Sin embargo, si por algo pasó a la historia es por COBOL, un lenguaje que, aún hoy día, se sigue usando. En una entrevista concedida a IEEE Spectrum en 2017, Sammet lo dejaba claro: “Creo que nadie imaginó que estos programas seguirían funcionando 50 o 60 años después”. En definitiva, su “accidente” profesional acabó definiendo buena parte del software que todavía sostiene la economía global.

Creativo y tecnólogo. Escribo sobre IA y cultura digital. Fundé una productora y una Proptech. Hablemos de futuro.

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