Ni una pipa es una pipa ni todos los asientos son iguales. Las fluctuaciones imprevisibles de los aranceles son la prueba fehaciente de que la democracia es una entelequia cuando se trata de monetizar. De hecho, la desigualdad es la base del capitalismo, ya sea aleatoria o revestida de clasismo. En un avión, la desigualdad clasista es la diferencia de precio entre los asientos de primera clase (u otros eufemismos grandilocuentes), los de clase ejecutiva (eufemismo que neutraliza el privilegio en nombre del trabajo) y los de clase turista (eufemismo que nos cuela las chancletas a todos).
La desigualdad aleatoria es que puedes viajar en clase turista pagando el doble que quien viaja a tu lado. Si nos centramos en la modalidad clasista, podemos pagar una fortuna por un asiento de privilegio en muchos eventos deportivos o artísticos. En el Cirque du Soleil, por ejemplo. Este abril en el Palau Sant Jordi, entre las entradas más baratas y las más caras hay 230 euros de diferencia. Cabe decir que las Platinum, a 260 euros, son butacas en primera fila del escenario y, más allá de la proximidad, deben de ofrecer alguna comodidad más. En el mundo del deporte, son altas las tarifas de los asientos más cercanos a la pista en la NBA, y no hace falta recordar la relación de los palcos vip del Barça con las penurias del club la pasada Nochevieja con el fair play financiero y las inscripciones de Olmo (y Pau Víctor, ¿qué fue de Pau?).
Todos tenemos nuestras debilidades y pagaríamos lo que no tenemos por un asiento en algún lugar que tal vez mitificamos. En mi caso, no me arruinaría ni por sentarme en la cocina de ningún chef Michelin ni en el camerino de ningún cantante. Pagaría lo que no tengo por una silla en las reuniones de los ejecutivos del BBVA y Banc Sabadell con sus respectivas agencias publicitarias para encargarles las campañas que hemos visto estos últimos meses. Primero, aquellos diálogos grotescos entre accionistas de los dos bancos emitidos por el que acababa de proponer una opa hostil, y ahora, la réplica de la competencia entre pescaderas. ¿Quién querría pagar por ver el Cirque du Soleil pudiendo pagar por sentarse en las reuniones donde se encargan estas campañas?
