
Directivos, capitalistas y sindicatos
OPINIÓN

Los secretarios generales de CCOO y UGT, Unai Sordo y Pepe Álvarez, saludan a la vicepresidenta Yolanda Diaz en la manifestación del Primero de Mayo
“Todos queremos más”, decía una canción de aquellos años. Y la remataba diciendo: “Más y más y mucho más”.
“Aquellos años” eran malos. Cuando falta lo esencial y hay apuros para llegar, no ya a fin de mes, sino al día 10, y hay hambre y ves fotos de niños de entonces y te das cuenta de que unos kilicos de más no les habrían venido nada mal, es natural que “todos queramos más”.
Han pasado los años y, gracias a Dios, las fotos han cambiado. Pero sigue habiendo situaciones muy tristes, aunque ahora frecuentemente pretenden decirnos que son ”accidentales”. Los niños de Ucrania estaban gordicos y lustrosos hasta que Rusia “quiso más”. Y a los chavales de Gaza les pasa lo mismo. Y a los de Sudán. Esos son los “accidentes” de hoy (o sea, las consecuencias), causados por “querer más y más y mucho más”.

Pero cojo los periódicos españoles y veo que aquí también queremos más. Hay personas discutiendo la subida del salario mínimo interprofesional y me encuentro con una ministra cuyo lema es “a menos trabajo, más felicidad”. Hago cuentas y veo que menos trabajo con la misma remuneración equivale a más dinero.
Todos queremos más. En la vida de las empresas, se encuentran los de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) con los que representan a los trabajadores, Unión General de Trabajadores (UGT), socialista, y Comisiones Obreras (CC.OO.), comunista. UGT pretende “organizar el trabajo de reivindicación cotidiana para lograr un aumento y mejora del bienestar”. CC.OO. Busca “defender los intereses de los trabajadores para conseguir una sociedad más justa, democrática y participativa”. La CEOE centra su labor en la “ayuda a los empresarios en contraposición con la labor de los sindicatos”.
En este proceso apareció lo que se llamó “la clase directiva”, formada por los que sabían dirigir.
Hay que vigilar de cerca a Trump porque nada de lo que dice es gratis
Antonio Valero, primer director del IESE y profesor de Política de Empresa, publicó un artículo en la revista Nuestro Tiempo en los años sesenta, en el que definía las tres responsabilidades en la empresa:
- Los que realizaban el trabajo directivo
- Los que hacían el trabajo operativo
- Los que aportaban los instrumentos (el capital)
Los que dirigen y los que aportan el capital aparecen como “patronos” y los demás como “trabajadores”, que, por razones pseudohistóricas, van sin corbata.
Negocian las dos instituciones y llegan, o no, a unos acuerdos determinados. En estas negociaciones es bueno que, como subproducto importante, se consiga que los trabajadores directivos, los no directivos y los que aportan ese instrumento que hemos llamado “capital”, se sepan bien la cuenta de resultados de la empresa, sabiendo que el margen bruto debe dar para pagar todo, llegándose así al BAI, beneficio antes de impuestos, que se convierte en beneficio neto, una vez pagados esos impuestos. Una parte se entrega a los dueños del capital o accionistas, en forma de dividendos y el resto se guarda como reservas.
Con todo lo anterior ocurrirá que la diferencia entre lo que se tiene (activo) menos lo que se debe (pasivo), que era el capital inicial, puede verse aumentada si el negocio va bien y reducida si va mal. Si va mal o si, en el entorno, suceden cosas que no ayudan a que las empresas vayan bien.
Por ejemplo, ahora Moody’s, Fitch y S&P Global Ratings, agencias de calificación, han quitado la calificación de triple A a Estados Unidos. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha dicho lo que en mi tierra llaman una majadería: “¿A quién le importa?” Pues mira, Scott: me importa a mí. Porque ahora la deuda de Estados Unidos no se considera como impecable. O sea, le suben los intereses cuando pide prestado. Esos intereses aparecen en la columna “gastos” de los presupuestos generales del Estado. Para equilibrarlos, en la columna “ingresos” subirán los impuestos, que tendré que pagar yo. Es muy posible que yo tenga que subir los precios de lo que vendo. Etcétera.
Es decir, hay que vigilar de cerca a Trump porque nada de lo que dice es gratis y ninguno de sus frecuentes cambios de opinión es gratis ni, como sabemos todos, nada de nada es gratis. (Por ejemplo, las ideas de Yolanda Díaz).
Sabiendo eso y conociendo la cuenta de resultados de mi empresa, no estará todo resuelto, pero igual me puedo manejar un poco mejor.
