Opinión

Aquí todo dios tiene líneas rojas

Yo no tengo nada personal contra el otomano Calouste Gulbenkian, un armenio con barba conocido como “míster cinco por ciento” aunque nunca tuvo relación con el FC Barcelona. Dicho esto, maldito sea aquel 31 de julio de 1928 en que a Calouste Gulbenkian se le ocurrió crear lo de “una línea roja”, que hoy emplean hasta las estilistas de Albacete cuando buscan un novio que no ronque y haga fitness porque se trata de líneas rojas.

 
 Kai Forsterling/Efe

Francia anda a la deriva y el dimisionario Lecornu, que no es la alegría de la huerta, ha atribuido su espantada a que todos los partidos andan con “líneas rojas” y así no hay quien forme ni presida gobierno. Pedro Sánchez podría decir lo mismo de su cuadrilla el día en que le tumben unos presupuestos –motivo de renuncia en otros tiempos– y ya no digamos Salvador Illa, santo Job de la Catalunya donde hasta el más tonto se ha hinchado a poner líneas rojas estos años.

A mí lo que me preocupa de verdad es que las mujeres hayan interiorizado o metabolizado –me hago un lío– lo de las líneas rojas. Ya sé que toda la vida han existido límites, nones y calabazas, pero carecían de ínfulas diplomáticas y apriorísticas. No es que no existieran –una no escrita y frecuente: nada de sexo en la primera cita, sí en la segunda–, pero la cosa iba de piel y fuego, sin solemnidades.

Gulbenkian acuñó en 1928 lo de “línea roja”, de la que tanto abusan hoy partidos y novias

Volviendo al amigo Calouste, hay que disculparle porque no sabía la que iba a armar cien años más tarde, cuando todo quisqui en política camufla su egoísmo en líneas rojas, cuya invocación infunde una integridad más falsa que un duro sevillano. Las compañías petroleras occidentales se estaban repartiendo los yacimientos del imperio otomano con un mapa sobre la mesa y, para acallar a los tiquismiquis, Gulbenkian agarró un bolígrafo rojo, delimitó y aire.

Durante cien años, de líneas rojas solo hablaban los diplomáticos, pero algún gracioso vulgarizó la expresión gracias a la cual partidos de chichinabo se suben a la parra con sus “líneas rojas”, la coartada ideal para ir a lo suyo y fastidiar a lo que llaman la ciudadanía.

¡Y a los varones partidarios del diálogo, el entendimiento y la cooperación de género con fines ulteriores y no de las líneas rojas

Joaquín Luna Morales

Joaquín Luna Morales

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Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'Guyana Guardian' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.