
Después de las inundaciones
Nos despertaron las goteras a principios de septiembre, en 1989. Tras achicar agua toda la mañana, volvimos a Palma. Siguió lloviendo. Las carreteras se anegaron, dos vecinos del puerto consiguieron atarse a un árbol para que no los arrastrara la corriente. Mi tía abuela miraba cómo el nivel del mar crecía a los pies de su balcón y exclamó que aquel era un nuevo diluvio universal. Tres trabajadores de un hotel bajaron a cerrar las puertas y se los llevó la riada. También murieron 45.000 gallinas, medio millar de cerdos.

Mi padre fue a Portocolom al día siguiente. Grabó con una handycam el fango en las fachadas, los coches hundidos en un mar marrón donde flotaban restos de llaüts destrozados. El agua aún estaba turbia el verano siguiente. Yo recordaba las imágenes que había visto en la tele de pequeña, una zodiac navegando por las calles de Carcaixent, convertidas en ríos tras la pantanada de Tous. En el 2018 pasé miedo cuando mi familia mandó vídeos de las tormentas en Mallorca. El Torrent de Ses Planes se desbordó, el agua alcanzó los tres metros de altura en algunas casas de Sant Llorenç des Cardassar. Murieron trece personas. Los daños económicos se estimaron en millones de euros.
Falta más inversión en limpieza de drenajes, en restauración fluvial y ambiental
Suele decirse que hay que conocer la historia para evitar que se repita. Pero es necesario no interpretarla como tragedia ni vernos como personajes predestinados por la fatalidad. La memoria sirve para aprender, corregir, y no resignarse a asumir la próxima desgracia. Sin embargo, en Portocolom no solo sigue abierto aquel hotel en medio del torrente, también se ha seguido construyendo en su cauce, así como en otros muchos puntos inundables de las Baleares. Falta más inversión en limpieza de drenajes, en restauración fluvial y ambiental. Los destrozos en el Delta de l’Ebre son tan habituales después de cada dana que la sensación de abandono allí es total, pese a tener la reserva natural más importante de Catalunya.
Desde hace un año somos conscientes de las graves consecuencias que tiene la dejación de responsabilidades, la desatención del entorno, vivir de espaldas a la realidad y la falta de respeto por la ciudadanía. Tendría que servir para exigir cambios urgentes en las prioridades administrativas. La alternativa es un sálvese quien pueda en que la última en salvarse es la sociedad.
