Opinión

Prisas y relojes

Los abuelos de hoy son una estación de servicio donde dejar a las criaturas mientras los padres realizan sus actividades. Han sido convertidos en figuras funcionales, pero no relacionales. Aunque el vínculo entre abuelos y nietos puede ser profundo, se les recortan espacios y funciones. Los abuelos eran el vínculo entre el pasado y el presente. Narraban la vida a sus nietos. Les explicaban cuentos mágicos, historias de la familia o leyendas sobre el lugar donde nacieron. Dedicaban tiempo y espacio a esos niños siempre necesitados de figuras de referencia.

 
 Getty Images

Mis abuelos fueron una fuente de sabiduría. Junto a mis padres y hermanos, formábamos un núcleo de tres generaciones. Me enseñaron muchas cosas que conservo conmigo. Quizás la clave esté en el tiempo. Tuvimos tiempo para que las historias surgiesen, la relación se forjase y los sentimientos fuesen muy sólidos.

Ahora los abuelos recuerdan una de esas estaciones de servicio de las autopistas

En nuestra sociedad de prisas y relojes, los padres corren siempre. Los niños corren también, arrastrados por la corriente vertiginosa de unos progenitores carentes de tiempo. A menudo los abuelos viven lejos. No pueden disfrutar de ver crecer a sus nietos, sino que tienen que conformarse con encontrarlos cuando lo requiere la logística familiar. Son abuelos que acompañan al cole, dan meriendas, tienen el táper a punto, solícitos sirvientes de unos hijos que no llegan a conciliar la vida con el trabajo. Ayudan a sus nietos, pero no pueden ser transmisores de conocimiento. Son útiles, aunque no se los considere los referentes que fueron en pasadas generaciones.

Es una ­pena. Hace pocas décadas, los abuelos seguían siendo hogar, espacio de encuentro, calma, cotidianidad bien vivida. Ahora recuerdan una de esas estaciones de servicio que hay en las autopistas, lugares prácticos donde paramos para repostar y seguir la ­ruta.

Me gustan las iniciativas que tienen como objetivo reforzar los vínculos entre abuelos y nietos, como Avis i àvies contacontes o Les àvies escriuen contes i els infants els dibuixen. Se trata de recuperar ese poder inmenso de las palabras que suelen tener los mayores, su capacidad de comunicar emoción, de transmitir valores propios de nuestra cultura que dibujan formas de ser y de enfrentarse al mundo. En la proximidad intergeneracional, salimos ganando todos.