
La puerta de entrada
Durante años, internet pareció un espacio abierto y amable, una plaza pública donde cualquiera podía acceder y encontrar lo que buscaba. Pero, en realidad, desde casi su inicio, hubo guardianes que lucharon por controlar esa puerta invisible que conecta el mundo. Los buscadores ordenaron el caos y decidieron qué merecía ser encontrado. Porteros del conocimiento digital: controlaban búsquedas, conectaban la información. La relevancia de una web dependía de algoritmos que con el tiempo se convertirían en opacos y eran cambiados a discreción. De la capacidad de adaptarse a sus normas, además de complementar lo orgánico con crecientes pagos, se lograba existir. Por años, el futuro de miles de empresas y medios se dirimió en las páginas de resultados de búsqueda.
No tardaron en llegar las redes sociales, inseridas en forma de aplicaciones en smartphones, para desafiar al todopoderoso buscador y añadir una variable poderosa: la viralidad. Ya no importaba tanto encontrar, sino ser compartido. Se convirtieron en focos de lo relevante, otros algoritmos dictaban qué merecía la atención. Si los buscadores controlaban el acceso a la información, las redes definieron el acceso a la emoción. De audiencias dispersas a comunidades con reglas propias tan adulteradas como el anterior monopolio. Un contenido pasaba de inadvertido a global en horas. La socialización decidía qué contenido era relevante, no su curación.
La inteligencia artificial ha ampliado aún más la brecha entre el emisor original del contenido y su audiencia final
Hoy, un nuevo umbral emerge: la inteligencia artificial. No buscamos, preguntamos. No navegamos, conversamos. Encuentra, decide, selecciona y sintetiza, por nosotros, qué es verdad y sirviéndolo, supuestamente, a voluntad. El acceso ya no es un índice ni un muro de noticias, sino una mente artificial que responde. La IA ha ampliado aún más la brecha entre el emisor original del contenido y su audiencia final. Internet siempre ha sido un espejo de un poder, siempre tiránico, con idéntico objetivo: dominar el tráfico, controlar el mundo. Un gran pulso: el control no reside en el contenido, sino en la capacidad de intermediarlo. No informan, definen qué información obtenemos. No generan opinión, la moldean. Los buscadores lo abrieron, las redes lo manipularon y la IA lo está reescribiendo.
La batalla es por la cambiante puerta de entrada; quien la controla, controla el mundo. El lugar más universal, la red, es el más oligopólico. La información, es decir, la libertad, casi desde el inicio, siempre fue manipulada, no lo olviden. Un cómico, James Veitch, dijo: internet nos da acceso a todo, pero todos tienen acceso a nosotros. Esa puerta tiene dos lados, recuérdenlo; no es una broma.
