Gabriel Rufián, que acostumbra a ser un político muy certero con los dardos de X, ha vuelto a hacer diana después de que Alberto Núñez Feijóo pidiera en Foment del Treball los votos de Junts y de ERC para impulsar una moción de censura. “Hemos pasado de Puigdemont a prisión a Puigdemont vótame la moción”, ha tuiteado Rufián. Nada nuevo bajo el sol: en las elecciones generales de 1996, cuando el PP necesitó los votos de CiU, sus huestes pasaron de gritar bajo el balcón de Génova “Pujol, enano, habla castellano” a acuñar la frase “Pujol, guaperas, habla lo que quieras”.
Alejandro Fernández y Alberto Núñez Feijóo en Foment del Treball con su presidente, Josep Sánchez-Llibre
No es la primera vez que Feijóo intenta un acercamiento a Carles Puigdemont sin éxito. Tras una conferencia en el hotel Palace barcelonés, hace dos años, el líder del PP hizo un guiño al expatriado de Waterloo, cuando mostró respeto para su persona e incluso admitió contactos indirectos.
Y es que la política, casi tanto como el matrimonio, hace extraños compañeros de cama. Porque después de la implacable campaña del PP contra la amnistía y de los ataques furibundos contra Puigdemont en los últimos años, resulta sorprendente que piensen que Junts podría apoyar una moción de censura.
Como hizo Aznar con Pujol, ahora Feijóo pide a Puigdemont que le eche una mano
Miriam Nogueras, su portavoz, ha dicho públicamente que no están en el Congreso para dar estabilidad al Gobierno español o para poner o quitar presidentes. Pero también es cierto que los políticos son los ciudadanos que menos se indigestan cuando se tragan sus propias palabras.
El colega García Cuartango escribía ayer en ABC un artículo sobre la forma de actuar de Pedro Sánchez, que, a su juicio, concordaba con la filosofía maquiavélica, recordando que el pensador florentino ya sostenía que un gobernante tiene, en ocasiones, que superar los límites morales para preservar el Estado y mantener el orden: “Cuando el resultado es bueno, siempre será juzgado de honorable”.
Coincido con su apreciación, pero no parece que Feijóo aspire a algo distinto. Es curioso que quien hace un año reclamaba la detención de Puigdemont ahora le pida que le eche una mano para derrocar a Sánchez. Ya reconoció el canciller Konrad Adenauer que en política no importa tener razón, sino que se la den a uno.
