Opinión

Tablero

Aunque estoy de acuerdo, cuando oigo decir que tienes que procurar regalar cosas que querrías que te regalaran a ti, siempre pienso en el capítulo de The Simpsons en el que Homer regala una bola de bolos a su esposa, Marge, que hasta el momento no ha mostrado nunca interés por este deporte, con la clara intención de disfrutar él del obsequio jugando con sus amigos. Esta Navidad he regalado un tablero de ajedrez, y cada vez que muevo un peón, me pregunto si mi presente entra dentro de la categoría de regalo equiparable a una bola de bolos de Homer Simpson.

   
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Hay un cuadro de Sofonisba Anguissola que se llama Partida de ajedrez que me gusta especialmente. Aparecen tres hermanas de la artista, Elena, Minerva y Europa, jugando al ajedrez bajo la mirada de la criada Cornelia Appiani. Sofonisba Anguissola fue una pintora nacida en Cremona en torno a 1532, hija de una familia noble empobrecida que le proveyó una educación amplia y abierta de miras. La enviaron a estudiar al taller de varios maestros pintores, y le permitieron viajar a Roma, donde conoció a Miguel Ángel, y a Milán, donde retrató al tercer duque de Alba, que, a su tiempo, la recomendó al rey Felipe II.

He regalado un tablero de ajedrez; puede que en realidad sea un presente para mí

Estoy pintando el retrato de esta pintora con pinceladas demasiado gruesas, pero así fue como Anguissola se convirtió en dama de la corte española, profesora de la reina Isabel de Valois y retratista real (aunque hasta no hace tanto la mayoría de los retratos que realizó en la corte eran atribuidos a otros señores pintores de cámara).

Pero sus aventuras no se acaban aquí. A los cuarenta años Sofonisba se casó con un noble siciliano y abandonó la corte madrileña, pero no la pintura. Enviudó, se enamoró del capitán Orazio Lomellino, se casó y siguió pintando –en uno de sus últimos autorretratos tenía setenta y ocho años–, hasta que empezó a perder la vista, pero siguió reflexionando sobre pintura y recibiendo a jóvenes pintores hasta prácticamente su muerte a los noventa y tres años.

Ligeramente escondidas, en algunos de sus autorretratos y en el cuadro Partida de ajedrez , hay pequeñas inscripciones. En el canto del tablero sobre el cual juegan sus hermanas, pone: “Sofonisba Anguissola, doncella, hija de Amicale, pintó a sus hermanas y a la criada del natural, 1555”.

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