Opinión
Miriam González Durántez

Miriam González Durántez

Abogada experta en derecho europeo

La profecía de Extremadura

Si Extremadura es, como dicen, una profecía de lo que va a pasar en España, vamos apañados. Tras el ensimismamiento de Mariano Rajoy y el cúmulo de despropósitos de Pedro Sánchez, ya andamos tarde para hacer reformas que permitan que el país se pueda costear el Estado de bienestar en este segundo cuarto del siglo XXI sin deteriorar los servicios públicos ni subir más la presión impositiva sobre la clase media. Pero lo que presagian las negociaciones del PP y Vox en Extremadura no son reformas, sino una absurda lucha contra molinos de viento.

Extremadura es una comunidad de gente tenaz y currante que hace lo que puede por abrirse paso. A veces lo logran: se han lanzado, por ejemplo, a las exportaciones de mercancías, que –aunque siguen por debajo del promedio nacional– han crecido recientemente 51 veces más que en el resto de España.

 
 Jero Morales / EFE

La comunidad es líder en producción de energía solar fotovoltaica. Y está bien posicionada en hidráulica y nuclear (si el Gobierno dejase de hacer el tonto y apostase por esta energía en combinación con las renovables, como está haciendo todo hijo de vecino). Pero eso es casi extractivo, porque falta la parte industrial y tecnológica de la energía, que requiere no solo inversión, sino innovación.

Tras 36 años de gobierno autonómico del PSOE y casi 7 del PP, los problemas se multiplican: la economía está centrada en sectores poco productivos (agricultura, ganadería y servicios públicos). El peso de la industria es escaso. Y el de la tecnología, minúsculo y totalmente dependiente de los incentivos europeos. El PIB per cápita es el quinto más bajo de España. Es la quinta comunidad autónoma menos poblada. Aunque María Guardiola habla de récord de empleo, lo cierto es que la tasa de paro es más del doble de la europea. Uno de cada tres habitantes está en riesgo de pobreza o exclusión social: que es más o menos como Rumanía o Bulgaria. La tasa de pobreza infantil es superior a la media española (que de por sí está entre las tres más altas de Europa). Los resultados de PISA están por debajo de la media de España en rendimiento global. Y la tasa de abandono escolar es todavía del 13%.

Las obsesiones ideológicas de Vox, con las que el PP traga, poco tienen que ver con los problemas reales

Con estos mimbres, lo normal sería que en las negociaciones para el acuerdo de investidura el PP y Vox estuvieran hablando de cómo mejorar la educación primaria, cómo conseguir que a través de la formación profesional y universitaria se amplíe el sector servicios no públicos, cómo hacer crecer la industria –especialmente la energética para que empiece a ser de valor industrial o tecnológico añadido–, cómo apuntalar el favorable crecimiento en exportaciones con mayor diversificación de productos y mercados, cómo atajar la pobreza concentrando más las ayudas en aquellos que realmente lo necesitan con buenas mediciones de resultados para tener un impacto real, cómo apoyar a los alumnos en riesgo de abandono escolar...

Es algo importante no solo para Extremadura, sino para todo el territorio nacional, porque, para ser sostenible, la cohesión territorial requiere que todas las comunidades traten de alcanzar su máximo potencial económico y social.

Falta por hacer, además, una enorme labor de limpieza: eliminar los aforamientos autonómicos, aprovechando que Miguel Ángel Gallardo ha vuelto a poner de moda las discusiones sobre aforamientos en toda España. Reducir personal eventual, ¡que solo en la Junta tienen 106 puestos de confianza! Auditar todos los nombramientos públicos para acreditar que se han hecho por mérito y capacidad, a diferencia del hermano de Pedro Sánchez en la Diputación de Badajoz. O eliminar puestos superfluos, que es increíble que hayamos visto que en una Diputación Provincial hay un jefe de Artes Escénicas sin que nadie plantee una revisión general de puestos innecesarios.

Bueno, pues ¿cuáles son los temas prioritarios sobre los que el PP y Vox están negociando?: eliminar subvenciones a sindicatos, eliminar ayudas a las asociaciones que promueven la cooperación internacional o la “ideología de género” y derogar la ley LGTBI.

Obsesiones ideológicas de Vox, con las que el PP traga, que poco tienen que ver con los problemas reales de la sociedad. Y que, como siempre, solo tendrán un resultado: que no cambie nada.

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