
Verdaguer con alegría
Animada por las buenas críticas, fui al teatro a ver Sum vermis. Juan Carlos Olivares titulaba aquí mismo: “Un pequeño gran espectáculo”. Eso ya prometía. Y lo cierto es que las entradas llevaban días agotadas para las funciones que quedaban.

Al sentarse en la butaca antes de empezar, mi acompañante saludó a una conocida. “Eh, ¿qué tal?”. Y ella respondió eufórica: “¡Qué afortunados somos de estar aquí! ¡He pillado la entrada al vuelo!”. Me dio la sensación de estar en el Palau Sant Jordi esperando que saliera Rosalía al escenario para iluminarnos, después de haber pasado un calvario ante la pantalla del ordenador para conseguir una entrada. Nada más lejos. Estábamos en la sala pequeña de La Fàbrica, sin escenografía, solo una estampita de mosén Cinto pegada a la pared del fondo. Un único actor, Albert Prat, con un micrófono y una guitarra eléctrica.
“¡Qué afortunados de estar aquí! ¡He pillado la entrada al vuelo!”, dijo una mujer del público
En el programa los responsables de la dramaturgia, Ferran Dordal y el propio actor Albert Prat, confesaban su misión: “Ahora hemos querido acercarnos a la figura de Verdaguer huyendo de apriorismos y lugares comunes, sin complejos ni prejuicios, y con una cierta alegría”. Y diría que es esa alegría la que hace especial esta pieza. ¿Se imaginan que un texto dedicado a repasar vida y obra de Verdaguer pueda provocar una sonrisa o incluso una risa? Pues sí, el público ríe y no es una carcajada frívola, es una risa de comunión con el actor. Vamos con él desde que nos cuenta en un tono desenfadado cómo ha surgido la obra, cómo ha llegado a representarse en esta sala, algunas curiosidades en torno a Verdaguer... Para pasar después a revisitar algunos de los momentos vitales más emblemáticos del poeta: los Jocs Florals y un Verdaguer ataviado de pagès mudat, cómo fue ir a vivir al Palau Moja a sueldo del marqués de Comillas, los viajes, el Canigó, el cargo de limosnero... Intercalando versos del poeta... El actor convertido en músico, cada vez más oscuro, más guitarrero, los exorcismos... Hasta Sum vermis : “Cuc de la terra vil, per una estona he vingut en la cendra a arrossegar-me”.
Efectivamente, “un pequeño gran espectáculo” que merecería que se reprogramara y más gente pudiera disfrutar de él. Tal vez incluso Rosalía, ahora en fase tan espiritual, se animaría a verlo.

